Racismo. Emergencia nacional por antisemitismo en el Reino Unido

Tras el ataque en Golders Green, el gobierno de Keir Starmer eleva el nivel de alerta terrorista a "severo" mientras la comunidad judía exige medidas drásticas ante lo que consideran la mayor amenaza a su seguridad desde la Segunda Guerra Mundial.

30 de abril de 2026 a las 06:40 p. m.
Emergencia nacional por antisemitismo en el Reino Unido
Manifestación contra el antisemitismo en Downing Street, las oficinas del primer ministro en Londres.

El Reino Unido atraviesa un momento de profunda fractura social y vulnerabilidad en materia de seguridad nacional. Lo que comenzó como una tendencia alarmante de incidentes de odio se ha transformado, en palabras de diversos sectores, en una "epidemia" de antisemitismo que ha puesto en jaque la tranquilidad de la comunidad judía británica.

El punto de inflexión ocurrió el pasado miércoles en el corazón de Golders Green, un barrio emblemático de la vida judía en el norte de Londres, cuando dos hombres de 34 y 76 años fueron apuñalados a plena luz del día.

Este acto, calificado formalmente por la policía como terrorismo, no solo ha dejado a las víctimas en estado grave –aunque estables–, sino que ha obligado al gobierno de Keir Starmer a declarar el estado de emergencia ante el odio antijudío y a elevar el nivel de amenaza terrorista en todo el territorio.

Un clima de miedo

El ataque en Golders Green no es un hecho aislado, sino la culminación de una serie de agresiones que han escalado en violencia y frecuencia. Según los informes, el sospechoso, identificado como Essa Suleiman, de 45 años, buscaba activamente a personas "visiblemente judías" para atacar.

Lo más inquietante para las autoridades es que Suleiman ya era conocido por los servicios de seguridad; en 2020 fue remitido al programa gubernamental de desradicalización, Prevent, pero su caso se cerró a las seis semanas tras considerarse que no representaba un peligro terrorista.

Un grupo de judíos ortodoxos observa la calle custodiada donde fueron apuñalados dos miembros de la comunidad, en Golders Green, Londres.
Un grupo de judíos ortodoxos observa la calle custodiada donde fueron apuñalados dos miembros de la comunidad, en Golders Green, Londres. (Agencia AP)

Esta falla en el sistema de vigilancia ha intensificado las críticas contra la efectividad de las políticas de seguridad actuales.

La ministra del Interior, Shabana Mahmood, ha sido tajante al describir el apuñalamiento de Shilome Rand y Moshe Shine como un "acto vil de terrorismo".

. Sin embargo, la comunidad judía recuerda que este incidente es solo el último de una lista negra que incluye un intento de incendio provocado en Hendon, un ataque al servicio de ambulancias judío, el lanzamiento de una bomba incendiaria en una sinagoga de Harrow y el asesinato de dos hombres en una sinagoga de Manchester el año pasado.

Las estadísticas respaldan esta percepción de asedio: los miembros de la comunidad judía tienen hoy muchas más probabilidades de ser víctimas de delitos de odio religioso que cualquier otro grupo en el país.

Stephen Silverman, de la Campaña contra el Antisemitismo (CAA), capturó el sentimiento de urgencia durante una masiva protesta frente a Downing Street al afirmar que los judíos británicos están "enfrentando la mayor amenaza a su seguridad desde la Segunda Guerra Mundial".

Para muchos residentes de barrios como Golders Green, la vida cotidiana se ha militarizado. Danny Silverstone, un residente de toda la vida, lamentó que los espacios comunitarios ahora estén "cerrados como sitios militares".

. En este contexto, el gobierno se ha visto forzado a tratar el antisemitismo no como un problema social latente, sino como la "emergencia nacional" más urgente en términos de seguridad interna.

El compromiso de Keir Starmer y la indignación de la comunidad

La respuesta política fue inmediata, pero no ha estado exenta de tensiones. El primer ministro, Keir Starmer, visitó Golders Green este jueves para reunirse con líderes comunitarios y trabajadores de emergencia.

El primer ministro británico Keir Starmer dialoga con referentes de la comunidad judía en Londres.
El primer ministro británico Keir Starmer dialoga con referentes de la comunidad judía en Londres. (Agencia AP)

Sin embargo, su presencia fue recibida con abucheos y consignas hostiles por parte de manifestantes que portaban carteles con la frase "Keir Starmer, Jew harmer" (Keir Starmer, perjudicial para los judíos).

La frustración de los ciudadanos radica en lo que perciben como una inacción prolongada del Estado mientras el odio crecía en las calles.

En una declaración televisada desde Downing Street, Starmer adoptó su tono más duro hasta la fecha, instando a la población a "abrir los ojos al dolor de los judíos".

El primer ministro fue enfático en la necesidad de no minimizar este fenómeno: "El antisemitismo es un odio muy, muy viejo. La historia muestra que las raíces son profundas y, si le das la espalda, vuelve a crecer. Sin embargo, demasiadas personas en este país lo minimizan; o no lo ven o no quieren verlo"

Como respuesta tangible, el Ejecutivo anunció una partida de 25 millones de libras (unos 34 millones de dólares) para reforzar la seguridad en sinagogas, escuelas y centros comunitarios

Además, se prometió una revisión de las leyes de orden público y delitos de odio que se entregará en pocas semanas, así como poderes más estrictos para cerrar organizaciones benéficas que promuevan el extremismo y la prohibición de entrada al país para predicadores del odio.

Starmer también apuntó directamente a las manifestaciones pro-palestinas que han inundado Londres, advirtiendo que ciertos eslóganes cruzan la línea hacia el apoyo al terrorismo. Según el mandatario, corear frases como "globalizar la intifada" es un llamado directo a la violencia y quienes las utilicen deberían ser procesados.

"Si marchas con personas que llevan fotos de parapentes sin denunciarlo, estás venerando el asesinato de judíos", sentenció Starmer, en clara referencia a los símbolos utilizados por Hamas en sus ataques.

La sombra de Irán y el dilema de las manifestaciones

La gravedad de la situación se formalizó este jueves por la noche cuando el Centro Conjunto de Análisis del Terrorismo (JTAC), vinculado al MI5, elevó el nivel de amenaza terrorista nacional de "sustancial" a "severo".

Este cambio significa que un ataque terrorista se considera ahora "altamente probable" en los próximos seis meses.

Si bien el apuñalamiento en Golders Green fue el detonante inmediato, el Ministerio del Interior aclaró que esta decisión responde a una tendencia de largo plazo impulsada por el aumento de amenazas tanto de extremistas islámicos como de la extrema derecha.

Un factor determinante en esta escalada es la influencia de actores estatales extranjeros, particularmente Irán. Las autoridades investigan los vínculos del sospechoso de Golders Green con grupos simpatizantes de Teherán, específicamente tras una reivindicación en internet bajo el nombre de "Harakat Ashab al-Yamin al-Islamia".

Ante esto, Starmer ha prometido acelerar la legislación para combatir la "amenaza maligna" de Estados que buscan dañar a los judíos británicos, mientras que sectores de la oposición y líderes comunitarios exigen que se proscriba formalmente a la Guardia Revolucionaria iraní.

Debates y dilemas

El debate sobre el orden público también se ha intensificado. Figuras como la líder conservadora Kemi Badenoch y el revisor independiente del terrorismo, Jonathan Hall, han sugerido la prohibición temporal de las marchas pro-Gaza, argumentando que sirven como "cobertura para la violencia" e "incubadoras de odio".

No obstante, el gobierno se resiste a una prohibición total por temor a socavar las libertades civiles, una postura respaldada por políticos como Zack Polanski del Partido Verde, quien advirtió contra el uso del antisemitismo como un "balón de fútbol político".

Mientras el país se prepara para nuevas movilizaciones y el nivel de alerta se mantiene al máximo, la sensación de inseguridad persiste. Las palabras de Shabana Mahmood resumen el desafío que enfrenta el Estado: la lucha contra el antisemitismo se ha convertido en el asunto de seguridad más urgente del Reino Unido.

La efectividad de las nuevas medidas financieras y legales determinará si el país puede contener esta ola de odio o si, como temen muchos en Golders Green, lo ocurrido el miércoles es solo el preludio de nuevos ataques.