El deshielo entre EE.UU. y Cuba está encallado por el caso Gross
Se cumplieron cinco años del encarcelamiento en La Habana del contratista estadounidense acusado de subversión.
Washington, La Habana. La Casa Blanca urgió ayer nuevamente al gobierno de Cuba a que libere al contratista estadounidense Alan Gross, preso en la isla desde 2009, y reiteró la preocupación por su estado de salud, cuando se cumplen cinco años de su detención y encarcelamiento.
“Hace cinco años Alan Gross fue arrestado por sus esfuerzos para ayudar a los ciudadanos cubanos a tener mayor acceso a la información a través de Internet”, recordó en un comunicado Josh Earnest, portavoz de la Casa Blanca.
Según Earnest, el gobierno del presidente Barack Obama sigue centrado en lograr la liberación del contratista, de 65 años, y continúa “profundamente preocupado” por su estado de salud.
La liberación de Gross “eliminaría un obstáculo hacia unas relaciones más constructivas entre Estados Unidos y Cuba”, concluyó el portavoz.
La Habana siempre insinuó que Gross podría ser liberado si Estados Unidos hace lo propio con tres agentes cubanos condenados en 2001 y encarcelados en Estados Unidos, algo que el gobierno norteamericano rechazó una y otra vez.
Gross fue arrestado y encarcelado en diciembre de 2009, cuando trabajaba en la isla como contratista de la Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional (Usaid).
Fue juzgado y condenado a 15 años de prisión, acusado por el gobierno cubano de “acciones contra la integridad territorial del Estado”.
Washington sostiene que Gross trataba de proporcionar acceso “sin censura” a Internet para “una pequeña comunidad religiosa” judía en la isla y espera que “no pase otra navidad sin estar con su familia”, indicó el Departamento de Estado.
En otro comunicado, consideró decepcionante que el gobierno cubano del presidente Raúl Castro no haya liberado a Gross, y enfatizó que el contratista empezará “su sexto año de encarcelamiento injustificado en condiciones difíciles”.
Según su familia, la salud de Gross se deterioró severamente en estos años, durante los que desarrolló artritis degenerativa en una pierna y una afección en el hombro. También se especula sobre el desgaste de sus facultades mentales.
Su esposa, Judy, emitió ayer un comunicado en el que afirma que su marido “pagó un precio terrible por servir a su país”.
“Alan está acabado. Es hora de que el presidente Obama lo traiga de regreso; de lo contrario, será demasiado tarde”, advirtió su esposa.
Judy Gross, que pidió reiteradamente a Obama que interceda y “no lo deje morir en Cuba”, interpuso en 2010 una demanda contra la Casa Blanca por no haberle alertado de los peligros que corría con su labor en la isla, pero esa querella fue desestimada este año.
La Habana insinuó en numerosas ocasiones su disposición a facilitar, ateniendo a razones humanitarias, la liberación de Gross, aunque sólo a cambio de la de los tres agentes del grupo de Los Cinco, espías cubanos condenados en 2001 y encarcelados en Estados Unidos. Pero Obama se niega.

