Estados Unidos. Las celebraciones, cruzadas por el clima mundialista

Estados Unidos vive un aniversario atípico, en el que el Mundial de fútbol les roba protagonismo a los festejos patrios, sumando desafíos de seguridad y logística.

04 de julio de 2026 a las 12:01 a. m.
Las celebraciones, cruzadas por el clima mundialista
Dos hermanos sostienen la bandera de Estados Unidos en la tribuna.

El aniversario por los 250 años encuentra a Estados Unidos atravesado por el Mundial de fútbol. En esta Copa norteamericana, el país de 50 estados es una de las tres sedes junto con México y Canadá, aunque son bastantes los que en este enorme territorio se olvidan de sus vecinos mejicanos y canadienses.

La primera sensación es que para la administración de Donald Trump nada podría haber sido más beneficioso que ser uno de los organizadores del Mundial, y que este haya tomado un calor y color que hace unos meses eran impensados.

El propio presidente estadounidense lo expresó en sus redes días atrás, cuando publicó: “Las cifras de la Fifa son mucho mayores que las de cualquier otro Mundial de la historia. Esto supone un gran homenaje a los Estados Unidos de América. ¡Gracias a todos!”.

Y es cierto, los números son contundentes, con estadios repletos, audiencias récords y las ciudades que son sedes alteradas en su ritmo habitual. Los estadios, todos espectaculares, lucen repletos, más allá de los precios abusivos de las entradas, que aumentarán aún más en las instancias decisivas. Lo de “un gran homenaje” es cuestionable por donde se lo mire.

Por su edición ampliada a 48 selecciones, por la invasión de extranjeros y por el contagio que generó en los locales, a partir de la buena participación del seleccionado que dirige Mauricio Pochettino y con el aporte de un argentino, Lionel Messi (un verdadero imán para movilizar hasta al menos futbolero), el Mundial se cruzó de lleno en la celebración de los 250 años de la independencia estadounidense.

Los afiches anunciando dónde y a qué hora son este sábado los actos de festejos, los carteles electrónicos de las autopistas felicitando al país en su 250.º aniversario aniversario o los edificios, plazas, paseos e intervenciones a lugares públicos con luces azules, rojas y blancas se pierden en esta marea mundialista. Ni hablar en Miami, que por estas horas parece más una provincia argentina que un estado estadounidense.

Otro dato para tener muy en cuenta es el de la seguridad, que supone un doble esfuerzo, ya que al despliegue por el Mundial se suma el megaoperativo por los festejos del aniversario. Para tomar conciencia, hay movilización de personal de ciudades sin sede mundialista a otras que sí lo son. Por ejemplo, Sonia es una policía de Chicago hija de inmigrantes que debió dejar su casa para radicarse un par de semanas en Kansas, donde era parte de un comando encargado de controlar la estación de trenes, uno de los tantos transportes utilizados durante estos tiempos de fútbol.

Hace casi una década que comenzaron las planificaciones de las celebraciones del 250.º aniversario, con participación de nación, estados, ciudades y pueblos. En 2016, el Congreso creó una comisión bipartidista de coordinación para pensar eventos en todo el país: la America250.

Sin embargo, cuando volvió a la presidencia, Trump, personalista él, creó la Freedom 250, que organizó, entre otros, la Gran Feria Estatal Estadounidense y los Freedom Trucks, una flota itinerante de museos de historia que recorre el país.

Así, además de la doble atención que supone el Mundial, existe esa otra tirantez entre las dos celebraciones paralelas. Como sea, estos 250 años encuentran a Estados Unidos con sus habituales banderas flameando por donde se mire, con sus desafíos profundizados por esta administración liderada por un presidente como Trump y por un clima mundialista que posterga, al menos por unas semanas, cualquier debate.