En vivo. Piñón Fijo, show consagratorio en el Lollapalooza Argentina ante muchos “piñoncitos que crecieron”

El payasito cantó en el espacio para las infancias del festival internacional, pero convocó a millennials fidelizados de por vida por sus canciones.

14 de marzo de 2026 a las 02:43 a. m.
Piñón Fijo, show consagratorio en el Lollapalooza Argentina ante muchos “piñoncitos que crecieron”
Piñón Fijo la rompió en el Lollapalooza Argentina.

El tiempo es veloz. Un día sos niño y tarareás el Chu Chu Ua y al otro estás en el Lollapalooza Argentina 2026 con 20 y pico y apurando el paso para ver al autor de esa canción, con quien volvés a tararearla, aunque sobre una base tecnopop.

El impulso, quizás, sea actualizar lo feliz que eras cuando esperabas el programa de Piñón Fijo, tal el artista en cuestión, acaso orientado por tu mamá o tu papá, quienes sabían que te exponían ante un ídolo infantil que propiciaba buenos mensajes, tendientes a formar mejores personas.

Por entonces, ni sabías qué era una jornada laboral ni que legisladores votarían una ampliación horaria de ésta en el marco de una ley reformista.

Lo concreto es que, en el anochecer del viernes y en el espacio Kidzapalooza del festival internacional (y que desde hace más de una década se realiza en el Hipódromo de San Isidro, provincia de Buenos Aires), el payasito cordobés tuvo un paso consagratorio, atestiguado por los “piñoncitos que ya crecieron”.

“Piñoncitos que ya crecieron”: millennials con remeras de Lana del Rey (¡¡¡con la estampa del disco Ultraviolence!!!), Tyler, The Creator y Guns N’ Roses o con looks extravagantes, ideales para pistear en el Perry’s Stage; madres de 20 y pico con sus “bendis”; y adultos curtidos que se entregan a un cancionero entrañable, que así como alude a la fauna autóctona insta a dejar el chupete y a tener memoria de corto plazo.

El ñañdú es el animalito con el que Piñón interactuó al comienzo, para luego recordar que los mapuches lo llaman Choique. Y lo de la memoria de corto plazo lo ejerció instando a que se canten clásicos infantiles como Manuelita La Tortuga y La Gallina Turuleca; al corroborar que las letras se entonaron completas, Piñón desafió a los piñoncitos que ya crecieron a ir construyendo verso a verso su canción El saxo cloacal.

Piñón, rey de reyes en el Lollapalooza Argentina

A todo lo expuesto, el payasito lo desarrolló con modos de gran entretenedor, de gran MC con un olfato letal y que sabe cómo elevar la picaresca ante un público que fue adulto pero que se formó de repente. De repente, sí, porque a las 18.50 en el Kidzapalooza había un quórum aceptable de niños, padres y mamis, pero a las 18.59, un minuto antes de la hora señalada, la audiencia era similar (no en número sino en matiz) a la de cualquiera de los grupos indies o a la de la emperatrices pop que se amontonan en el programa.

El pajarito Kenchu tuvo su cuota de escenario, al igual que el Cabrito. El primero, presumió con una mami; el segundo, por su parte, se mostró como un payador que supo hacer rimar Lollapalooza con varias palabras.

Fue un acierto de Lollapalooza Argentina haber programado a Piñón Fijo, a juzgar por la concurrencia, por lo compenetrada que se mostró y por cómo terminó el mismo artista después del show. “Estoy flotando, te juro”, le dijo a La Voz, con la satisfacción del deber cumplido y tomado por la emoción.

“Tengo el corazón saliendo del pecho porque si bien estoy acostumbrado a laburar así (con público adulto, digo), en este caso había minoría de niños y mayoría de jóvenes que venían con muchas ganas de disfrutar conmigo”, amplió.

“Se siente distinto cuando cantan todos juntos, te pega en la frente y en el pecho. Me encantó que estuvieran, nunca me lo imaginé”, cerró el artista, que permanecerá por estas tierras para hacer una gira de pubs. Público cautivo (y cautivado) tiene.