Entrevista. Piñón Fijo, sobre la invitación al Lollapalooza Argentina: Me sorprendió, pero agarré viaje de una

El payasito actuará en la jornada de apertura de la edición 2026 del festival internacional. Será número fuerte del Kidzapalooza, el escenario dedicado a las infancias.

12 de marzo de 2026 a las 12:26 p. m.
Piñón Fijo, sobre la invitación al Lollapalooza Argentina: Me sorprendió, pero agarré viaje de una
Piñón Fijo, con todo seteado para el "Lolla" y una gira por pubs en Buenos Aires.

Piñón Fijo, el payasito que el actor y músico Fabián Gómez encarna desde hace más de 30 años, es uno de los números fuertes de la edición 2026 del Lollapalooza Argentina, que se realizará entre este viernes y este domingo en el Hipódromo de San Isidro, provincia de Buenos Aires.

El personaje está programado en el día de apertura, a las 19 y en el Kidzapalooza, el escenario que el festival internacional ofrece a las infancias tras desarrollar una cuidada tarea de curaduría.

Piñón Fijo es uno de los tres cordobeses que pasarán por el Lollapalooza Argentina de este año. Los otros dos son la dee jay carlospacense Victoria Whynot (también animadora de la apertura, aunque a la siesta y en el Perry’s Stage) y el trapero capitalino Paulo Londra (actuará el sábado, al anochecer y en el Samsung Stage).

Podríamos sumar a este listado al dee jay y productor rionegrino Ezequiel Arias, por cuanto desarrolló su carrera con Córdoba capital como epicentro. Las coordenadas de su presentación: noche de clausura, en el Perry’s Stage como Whynot y al anochecer como Londra.

Pero de los relevados, Piñón Fijo es el que más trayectoria (y edad) tiene. Y el que en algún punto no se esperaba esta convocatoria. Al menos eso dijo al ser entrevistado por La Voz en Vivo, luego de tirar una humorada. “Creo que hay una gran degradación en el festival”, dijo, con la idea de generar risas estruendosas en el panel del programa de streaming, algo que ocurrió, claro. “Lo digo por mí, no por los otros compatriotas programados”, aclaró, aún con tono expresivo jocoso.

Luego sí, contó cómo le había llegado la invitación al “Lolla”: “Estaba en Nono una mañana, cuando me llamaron desde la organización del festival y me sorprendió muchísimo. Después empezó todo el tramiterío que significa formar parte de algo así”.

“Hace poco, había estado con Topa y Panam en un programa muy lindo con Julio Leiva, al que, supongo, los organizadores vieron. Pero nunca pregunté demasiado cómo se había tomado la decisión de convocarme. Yo dije que sí, de una, obviamente”, amplió.

–¿Tenías conocimiento de lo que era Lollapalooza, tanto desde su artística como desde su mística?

–Conocimiento del festival, sí; de su mística, no tanto. Mi hija había ido el año pasado y me había contado cómo era toda esa monstruosidad, lo grande que es el festival. Pero yo vengo de otra generación: de (el festival de) La Falda en los ‘80, de otras místicas. Igual, aunque esté viejo el payaso, soy flexible. Voy a ir a empaparme de todo eso, para aprender y absorber cosas nuevas.

–El festival también suele invitar a músicos de generaciones anteriores, más próximas a la tuya, como León Gieco o Pedro Aznar.

–Está bueno ese linkeo con las generaciones anteriores. Está bueno vivir el presente, pero también saber de dónde vienen las cosas. Muchos chicos de 13 o 14 años van al festival y, de repente, tienen la posibilidad de ver a León Gieco o a Pedro Aznar en un escenario. Eso puede despertar curiosidad y empezar a entender una historia. De ahí también surgen fenómenos como Milo J: a lo mejor, alguien le acercó una zamba y él la tradujo a su manera, acercando el folklore a chicos que antes ni sabían que existía.

–¿Vas a preparar un show especial para esta cita?

–Vamos con lo seguro, con lo probado. Un 4-4-2 y listo. Si la cosa se pone fulera, amontonamos y tiramos el motorhome (risas). En realidad, estoy muy orgulloso del show que estamos haciendo. Y me gusta llevar el mismo espectáculo a todos lados: desde un pueblito que quizá nadie conoce hasta un escenario gigante. Tengo ese corazoncito del interior que dice: “Voy a jugar en la cancha de River con el mismo equipo con el que jugué en el potrero”.

La infancia, lo más puro que hubo, hay y habrá

–Después de más de 30 años de carrera, ¿sentís que cambió la relación de los chicos con el espectáculo? ¿Cómo competís con las pantallas, por ejemplo?

–No compito con las pantallas. Sería desleal, porque yo mismo uso la tecnología como una aliada creativa. No podría condenarla. El problema no es la tecnología, sino la delegación: cuando los adultos delegamos la crianza (o la educación) en la tecnología o en otra cosa. La responsabilidad de dosificar eso es de los adultos. Me siguen preguntando si los niños son distintos que antes. Para mí, gracias a Dios, la infancia sigue siendo uno de los lugares más limpios del ser humano. Lo que sí cambió es que se acortaron sus tiempos. Antes decías “tengo 13 años y soy un niño” sin problema. Hoy eso se corta mucho antes.

–También empezaste a hacer funciones para adultos. ¿Cómo surgió esa idea?

–Hace un par de años empecé a hacer un show para adultos, para los “piñones” que crecieron. Ando por todo el país con eso y después de Lollapalooza me quedo un mes en Buenos Aires haciendo funciones en lugares chicos, para 80 o 100 personas. Es una experiencia muy fuerte que llevé a España, a Alemania (actué en Hamburgo)… Se viven cosas muy intensas en esos espectáculos. Muchos te cuentan historias de su infancia: algunos te dicen que esperaban el programa de Piñón para escapar un rato de situaciones muy difíciles en sus casas. No todas las infancias fueron Disney. Y cuando te cuentan esas cosas, entendés que el personaje estuvo ahí acompañando. En esos shows el vínculo es distinto. Podés saludar uno por uno, escuchar historias, abrazarte. Es otra escala de público, pero también otra profundidad en el encuentro.

–Te cambio de frente. ¿Sentís la presión de ser ejemplar por ser un ídolo del público infantojuvenil?

–La verdad es que no. Nunca fue mi objetivo ser ejemplo de nadie. Además, tengo una ventaja: puedo sacarme la máscara. Piñón es una máscara, un personaje; y cuando me la saco, soy Fabián, un tipo común que hace la fila, paga impuestos y vive como cualquiera. Todos tenemos un payaso y una máscara social para convivir. Yo simplemente tengo una que es más visible. Eso sí, a veces se me va la lengua. Algunas cosas me arrepiento de haberlas dicho y otras no, porque prefiero ser políticamente incorrecto antes que hipócrita.