Crónica. Robert Plant, pura magia en Plaza de la Música: el poder de demostrar que “la música es infinita”

En la noche del jueves, el cantante británico actuó por segunda vez en Córdoba, respaldado por una también magnética Suzi Dian y una banda tan poco convencional como extraordinaria.

15 de mayo de 2026 a las 02:05 a. m.
Robert Plant, pura magia en Plaza de la Música: el poder de demostrar que “la música es infinita”
Robert Plant y Suzi Dian, durante el show de Saving Grace en Plaza de la Música. (Gentileza Nico Papa)

En la noche del jueves muy cerca de las 22.30 y en Plaza de la Música, Robert Plant saludó al público con sus compañeros de ocasión, recibió una ovación, se sintió complacido e inmediatamente ordenó sumar una más. Ordenó, no. Sugirió, en todo caso. Es que no hay nada despótico en este hombre - leyenda que se deconstruye como Dios del Rock para mostrarse como un suntuoso solista folk que licúa su ego y su resonancia histórica en una formación de amigos.

Lo cierto que entregar una más es un gesto inusual del septuagenario cantante británico en su actual gira, que por lo general clava 15 canciones en casi dos horas de concierto.

Robert Plant y Saving Grace en Plaza de la Música. ¿El show del año? (Gentileza Nico Papa)
Robert Plant y Saving Grace en Plaza de la Música. ¿El show del año? (Gentileza Nico Papa) (Gentileza Nico Papa))

Y si el cierre en cuestión fue con Friends de Led Zeppelin, la conmoción es irrefrenable. Y si lo que la precedió fue una exhalación bella, dulce o alucinógena de música de raíz (estadounidense e inglesa), oportunamente documentada en el exquisito disco Saving Grace, además de una exposición de cinco reversiones imaginativas de su banda central, no arriesgaríamos nada al afirmar categóricamente que las 1.300 personas que se dieron cita en el venue de Alberdi atestiguaron al show del año.

De haber tomado el camino más corto, Robert Plant podría haber aceptado ofertas por reuniones mastodónticas y cantar con sus excompañeros vivos de Zeppelin (Jimmy Page y John Paul Jones) más el hijo del fallecido John Bonhman en estadios para 60 mil personas. Pero sigue siendo consecuente con su decisión del correrse del centro de atención, para estacionarse en una posición ideal para poner en valor la música que siempre lo emocionó.

Robert Plant y Saving Grace en Plaza de la Música. ¿El show del año? (Gentileza Nico Papa)
Robert Plant y Saving Grace en Plaza de la Música. ¿El show del año? (Gentileza Nico Papa) (Gentileza Nico Papa))

En esta oportunidad, así como en su momento lo hizo con las estadounidenses Alison Krauss y Patty Griffin, Plant eligió una mujer para interpretar al unísono y en contrapunto. Se trata de su compatriota Susi Dian, una cantante cautivante de registro tierno y profundo que encabeza una banda de músicos formidables, oriunda de la ciudad natal del líder.

Dian, además toca el acordeón con gusto y es el blondo vértice de un cuarteto excepcional formado por el baterista Oli Jefferson (su pareja, además), el guitarrista Tony Kelsey, el banjista Matt Worley y el violonchelista Barney Morse-Brown.

Exotismo y nervio rockero

Con este respaldo, Plant está a años luz de mostrarse como un solista folk solemne. Sus compañeros tensan las posibilidades de sus instrumentos (una mandolina puede llevar a geografías mentales caleidoscópicas; y el banjo empoderar el poder de hipnosis de un arpegio) y pueden sonar arábigos, celtas o rockeros con nervio. Rockeros con nervio incluso cuando Dian afecta con su acordeón a los himnos zeppelinescos Ramble On y Four Sticks.

El concierto tuvo en su arranque piezas folklóricas tradicionales inglesas que marcaron un zigzag: The Cuckoo sonó levemente festiva, mientras que As I Roved Out tan intensa y oscura como la versión de Everybody’s Song, canción perteneciente a Low, banda estadounidense capitaneada por un matrimonio mormón.

La parte más asequible en términos melódicos (o menos exóticos, si se prefiere) llegó con el dúo embelleciendo aún más la versión de estudio de It's a Beautiful Day Today, de los psicodélicos sesentistas Moby Grape, y con el pasaje en que Plant le cede toda la centralidad a Dian.

Eso sucedió al momento de Orphan Girl, de la estadounidense Gillan Welch. Por entonces, Dian desgranó con arrebatadora sensibilidad esos versos que dicen “He tenido amistades, puras y doradas/ Pero los lazos de parentesco, no los he conocido/ No conozco madre, ni padre/ Ni hermana, ni hermano/ Soy una niña huérfana”.

Tanto Plant como Dian no se preocupan por lo performático. El primero tiene una corporalidad austera, que sólo se altera cuando adquiere esa pose levemente inclinada que se volvió icónica en los años imperiales de Led Zeppelin. Y la segunda se presenta como un mujer de modos conservadores, recatada.

Rock and Roll y más

Todo muy lindo, sí, pero pagar la entrada para ver a Robert Plant lleva consigo la idea de escuchar Rock and Roll en vivo. Y al igual que en el Orfeo de 2012, el vocalista les dio el gusto a los espectadores con una versión que por más que tuvo violonchelo en la base rítmica sonó potente.

A propósito del Orfeo 2012: Plant siempre tuvo en claro que la del jueves fue su segunda vez en Córdoba, y al recordarlo, tiro el azafatesco “señoras y señores pasajeros” más otras muestras breves de un español correcto. Pero nada sonó tan nítido como lo que verbalizó una vez terminada Rock and Roll y antes de unos bises que también le dieron lugar a otro clásico de Led Zeppelin IV: Going to California.

¿Qué dijo Plant en ese momento? Que “la música es infinita”. Tiene toda la razón del mundo, además de una voz aún hermosa y relevante como para certificarlo.