Entrevista. “Pipi” Piazzolla, sobre los mil conciertos que Escalandrum ofreció en 27 años: Todo un logro
El músico analiza la longevidad de su banda de jazz, en la previa de una gira provincial en la que relevará dos discos fundamentales de su abuelo Astor.
El prestigioso ensamble Escalandrum se prepara para vivir un fin de semana de gran intensidad emocional y musical en la provincia. Con presentaciones confirmadas en Río Cuarto (este viernes), en Club Paraguay de la capital (Marcelo T. de Alvear 651, este sábado) y en Buddhi de La Cumbre (Av. Caraffa 365, este domingo), la agrupación liderada por el baterista Daniel “Pipi” Piazzolla llega para presentar su disco Piazzolla 74.
Registrado en vivo durante una función histórica en el Teatro Colón, rinde homenaje a los 50 años de dos obras fundamentales en la discografía de Astor Piazzolla, abuelo de “Pipi”: Libertango y Reunión Cumbre.
Escalandrum, que ha mantenido su formación original de sexteto desde finales de la década del ‘90, celebra además 27 años de trayectoria ininterrumpida y más de mil conciertos alrededor del mundo.
La propuesta actual de Escalandrum profundiza en un repertorio poco transitado, rescatando piezas vinculadas a la época del octeto electrónico de Astor, una etapa que marcó profundamente la infancia de Pipi y la carrera de su padre Daniel, fallecido el 25 de diciembre de 2025.
Al momento de hablar sobre esta propuesta con La Voz, “Pipi” se encontraba en su estudio tocando, revisando partes…
“Es algo que hago por gusto y para no perder sensibilidad, tanto rítmica como técnica... y para poder hablar mejor con el instrumento. A todo eso hay que darle, si no después se te empiezan a trabar las ideas. Siempre se puede mejorar, como cualquier cosa”, dice sobre el hábito de la ejecución permanente.
Cuando se le señala a “Pipi” que un músico de su calidad podría dormirse en los laureles, reacciona: “Mientras haya otro que toque mejor que vos, siempre se puede mejorar. Hay cosas que a vos no te salen hoy, obviamente, y hay cosas que a los mejores bateristas del mundo no le salen y a mí sí, y viceversa. O sea, yo le digo a mi ídolo que toque una chacarera y no sé qué onda qué va a hacer. Tal vez le cueste un poco, ¿viste?”
“Seguramente después lo va a sacar más rápido que lo que lo saqué yo, pero hay infinidad de estilos, infinidad de música, es algo que no se termina nunca más”, remata.
–¿Qué pesó tiene “Piazzolla 74 dentro de la discografía de Escalandrum?
–Mucho peso, porque me siento muy identificado con esta música, porque justo era la época en la que mi abuelo formó el octeto electrónico en el que tocaba mi papá. Entonces yo pude ir a todos esos conciertos, pude ir a todos los ensayos, los músicos venían a mi casa a comer. Es una música que sonaba cuando yo era chico y me quedó para siempre. Así que tocar ese repertorio está bueno. Y además otra cosa de peso es que esta música la grabamos hace un año y medio, más o menos, en el Teatro Colón y pronto estará como disco en vivo publicado por Sony Music, nuestro nuevo sello. Es un show que salió impecable. Creo que puede llegar a ser el disco más importante de la historia de Escalandrum.
–En 1983 y en el Teatro Colón, acompañaste a tu abuelo, quien siempre alucinó con tocar ahí. ¿Tenés recuerdos muy fuertes de aquella experiencia?
–Fue tremendo. Tuve la suerte de que mi abuelo me llevara a todos los conciertos que ofrecía en Buenos Aires, casi siempre íbamos los dos solos. A veces venía Laura, la que era su mujer, o algún representante. Ese día pasó algo muy particular, porque yo tenía el programa de mano después del concierto y él me lo agarró. No le pedí un autógrafo a mi abuelo, no le iba a pedir jamás si era mi abuelo. Pero me pide el programa de mano, me lo escribe y me lo da. Lo leo y dice: “Para mi querido nietito Danielito, no te olvides nunca la noche en la que tu nono triunfó. Sé bueno en la vida, estudiá mucho. Astor Piazzolla”. Así que es bastante significativo, ¿no? Creo que él necesito dejar plasmada esa dedicatoria y esos consejos en algún lado. Fue “la” noche para él: tocar en el Teatro Colón con la Orquesta Filarmónica. Fue la noche más especial de su vida y por suerte pude estar ahí; de hecho, en estos días se cumple el aniversario de eso.
–Claramente, actuar en el Colón no era algo más para un amante de la clásica como él.
–Claro que no, porque él se crió en Nueva York y, creo, de ahí viene la influencia del jazz en su música. Después, en su casa se escuchaba todo el día tango, al tiempo que tomaba clases de música clásica con un pianista que vivía en el séptimo piso, un gran pianista. Entonces, a los 5 o 6 años ya estaba rodeado del tango, la música clásica y el jazz. Siempre fue muy fanático de estos tres estilos. Pero bueno, su sueño fue siempre ser un compositor de música clásica. Estudió con Ginastera y después con Nadia Boulanger. Para él, haber llegado al Teatro Colón con una música popular expandida por la Filarmónica fue lo más alto que le pasó. Como muchos, él consideraba que es uno de los teatros más importantes del mundo.
Amigos por sobre todo
–¿Cómo fundamentas o explicás la longevidad de Escalandrum con lo difícil que es sostener un proyecto musical tanto tiempo?
–Bueno, se explica porque nosotros éramos amigos de antes. No es que yo armé un grupo eligiendo a la gente con el dedo por cómo tocaba y después te vas de gira y no te conocés en persona. Nosotros ya éramos amigos, cada uno tocaba en distintos lugares y nos juntábamos todas las noches en un bar a charlar, teníamos muchas afinidades musicales, nos íbamos de vacaciones juntos, íbamos a ver festivales de jazz juntos, hasta que dije: “¿Por qué no armamos un grupo y tocamos la música que a nosotros nos gusta?” Así nació Escalandrum y nunca tuvimos un problema. Ensayamos todos los martes a las 10 de la mañana hace 24 años más o menos. Siempre ensayamos músicas nuevas; creo que eso nos mantiene conectados, la novedad. Somos padrinos de nuestros hijos, nos llevamos realmente muy bien. Considero que es todo un logro llegar a los mil conciertos juntos en 27 años, pero fue más fácil de lo esperado.
–Justo tiraste el dato, al que sumo el de shows ofrecidos en más de 40 países. ¿Podes destacar algunas presentaciones que te vengan rápidamente a la memoria?
–El primer concierto en el Festival de Jazz de Montreal en Canadá fue muy especial, era nuestro sueño tocar ahí. Terminamos de tocar a las 9 y queríamos festejar pero estaba todo cerrado, terminamos en un Burger King, un bajón. Obviamente el show en el Teatro Colón, el último donde hicimos Piazzolla 74, fue especial porque fue con venta de entradas, un show nuestro donde la gente tenía que comprarla si le gustaba Escalandrum y se agotó. También cuando tocamos por primera vez en París en el festival La Villette, o cuando grabamos nuestro disco en Abbey Road en Londres. Hemos estado en lugares muy locos: Mozambique, Israel, Dubái, Sudáfrica. Tocamos en el Birdland de Nueva York también. Es hermoso, la verdad
–En esto hay una cuestión doble: por un lado el tango es bandera de Argentina afuera y por otro está la resonancia de tu apellido, que constituye un mundo aparte.
–Sí, lo que pasa es que el apellido Piazzolla no solo involucra al tango; también involucra al jazz, a la música clásica y festivales de world music. Mi abuelo está en todos lados y es muy fuerte. Lo que hizo él fue magia pura, la peleó solo y su música hizo que llegue a todo el mundo.
–Hace pocos meses falleció tu viejo, Daniel. Te quería pedir alguna consideración sobre sus aportes a la obra de tu abuelo y cómo marcó tu propia personalidad como músico.
–Mi papá en la música de mi abuelo aportó un sonido completamente nuevo que fue el sintetizador. Él tuvo el primer sintetizador de la Argentina. Aportó también cosas de percusión con mucho swing; nadie tocaba el triángulo en forma de tango como él. A mí siempre me dio su apoyo total, me aconsejó y, por sobre todas las cosas, me enseñó a ser un buen padre, un padre presente. Me decía que aunque tuviera giras, tratara de estar presente porque ser padre es único. Gracias a él pude siempre estar conectado con todo lo que tengo alrededor.
–¿Qué tan doloroso fue el último paso de Gallardo por River? Te lo pregunto porque sos riverplatense y porque con tu trío le dedicaron un tema a “Napoleón”.
–Fue una mala campaña, pero lo bueno es que él se fue solo, nadie lo echó. Son glorias del club. Eso me dejó tranquilo, que haya dado un paso al costado comprendiendo que tal vez no era el momento. El fútbol es muy cruel. Por suerte esta Copa del Mundo tenemos a un Messi sin presión; lo que vivimos en 2022 fue muy fuerte y creo que nunca hemos tenido a un Messi sin presión en la selección.
–¿Cicatrizaste ya la herida de esa final perdida con Belgrano o no era para tanto?
–Que disfruten los cordobeses, me pone muy contento por ellos. Nosotros salimos campeones como 60 veces, así que tranquilo.



