Entrevista. Patricia Sosa, de su viaje espiritual en la India al Teatro del Libertador para cantar la Misa Criolla

La cantante regresa a Córdoba tras un mes meditando en el país asiático. Cómo fue su relación con Ariel Ramírez, con quien giró literalmente por todo el mundo.

27 de marzo de 2026 a las 09:24 p. m.
Patricia Sosa, de su viaje espiritual en la India al Teatro del Libertador para cantar la Misa Criolla
Patricia Sosa vuelve a Córdoba para cantar La Misa Criolla y otros clásicos.

Hay voces con un ADN propio que se impone de inmediato, incluso más allá del registro técnico. Patricia Sosa es una de ellas.

Recién llegada de un mes de introspección profunda en la India, la cantante elige el reencuentro con Córdoba, una provincia que define como uno de sus refugios predilectos.

Su visita se producirá en un marco de alta carga simbólica: en plena Semana Santa, el próximo Sábado de Gloria, y en el corazón del Teatro del Libertador San Martín. La cantante vuelve a las raíces de la identidad nacional para ponerse al frente de una obra que, según sus propias palabras, "te regocija el alma" al interpretarla.

El concierto, que tendrá lugar el próximo sábado 4 de abril a las 20, será un homenaje integral a la figura de Ariel Ramírez, en colaboración con el Coro de Cámara de la Provincia bajo la dirección de Juan Manuel Brarda. La velada no sólo se centrará en la monumental Misa Criolla –obra que Patricia ya tuvo el honor de interpretar en el mismísimo Vaticano ante el Papa Francisco–, sino que también recorrerá piezas fundamentales del cancionero popular como Alfonsina y el mar, Juana Azurduy, Antiguo dueño de las flechas y Zamba de usted.

Será una puesta coral y solista donde la potencia rockera de Sosa se fundirá con la solemnidad del coro para celebrar tanto el 70° aniversario del teatro como la vigencia de una música que, aunque no pertenece a su repertorio habitual, la "abraza" cada vez que la canta.

–Acabás de llegar de la India. ¿Cómo fue esa experiencia en el "ashram" y qué fuiste a buscar allá?

–Estuve un mes en un ashram, que es un refugio y una escuela de los Brahma Kumaris. Yo medito desde hace muchos años y voy ahí a aprender, es como una escuela para mí. Fue un tiempo de mucha meditación y cursos muy lindos. Aunque los problemas de la vida diaria siguen estando, estas experiencias te dan otras herramientas para encararlos; aprendés a "surfear la ola" de otra manera.

–¿Esa paz que encontraste en la India compite con tu amor por La Cumbre?

–¡Para nada! Al volver reafirmé que vivimos en el mejor país del mundo. Por más que protestemos o tengamos problemas, Argentina tiene esa idiosincrasia de querer estar con el amigo, de no necesitar cita para tomar unos mates o poder caminar disfrutando del cielo. Afuera, sobre todo con el clima de guerra que se sentía cerca de quienes estaban conmigo en India, se vive una paranoia que acá no tenemos. Yo decía: "Qué ganas de estar en mi casa".

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–Te preparás para hacer la "Misa Criolla" en el Libertador. ¿Qué significa para vos esta obra de Ariel Ramírez, especialmente después de haberla cantado en el Vaticano?

–La Misa Criolla es una obra coral donde manda el coro, y para el pueblo argentino es algo emblemático y tremendo. Haberla cantado con el papa Francisco y con el coro de la Capilla Sixtina fue como escuchar ángeles. Es una misa autóctona, muy hermosa. Cantarla en un Sábado de Gloria es muy importante para los cristianos; cuando gritás "Gloria a Dios en las alturas" en ese contexto, el alma se regocija. Va a ser una fiesta del alma. Cada una de estas canciones que voy a interpretar me abraza y me trae recuerdos de mis giras con Ariel por Japón o por Estados Unidos.

–En el repertorio incluís temas como "Zamba de usted". ¿Es cierto que hay una historia especial detrás de esa canción que te contó Félix Luna?

–Sí, es una historia divina. Félix me contó que él era cartero y estaba enamorado de una chica de 16 años. El padre de ella no lo dejaba acercarse, incluso en misa se interponía entre ellos. Entonces, Félix le pidió a un cartero amigo que hacía ese recorrido que le llevara una poesía. Así nació Zamba de usted, y lo mejor es que al final se terminó casando con ella.

–Ariel Ramírez te eligió a vos, que venías del rock, para ser su cantante. ¿Cómo fue ese quiebre en un ambiente que suele ser más tradicionalista?

–Fue raro que un artista como él me contratara a mí. Recuerdo que le tiraron con todo porque había muchas cantantes de folklore maravillosas. Un día le pregunté por qué me había elegido y me dijo: "Porque vos tenés ese ‘ahrr' (hace un sonido vocal fuerte), y eso es rock". Yo no sé cantar de otra manera, no imposto modismos del folklore. Trato de cantar para adentro, para mí, porque es la única forma de que salgan los sentimientos genuinos.

–Hablando de estilos, hoy la industria musical cambió radicalmente con la música urbana. ¿Cómo ves vos, como una cantante de técnica depurada, este fenómeno de artistas que son más "performers" que vocalistas?

–Soy de otra generación y me cuesta escuchar a alguien a quien no le entiendo nada, pero pongo voluntad y no juzgo. Si tanta gente los sigue, es porque algo mueven. Hoy la música también es para mirar; los artistas se convirtieron en performers y ofrecen un espectáculo completo que nuestra generación no tenía. Muchos cantan sobre pistas o ni siquiera cantan, como vi el otro día en un recital donde la cantante bajaba el micrófono y la voz seguía sonando. Para estas generaciones es lícito, no se viola ningún código. Si yo hiciera eso en mi época, ¡me tiraban con un tomate!

–Hay un dato de tu pasado que pocos recuerdan: estudiaste Arquitectura y tenés una matrícula técnica muy particular.

–¡Es verdad! En esa época, cuando terminabas tercer año de Arquitectura, lo que yo estudiaba, te matriculabas como gasista y plomera. Nunca ejercí, pero uno nunca sabe. Por como cobran los plomeros ahora, ¡capaz debería evaluarlo! Pero no, no soy buena en eso honestamente.

–Esa etapa de estudiante coincidió con el inicio de la dictadura en 1976. ¿Cómo recordás aquel día del golpe?

–Fue una porquería, muy cruel. Estábamos en la facultad y de golpe vinieron los militares a decirnos que se habían terminado las clases y que nos retiráramos. No había colectivos ni taxis, todo el mundo escapaba. Caminando con una amiga, nos levantó un señor en un auto y resultó ser Chico Novarro. Nos pidió que nos quedáramos atrás porque pasaba a buscar a un amigo, que resultó ser el cantante Marty Cosens.

–¿Cómo fueron los años siguientes para una artista joven en ese contexto?

–Fueron años muy duros y feos. Salías a tocar y venía la "razzia", terminábamos todos presos a cada rato por portación de cara o por pelo largo. Vivíamos con miedo, sabiendo que compañeros cercanos habían desaparecido sin entender mucho qué pasaba.

Para ir

Patricia Sosa y el Coro de la Cámara de la Provincia presenta la Misa Criolla y otros clásicos del folklore el sábado 4 de abril en el Teatro del Libertador. Anticipadas en Autoentrada.com: platea $ 55 mil; cazuela $ 45 mil; tertulia $ 36 mil; paraíso $ 25 mil, y palcos x4 $ 220 mil.