En vivo. Palabras más, palabras más, palabras más: Calamaro brillante y locuaz en Plaza de la Música
En un nuevo show anual en la ciudad, interpretó un repertorio exquisito que balanceó todas sus fervientes épocas creativas. Además, mantuvo su tono desafiante con la progresía y no paró de contar anécdotas. Rock, baby.
Andrés Calamaro parece haber hecho propia la máxima de Dylan: la de habitar una gira que nunca termina tocando con vitalidad y haciendo fascinantes recortes de la propia obra, en la que cada vez se vuelven más difusos los inicios y los finales.
Sin embargo, a diferencia del bardo de Minnesota, “El Salmón” aterrizó este viernes en una colmada Plaza de la Música cantando en el tono preciso, con cierto apego a los originales. Y gracias a su formidable banda de acompañamiento, lo hizo anexando clásicos anglo del rock en las codas de los propios. De los propios clásicos, claro.
La muestra más conmocionante de este recurso llegó al final después de Los Chicos, cuando solista y músicos expusieron la tensión del I Want You (She’s So Heavy) de Los Beatles.
No atado a una efeméride como hace un par de años, cuando celebró el 25° aniversario de Honestidad brutal, el viernes Calamaro profundizó más en Los Abuelos de La Nada y en Los Rodríguez, las bandas que lo encumbraron, con el valor agregado de que sus compañeros les imprimieron un pulso más filoso (feeloso) y funky a esos himnos de corazones.
El añadido de trompetista más saxofonista empoderó la propuesta general, la volvió resonante, arrolladora y pared de sonido spectoreana.
Puesta de tensión
El espectáculo de Andrés “Como cantor”, tal el nombre de la gira actual, no fue solo un repaso por el cancionero popular, sino también un manifiesto de tensión ideológica en tiempos enrarecidos como el actual.
En su show, que inició con breve retraso y con el pulso sentimental de Todavía una canción de amor (esa joya “sabinesca” de Los Rodríguez), Andrés repitió el tic de aguijonear a la progresía.
Primero, no le esquivó a la controversia que se había generado hace unos días por el uso de las imágenes de carreras de galgos en pantallas durante su show.
Fue entonces que reivindicó la autonomía del arte al argumentar que proyectar una imagen no es avalar lo que ella expone, del mismo modo en que ver una película bélica no nos convierte en beligerantes.
Curiosamente, esa explicación se oyó como una presentación involuntaria de Mil horas, el infeccioso hit de Los Abuelos que con cada bombardeo aliado actualiza su frase central: “Yo me pregunto/ ¿para qué sirven las guerras?”.
Segundo, por ahora Francia y la carga de Andrés Calamaro contra los animalistas dogmáticos que, según él, intentan neutralizar nuestras tradiciones. “Ahora fueron por los galgos, pero luego irán por el café con leche, el tostado y la pizza”, ironizó,
La carrera de los alargados canes, finalmente, se proyectó durante el furibundo rock Palabras más, palabras menos, también de unos Rodríguez que nunca tocaron en Córdoba, por más que Andrés sugirió que sí lo hicieron.
La mística cordobesa sobrevoló la noche a través de la verborragia del artista convocante. Calamaro se puso (más) locuaz para rescatar anécdotas de la época dorada del festival de La Falda, poniendo énfasis en la hostilidad que enfrentaban Los Abuelos de la Nada y recreando aquellos viajes iniciáticos en colectivos que paraban en Rosario para subir a la troupe de Fito Páez.
Incluso hubo espacio para el humor surrealista cuando narró, durante seis minutos o más, una anécdota sobre cómo aplaudieron a Ravi Shankar en Monterrey Pop mientras afinaba su sitar. La idea, claro, era comparar al músico indio consigo mismo, que recibía amor desbordante mientras él ponía en condiciones a su Telecaster. Ese cuento terminó con Shankar, pero había empezado con el Concierto para Bangladesh de George Harrison.
Así las cosas, Andrés Calamaro superó el récord de palabras dichas entre tema y tema que José Larralde había marcado en el Teatro Comedia entre el siglo pasado y el actual.
En aquella oportunidad, desde el escenario del teatro municipal, el cantor bonaerense se explayó sobre las inequidades de la Argentina agropecuaria, el cinismo de la clase política y otras cuestiones que nos atravesaban.
Como la imagen que se proyectó al momento de Loco, musicalmente, el show fue un caleidoscopio: fue de la profundidad tanguera de Garúa hasta el movimiento cumbiero de Las Tres Marías, previo paso por las altas cumbres pop & rock de La lengua popular: Mi gin tonic y Carnaval de Brasil. En materia de gemas algo inesperadas, en tanto, cotizaron la bellísima Señal que te he perdido y la estampida de Una forma de vida, otra más de Los Rodríguez y otra más en la que los violeros Brian Figueroa y Julián Kanevsky se echaron chispas.
Pero el momento de mayor densidad simbólica ocurrió durante Los Chicos. Es que en lugar de la habitual galería de colegas fallecidos, las pantallas proyectaron imágenes de los héroes de Malvinas y de las Abuelas de Plaza de Mayo con sus reclamos por los nietos apropiados.
Si alguien entró en el lugar común de etiquetar a Calamaro como facho, antiwoke o conservador por lo de los galgos, por ese cierre debió conceder que este directo rompe con la idea de que entre público y artista debe haber un alineamiento ideológico previsible.
Si el rock se convierte en que sus exponentes digan solo lo que el público quiere escuchar, pierde su capacidad de libre interpelación.
Replegado en redes, Andrés Calamaro garantiza en escena que el espectador se retire con ideas marginales a lo correcto resonando en su cabeza. Y en este presente tan literal, esa incomodidad es, quizás, el mayor valor que un artista puede ofrecer.
Lista de temas de Andres Calamaro en Plaza de la Música, viernes 8 de mayo de 2026
Todavía una canción de amor
Mi gin tonic
Cuando te vas
Pasemos a otro tema
Loco
Crímenes perfectos
Señal que te he perdido
Costumbres argentinas
Carnaval de Brasil
Bohemio
Garúa
Tres Marías
Mil horas
A los ojos
Mi enfermedad
Una forma de vivir
El salmón
Palabras más, palabras menos
Alta suciedad
Sin documentos
Paloma
Flaca
Estadio Azteca
Los Chicos



