Opinión. Michael, la película: ¿hay vida después de la cancelación?

Michael Jackson siempre fue monstruoso, un freak en el amplio sentido del término. Diferente a todos, de una humanidad incomprensible e inalcanzable, con una sexualidad perturbadora.

26 de junio de 2026 a las 02:43 p. m.
Michael, la película: ¿hay vida después de la cancelación?
Michael, una biopic oficialista.

Nadie muere para siempre, mucho menos si es el Rey del Pop. Este año está marcado por el regreso de la figura de Michael Jackson a la conversación pública, gracias al estreno de Michael (2026), un filme que rebosa en omisiones y se presenta como biopic. A pesar de eso, nos hace revisitar una figura popular e incómoda.

Dirigida por Antoine Fuqua, esta producción tiene la complejísima tarea de decir algo acerca de un hombre del que se ha dicho prácticamente todo. Es este aspecto insoslayable lo que vuelve superficial al retrato y mala a la película.

El período que abarca de la vida de Michael Jackson deja sabor a poco. Abre en los comienzos de The Jackson 5 y cierra con las giras mundiales de finales de los ‘80, justo cuando la figura excepcional empieza a convertirse en un freak y se vuelve literariamente interesante.

Michael es predecible y edulcorada, como si no quisiera perturbar demasiado a los espectadores con lo ya conocido, como el maltrato de Joe Jackson a sus hijos. El pequeño Michael, frágil y talentosísimo, deviene un joven ridículamente cándido, un mensajero de la concordia que baila con rudos pandilleros.

El primer rasgo auténticamente redimible de Michael es la performance de Jaafar Jackson (sobrino del Rey del Pop), una encarnación obsesivamente exacta de gestos y coreografías. El segundo es la música, que no es mérito de la producción.

Gracias a este trabajo avalado por sus herederos, Michael Jackson se convierte en un personaje que regresa de entre los muertos de la cancelación.

Contra la pared

Ningún artista obligó a su público a tomar posición ante el eterno debate por la separación de la obra del artista tanto como Michael Jackson.

También fue la ocasión para que, tal vez de manera muy rudimentaria, hubiese un cuestionamiento subjetivo de los límites entre la estética y la moral: ¿puede haber goce estético con independencia de valores morales?

La cancelación de Michael Jackson tuvo un primer episodio en 1993 con la primera denuncia por abuso infantil. Los documentales Living with Michael Jackson (2003) y especialmente Leaving Neverland (2019) llevaron a varias emisoras de radio y televisión del mundo a retirar o a mermar sus apariciones en la programación.

Una de las ideas que subyacen a la cultura de la cancelación es que la circulación y la difusión de la obra de un personaje criminal encierra su legitimación. Condenarlo al ostracismo, por lo tanto, implicaría su deslegitimación y descrédito.

Esto tal vez funcione para los cancelados que gozaron de una carrera impecable y de una imagen pública intachable, pero difícilmente suceda con Michael Jackson.

La razón es bastante obvia: siempre fue monstruoso, un freak en el amplio sentido del término. Diferente a todos, de una humanidad incomprensible e inalcanzable, con una sexualidad perturbadora y un historial clínico digno de un vástago del Dr. Frankenstein. La más absoluta singularidad.

Escuchar su música en una radio jamás estuvo cerca de maquillar su ominosidad.

Blanco y negro

El biopic es un género que explora la humanidad de una figura para que su talento resulte aún más conmovedor. Pero cuando su humanidad asusta, se prefiere el resguardo en la superficie narrativamente desabrida.

Michael está concebida y diseñada como si el biografiado no hubiese vivido una cancelación de la que nunca salió. Cae en la trampa de no abordar y ni siquiera insinuar los escándalos venideros, creyendo que así se cambiará el foco. No advierte que el silencio no produce olvido sino que contamina la claridad.

En 2028 saldrá la segunda parte de Michael, que extenderá el relato hasta 2009. Por el momento, solo podemos tener expectativas y la certeza de que se necesita más que una película costosa con música deslumbrante para que a la salida del cine el público piense en algo más que “¿lo habrá hecho?”.