Entrevista. Marina Fages, observadora de un mundo impredecible: Vivimos en estado de desconexión

La artista llega a Córdoba para presentar Atalaya Avalancha, un disco estimulante sobre emociones diversas. Aquí habla de esa obra y de los alcances de ciertas etiquetas, entre otras cuestiones.

18 de junio de 2026 a las 04:52 p. m.
Marina Fages, observadora de un mundo impredecible: Vivimos en estado de desconexión
Marina Fages, en un reciente e incendiario show en vivo. (Prensa Marina Fages)

Hay algo en la música de Marina Fages que se siente como un fenómeno meteorológico inevitable. No es solo la distorsión o la velocidad del tempo sino también la forma en que las emociones, cuando se desbordan, encuentran su cauce en una narrativa de desastres naturales.

Con su nuevo disco Atalaya Avalancha, la artista porteña parece haber encontrado un refugio (una atalaya, precisamente) desde donde observar cómo el mundo general y el propio particular se sacuden entre tsunamis y meteoritos.

Compuesta por 10 canciones de un punk alternativo afilado, esta obra marca un quiebre en su discografía. Aquí, la experimentación se decanta hacia un minimalismo potente, con un pulso rutero que no baja de los 120 bpm, fusionando la urgencia del hardcore con arreglos de math rock. Es un disco urgente, OK, pero también de una madurez ganada en las rutas de Argentina, Estados Unidos y Europa.

La cita de Marina Fages con Córdoba será este sábado 20 de junio en Pez Volcán (Av. Marcelo T. de Alvear 835). No será una fecha más. Marina llega con una banda aceitada (Martina Boixader en batería, Macarena Zalazar y Silvina Cuello en bajos) para demostrar por qué es una de las figuras más inquietas y transversales de la escena actual.

Atalaya Avalancha es muy emocional, trata sobre emociones fuertes en general”, dice la frontwoman en el arranque de su charla con La Voz.

Luego precisa qué tan autorreferencial es el repertorio: “A algunas emociones las viví y a otras no. Eso pasó porque, entre otras cosas, no fui la única que escribió letras. A Equipo putas, por ejemplo, la escribió la bajista, Macarena, mientras que Camino a la luna, Martina, la baterista. En esta última metí unos bocadillos..."

–“Equipo putas” suena disruptivo, por lo menos. ¿De qué va?

–Hay un sticker de WhatsApp en el que están todas las Sailor Moon, ¿te acordás de Sailor Moon? Eh, bueno, cuando van al Ártico, hacen una seña con sus manitos que convertimos en un sticker que dice Equipo putas. Es un meme. Un meme que, creo, viene de ese de la expresión “las putas no tienen frío”, ¿viste? Es un chiste entre chicas que surge del chat de la banda. Tenemos otros chats por fechas o por cuestiones artísticas, pero el que tenemos como amigas es este Equipo putas en el que usamos el sticker de Sailer Moon.

–¿Disfrutan o padecen salir de gira?

–Las dos cosas. Hay una parte de padecimiento también. ¡Uf! Un montón, olvidate. Sobre todo si se hace largo. O sea, si es cortito, yo creo que hasta dos semanas está buenísimo, superdisfrutable. Ahora, más de dos semanas empezás a preguntarte cuándo termina.

–A propósito, en el tema que abre el disco te referís al hecho de estar sola sosteniéndolo todo. Más allá de que tenga que ver con una relación, la imagen también sirve para ilustrar cómo se sostiene un proyecto artístico desde la autogestión.

–Y sí, igual es como en cualquier proyecto artístico. En este momento que estamos atravesando, la voluntad y las ganas hacen que muchas cosas sucedan. Y hay otras cosas que no se alcanzan sólo con eso.

Público heterogéneo

–En la comunicación de la fecha hay fotos de un Niceto estallado, muy caliente. ¿Qué tipo de público repletó esa sala? ¿Uno feminista, otro más diverso?

–Es muy, muy heterogéneo. En género y también en edades. Es algo que está buenísimo y es muy loco porque viene gente de 20 y pico para arriba y otra de más de 40. En mis shows hay pibas de esa edad vienen con sus hijas, ¿viste?, con las nenas. También se llega gente más grande.

–Hace un par de años abriste un show de Metallica. ¿Cómo resultó esa experiencia?

–Estuvo buenísimo. O sea, fue una locura porque el escenario, la infraestructura y todo lo que pasaba alrededor hicieron que fuera una situación que no habíamos vivido nunca en la vida. Nos avisaron con muy poco tiempo de antelación, por lo que nos preparamos como pudimos. Fue increíble y terminó siendo una experiencia muy linda porque estaba atardeciendo. La verdad es que no esperábamos que iba a haber tanta gente a esa hora. Pensamos que íbamos a tocar a la hora de la apertura de puertas, cuando aún nadie llegara al campo, ¿viste? Pero para cuando tocamos había 30.000 personas.

–¿Te intimidaron?

–No, porque la gente estaba relejos. Y también hubo bastante bullying en las redes. Entonces, la verdad, personalmente, yo esperaba una situación recontrahostil de que, no sé, nos iban a silbar, a putear. Y no pasó nada. Perdón que lo diga, pero en redes sólo me bardearon 40 chabones y una piba. Se hicieron los piolas por internet.

–41 en relación 30 mil no tiene peso estadístico...

–Tal cual. Y ese día, en Instagram sumé 2.000 seguidores de golpe.

–¿Te consideras parte de alguna movida o vas a tu propio aire sin reparar en quiénes son tus artistas afines, tus congéneres?

–Pasa lo mismo que con la respuesta del público. Es bastante heterogéneo todo. Siento que soy afín a distintas movidas, no a una en particular. O sea, si hablamos de algún movimiento de escena, qué sé yo, como si fuera el emo, el hardcore o qué sé yo, no sé, creo que puedo participar de varias escenas y ya. Eso o el indie, qué sé yo, ¿qué indie? El otro día me invitaron a un programa para hablar del indie y fui, pero dudé en qué podía aportar.

–Entiendo tu punto pero también el impulso del productor o del conductor que te haya invitado.

–Lo entiendo también, claro. Lo que pasa es que no me habían dicho que era para eso y yo hubiera dicho de movida: “Che, la verdad que para mí esa categoría no sé si existe”… O sea, sí, soy música independiente, pero indie rock o qué sé yo, era como bueno, no sé. Y ahí estaba como en un panel. No sé si quedé bien…

–Es un tiempo muy hostil para el feminismo, para ser mujer… Siempre lo fue en realidad, pero ahora…

–(Interrumpe) Es un tiempo hostil para ser persona también, porque la lucha feminista no es solamente para las mujeres, es también para los hombres, para los otros géneros... O sea, ahora la situación económica está muy difícil y afecta a todos, seas feministas o no, hayas votado a Milei o no. Por otro lado, hay una desconexión a partir de los dispositivos, cero encuentro. Post-cuarentena nos separamos todos cuando en realidad debíamos juntarnos. Rarísimo. Y en los movimientos sociales está pasando lo mismo. Se vive como un “divide y reinarás”.

–Como artista, ¿sentís la responsabilidad social de subvertir esa situación?

–Más que responsabilidad social, tenemos una oportunidad. Y hay gente que le interesa y hay gente que no, pero es una posición muy interesante y es una oportunidad para hacer cosas o decir lo que pensabas. Me parece que a veces las cosas se muestran haciéndolas, ¿no? O sea, todo lo que hacemos dice algo.

Para ir

Este sábado 20 de junio en Pez Volcán (Av. Marcelo T. de Alvear 835). Entradas en AlPogo.com desde 12 mil pesos.