Discos. Alfonso Barbieri y lo que subyace en Nubosidad bailable: El algoritmo es el nuevo nazismo invisible

El músico habla de su nueva entrega de estudio, en la que reacciona contra un tiempo en que todo es fórmula y manipulación.

09 de junio de 2026 a las 09:07 p. m.
Alfonso Barbieri y lo que subyace en Nubosidad bailable: El algoritmo es el nuevo nazismo invisible
Alfonso Barbarie, hollywoodense. (Gentileza Sofía Bergallo)

Músico y artista plástico, Alfonso Barbieri presenta su álbum número 13 como solista: Nubosidad bailable. En un presente que se percibe tempestuoso y amenazante, esta obra surge como un ritual sonoro diseñado para combatir la angustia a través de la luz y el movimiento.

El disco es una explosión en “cinemascope” donde conviven el glam, el cine de terror, el folklore norteño y el cuarteto.

Con la colaboración de Gustavo Santaolalla, León Gieco y la voz de Renata Schussheim —encargada de dar un pronóstico meteorológico de “sudor y fuego”—, el álbum funciona como un collage pictórico y cinematográfico. Desde piezas que homenajean a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo hasta un cuartetazo con letra de Mariana Enriquez, Barbieri navega entre sus obsesiones: la comedia, el horror y la tensión entre lo artificial y lo orgánico.

En otras palabras, el ex-Los Cocineros nos invita a aceptar la nubosidad que nos rodea y elevarla mediante la danza, bajo la premisa de que “después de tanta oscuridad, veremos mejor”.

Hay otra forma de plantear el propósito expresivo de Barbieri en Nubosidad bailable, que tiene modos similares al García en plan Say No More: el disco va sobre la necesidad de bailar el presente y la urgencia de quemarlo todo para reconstruir lo que se tiró abajo con malicia, con el claro propósito de dañar. “La influencia de García está en mi obra, como muchas otras. Eso está claro y que se note me parece una declaración de principios”, dice Barbieri en el inicio de su diálogo con La Voz.

“Darle continuidad a una idea estética con esas características de capas rústicas y collages milimétricamente pensados me resulta cómodo y se relaciona con mi parte pictórica. Las ideas se van transformando en manos de otros sin importar si son grandes, medianos o pequeños jugadores en la industria de la música o de las artes en general, que justamente en este caso, nada tiene que hacer ya que esa parte, la del negocio, no entiende de creación y menos en estos tiempos horribles de cero riesgo, infladura de cancheros y compra de premios”, añade.

Y luego revela: “León Gieco bromeaba con eso de que hay cosas de García dando vueltas en lo que hago yo. Que justamente lo diga él, que compuso Los Salieris de Charly me saca una sonrisa de cariño y humor. A Bowie le decían que tenía cosas de Scott Walker, a Beethoven de Mozart, a Rodrigo de La Mona, al mismo Charly de Lennon, Elton o Prince. Todo está relacionado en cadena en el misterio de la creación”.

–“Quiero mucho a muy poca gente”, se te oye en un momento. ¿Creés que estos tiempos crispados llevan a acotar nuestras redes de contención, de amistad, de refugio? Nos volvemos intolerantes a la idea de compartir tiempo con gente que no está en la misma sintonía (artística, política, lo que sea).

–Sí, se están reduciendo los lugares de contención en muchos aspectos de la vida moderna. Es muy triste. La prioridad son las maquinas. Diseñaron una forma de control demasiado perfecta. El algoritmo es el nuevo nazismo invisible. La clave está en todos a quienes nos importa romper ese mecanismo. La difícil tarea de no ser parte de un mundo de casilleros para identificar características y así ponerle precio de mercado. Hay que mezclarse y marear hasta hacer vomitar el bicho qué nos manipula como idiotas, ese coso que todos llevamos en la mano. Absolutamente nadie está a salvo.

–¿Cómo llegaste al concepto “Nubosidad bailable”?

–Pensé en ese anuncio del servicio meteorológico apocalíptico que vendrá en breve, que es el que relata la gran Renata Schussheim a modo de introducción al concepto del disco. Pensé en lo siguiente: los aztecas miraban las nubes, también los vikingos, los dinosaurios, los primeros aviadores en las guerras, nuestras abuelas, los egipcios, las sufragistas… Todos vieron las nubes igual que nosotros en la actualidad. Imaginaron cosas, vieron formas en las nubes, atardeceres naranjas reflejados, tormentas. Sin embargo, desde que existe la formación de nubes en el planeta tierra ninguna tuvo la misma forma, millones de años de formas distintas y los seres vivos las recuerdan iguales. También esto de que a un lugar que no sabemos dónde está y que guarda información se le llame nube. Esas ideas me parecieron fascinantes para generar un ambiente para la película mental que después es música y canciones. Los días nublados me gustan más. En el clip de Nube que hicimos en Hollywood con mi tío Pablo Barbieri se ve está idea. También en el de Poltergeist que filmamos en Simi Valley, California, en la casa donde Tobe Hooper y Steven Spielberg rodaron la película original de 1982 de la cual soy fanático.

En tensión

La comedia y el horror, el cuarteto y las líricas noir. En el nuevo disco de Barbieri estas cuestiones entran en tensión permanente y con una determinación que, parece, trascienden la idea solarista (del Indio Solari) de que el estado de ánimo debe ser lo último que nos secuestren.

Nubosidad bailable parece dar cuenta de que el horror ya se comió a nuestro humor y de que no queda más que reaccionar. Puede ser una lectura equivocada, claro. Veamos qué dice el artista en cuestión: “Va por ahí definitivamente. Bailar en la oscuridad más tremenda, pero bailar a modo de divertimento y salvataje. También la idea de lo colectivo. En definitiva todos tenemos el peso presionando arriba y si somos más lo podemos voltear”.

“Lamento que finalmente La Mona no haya grabado en el disco, estuvimos a milímetros de hacerlo. Hasta firmamos contratos con Mariana y la gente de Jiménez. Después se complicó por tiempos y otros detalles. Ya grabaremos juntos en otra oportunidad. De todas formas su influencia está presente siempre.

–En el disco hay cuarteto. Cuarteto testimonial que cruza a Enriquez con Jiménez y hasta con Trula. Más allá del desprejuicio que no debería ser tal, porque una música regional puede dar cuenta de vibraciones de época, ¿qué opinás de que el cuarteto haya sido declarado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad?

–El cuarteto del disco es Este es el mar con letra de Mariana Enríquez y música mía. Lo cantamos con mi excompañera y amiga de Los Cocineros, Mara Santucho. La letra me traslada a mi adolescencia, el consumo de cosas, ver a La Mona en vivo, experimentación sexual, las escuchas de vinilos con Los Rústicos analizando letras y estilos variadísimos de música, escuchar la salida de los discos de Jiménez y que nos volará la cabeza las letras sociales. Me parece maravilloso que el cuarteto tenga ese reconocimiento. Aún en Buenos Aires no se dan cuenta de lo importante que es. Lo mismo pasa con el chamamé y varias músicas de distintas regiones. Aquí están pelotudeando con hablar de post punk como si fuera una novedad y cancherean con eso. Dan ganas de mandarlos al oculista...

–“Nubosidad bailable” tiene mucho Córdoba; Vivi Pozzebón, Carlos Sada, Ariel Arnaudo, Mara Santucho, Enrico Barbizi… Más allá de circunstancias electorales o de un conservadurismo rancio, ¿no sentís que el progre porteño promedio nos demoniza sin reparar que aquí se produjeron la Reforma Universitaria y El Cordobazo?

–¡Si! Absolutamente. Además se da una paradoja muy porteño - centrista, ellos hablan de la derecha de Córdoba (que es verdad que existe y es una mierda) y se olvidan que el Pro y Macri nacieron en Buenos Aires (20 años gobernando capital). ¿O nos vamos a creer que los hilos del monigote de Milei los maneja el propio mileismo? De todas formas aquí una gran parte de personas que se informan tienen muy presentes las luchas sociales históricas de Córdoba como referente. Con respecto a los amigos comechingones, quiero decir que para mí es un gustazo que sean parte del viaje. Llevar sus improntas grabadas en esos canales brillantes a Los Ángeles para coproducir con Aníbal Kerpel el disco y volver a confirmar que no todo pasa por la capital porteña, que tengo la suerte de haber conocido a gente hermosa y talentosa en los 20 años que viví en Córdoba.

–¿Qué tan intimidante es compartir estudio con Gustavo Santaolalla? ¿Qué devolución te hizo de “Nubosidad bailable”, un disco anarco que, si él lo hubiera producido, quizás lo hubiera editado a full?

–Santaolalla es una persona súper respetuosa, meticulosa y amable. El aporte de su voz en Nube le dio un vuelo que considero chamánico. Sabe perfectamente lo que hace y yo también lo que quiero. Por eso nos llevamos de maravilla. Tanto Kerpel como Santaolalla se entusiasmaron mucho con el disco y lo pusieron arriba para bien. Aníbal me propuso sacar canales y algunas rusticidades muy típicas mías. Yo acepté con gusto de aventura a un nuevo sonido. El disco es una bomba sideral. Y encima el vinilo tiene tapa lenticular. ¡Se mueve como las nubes!

–¿Creés que la pesadilla divisionista y crispada de este tiempo se terminará en el mediano plazo?

–Por mí, que caiga ya un meteorito o que venga la invasión extraterrestre Pero hablando en serio, este gobierno nefasto lleno de ineptos, perversos, badulaques e incompetentes se va a terminar pero el daño es enorme. Deseo fuerte que el pseudo progresismo de cotillón instagramero bobo que ve a un revolucionario latinoamericano en Bad Bunny, deje pasar a las progresías de izquierdas serias, cultas, lúcidas e inteligentes. Que el peronismo de derecha del Dios, patria y familia se vayan a pescar mojarritas bien lejos y no joda más. Y que Myriam (Bregman) no se ponga tan dura y se junte con Axel (Kicillof) para hacer un frente poderoso que saque a Cristina de la injusta prisión y a patadas a los libertos malolientes. Será utopía pura lo que digo, es muy probable, pero es lo que deseo profundamente por el bien de todos.