Polémica servida. Miradas opuestas al show de Fito Páez en el Movistar Arena: ¿egoísmo del artista o público intolerante?

Dos opiniones encontradas, a favor y en contra del rosarino, tras el debate generado tras su presentación en el Movistar Arena del disco Novela.

22 de mayo de 2026 a las 03:17 p. m.
Miradas opuestas al show de Fito Páez en el Movistar Arena: ¿egoísmo del artista o público intolerante?
Fito Páez en el Movistar Arena, durante el show que desató una polémica jugosa. (Guido Adler)

A favor: Ningún fraude

Germán Arrascaeta

En la ticketera decía (y aún dice, porque hay más fechas programadas) “‘Sale el sol’. Fito Páez”. Y al momento de confirmarse la gira que lo devolverá a Córdoba en octubre (llamada “Sale el sol”, precisamente), un comunicado oficial dejó claro que esta no consistiría sólo en una serie de conciertos, sino en “el inicio de una etapa artística completamente renovada en la carrera del músico”.

Ese texto ampliaba que el rosarino propondría “un espectáculo concebido desde cero”, en el que se permitiría “explorar versiones inéditas de sus grandes canciones”. Además, apuntalaba la idea de un repertorio seleccionado con una “precisión artesanal”, cuidando cada arreglo y detalle escénico para reflejar “el universo actual del artista”.

OK, es un respaldo conceptual amplio, vago, pero pone cierto énfasis en las ideas de renovación, en las de lo inédito y en las de la actualidad. Así las cosas, Fito Páez estaba amparado para hacer un recorte antojadizo de su obra en vivo, tal como el que finalmente ofreció en la noche del miércoles en el porteño Movistar Arena.

La convocatoria no hablaba de aniversarios redondos ni de revisiones de títulos específicos. Incluso, en sus perfiles de redes, el músico había avisado que despediría Novela, su último disco hasta aquí, para dejar allanado el camino a Shine, el nuevo que se publicó el viernes posterior al concierto.

Quizás haya sido excesivo el gesto de tocar completa y en orden una extensa (y para muchos irrelevante) ópera rock, pero el artista que lo hizo fue el mismo cuyo nombre titilaba en la marquesina. En ese sentido, no hubo fraude ni estafa.

Sí puede señalársele a Páez que desde hace tiempo viene respaldándose en sus gloriosos temas de los ’80-’90, y que instituyó en su público la idea de que nada cambiaría en sus directos, aun cuando su obra grabada gana en riesgo y en intensidad. El artista tiene el derecho de mover en la dirección que prefiera; si su público lo inmoviliza, la derrota cultural es total.

En contra: El hambre y las ganas de comer

Por Diego Tabachnik

Empatía. Una palabra que, de un tiempo a esta parte, se enuncia hasta el hartazgo, a punto tal de casi vaciarla de contenido, convertirla en lugar común. Pero qué tal si hacemos un esfuerzo, sincero y honesto, y nos ponemos en los zapatos de aquellos que desde hace meses tenían comprada su entrada para el show. Habían pagado entre $ 55 mil y $ 120 mil (seguramente, en muchos casos multiplicado por dos, pensando en parejas o en familias).

Los shows estaban anunciados bajo el rótulo de "Sale el sol tour", sin hacer referencias específicas a que estarían enfocados en ningún disco en particular.

Fito Páez, en el centro de la polémica: silbidos y abucheos en su último show en el Movistar Arena.
Fito Páez, en el centro de la polémica: silbidos y abucheos en su último show en el Movistar Arena. (Instagram de Fito Páez)

Fito Páez ya conoce ese formato. Tiempo atrás lo hizo con el aniversario de El amor después del amor y Del 63, ofreciendo recitales en los que de antemano se aclaraba por dónde iría la cosa. Claro, aquellos discos fueron muy exitosos y nadie se quejó.

Pero ahora la cuestión fue haber cambiado el contrato tácito que hay entre un artista y el público casi sobre la hora. De hecho, el video que Páez subió a sus redes un día antes, en el que anunciaba que había decidido despedir Novela, hasta puede ser interpretado como que ya estaba abriendo el paraguas.

Luego, la situación entró en una espiral que se retroalimentó: por un lado, un artista encaprichado en hacer la suya, y, por el otro, un público que efectivamente padece una capacidad de atención reducida y ansiedad en estado de activación permanente.

Un comentario en un posteo en las redes de La Voz puso en primera persona la sensación de forma bastante ecuánime y respetuosa. “Estuve en ese recital, entiendo su despedida, pero fue demasiado escuchar 25 temas sin pausa. No había respuesta del público… hay un límite, y no fui a trabajar mi ansiedad justamente ese día”, escribió Adriana Decurguez. ¿Tan equivocada está ella?