Entrevista. La Lauri Fire, una guardiana del pop de autor que resiste desde su propia trinchera
Laura Torres es compositora y productora, además de gestora de An Der Pop, sello de catálogo inclasificable que rescata discos de la prehistoria de las plataformas de streaming.
En algún momento de los últimos 15 años, Laura Torres dejó de lado aquella identidad plasmada en su documento para convertirse definitivamente en La Lauri Fire.
No fue un cambio de la noche a la mañana, como esos que sorprenden a propios y extraños. Sucedió más bien de manera paulatina y sobre todo a partir de 2018, luego de varios años y proyectos.
Activa desde comienzos de la década pasada, Torres comenzó a tocar en diferentes grupos asociados a una etapa precedente de la actual escena musical de “la Docta”. Una historia reciente que supo cocinarse en habitaciones, fiestas y salas de ensayo para luego plasmarse en espacios como Club Belle Epoque, Casa Babylon o el primer Club Paraguay.
Compañera de facultad de David Fontana (de Anticasper y hoy solista), compartió con el cantautor psicodélico proyectos como Esencia (una de las tantas versiones capitaneadas por Pablo Mariño) o Emporionor Frisbie (un trío de versiones deformadas de The Beatles). Ese fue apenas el comienzo de una larga lista de colaboraciones: siempre inquieta, y con su teclado a cuestas, participó de bandas (y pequeñas comunidades) tan variopintas como Volleyball, Ironía, MCTP, La Fantasio, Arsat-3 o Fonez.
Con este último grupo, también formó parte del sello Lo-Fi Records hasta que una vivencia personal la ubicó en su propia palmera. Ese fue el germen de lo que hoy es un rasgo identitario: su condición de artista (a veces más “en serio”, a veces también en clave de parodia) y de gestora de un proyecto discográfico, An Der Pop, que resiste al embate de los algoritmos prefabricados con la fiel convicción de seguir haciendo.
Trinchera personal (y colectiva)
“La idea partió de la necesidad de construir una red de vínculos”, recuerda Torres para La Voz a la hora de rememorar aquellos primeros pasos del sello que comenzó a publicar “todo tipo de pop” durante la segunda mitad de 2020.
“En ese momento no sólo me había quedado sola y aislada de la escena en la que había desarrollado mi actividad musical por una situación de acoso (y no pensaba dar marcha atrás con esa decisión por más difícil que fue dejar atrás todo lo que había construido), sino que además el Covid nos individualizó y aisló tanto que daba miedo”, reconstruye.
“Parece mentira que ya pasaron cinco años y pico desde esa madrugada pandémica sola en mi cuarto haciendo un ‘loguito’ y una página de Bandcamp con la idea de que mi música esté enmarcada en algo más grande que sólo mi nombre artístico”, advierte la fundadora de uno de los catálogos más originales de la escena cordobesa y federal.
“Fue un manotazo de ahogada en un momento de incertidumbre y soledad absoluta”, define la artista, todavía sorprendida del alcance que maduró ese espasmo original de idea. “Así como parece mucho el tiempo que pasó, también me cuesta creer lo muchísimo que creció ADP en tan pocos años. Es algo que no me imaginé que sucediera tan rápido ni que tanta gente estuviera interesada en ser partícipe”, considera luego.
“Al momento de darle vida, no me imaginé que el sello podía llegar a tomar la forma que tiene hoy”, reflexiona la compositora y productora, que en este último lustro ha acompañado lanzamientos de, por ejemplo, GABA, Santiago Canén, Javi Jorge, Markus, UNIS3X o El Nombre Secreto, que junto a Aikida y Pinkerton es otro de los proyectos en los que Torres participa activamente.
“Lo que me alegra ahora, pudiendo ver hacia atrás, es nunca haber dejado de hacer cosas para sentirme mejor por más golpeada que estuviera”, sintetiza Torres. Y sentencia: “Por suerte confié en mi intuición y esa red se generó y sigue creciendo. Es lo que me mantiene con esperanza y seguridad y me permite seguir adelante sin ese miedo a lo que vendrá”.
Material de archivo
Esa mirada hacia el pasado inmediato también se enlaza con el más reciente proyecto de An Der Pop. Hacia finales de 2025, el sello inició una propuesta de rescate de una memoria sonora que, ante el embate de la digitalización, parece haber quedado en un limbo propio de su época.
“En An Der Pop siempre hemos creído que la música independiente tiene un valor atemporal”, argumenta Torres sobre este floreciente archivo. “Desde antes de existir como sello discográfico independiente, ya existíamos en la escena del under de nuestra ciudad y por esa razón sabemos que gran parte de esa historia quedó guardada en estanterías, bateas, casetes y CDs de ediciones (ultra) limitadas, mucho antes de que existieran los algoritmos, las redes sociales o las plataformas de streaming”, completa.
En palabras de la creadora de ADP, se trata de una empresa de “arqueología musical” dedicada “a desempolvar tesoros” publicados originalmente hace más de una década. En definitiva, un resguardo de “nuestra memoria under”, como elige definirlo “Lau”.
“Nuestro objetivo es re-publicar y dar una nueva vida digital a aquellos discos independientes que marcaron una época y que, hasta ahora, eran imposibles de encontrar en la red”, explica la artista y gestora sobre el Archivo An Der Pop que se acaba de inaugurar en diciembre. La punta de lanza fue Jardín neón (2005), primer y único disco de la banda santafesina/cordobesa Tokio-Ga que sirve como testimonio vivo del proyecto de Juan Bitar (otro habitual colaborador de ADP y de Torres), Lucas Bonino y Pablo López.
“Esperamos que esta nueva sección nos ayude a difundir y a encontrar joyas ocultas del under de años anteriores y crear este puente entre el sonido de un pasado (no tan lejano) y la conectividad del presente”, apunta la titular de An Der Pop.
Aquí y ahora
Esa última frase también revela una vocación que va más allá de la nostalgia o el rescate de una época pretérita. Por el contrario, Torres es una usina de producción independiente en sí misma, capaz de lanzar canciones bajo dos alias (La Lauri Fire y Lili Fire) y a su vez abrir el juego a remixes y colaboraciones en diferentes niveles.
En 2025, Telecomunicaciones, su primer álbum de canciones tras varios años de singles como Lauri Fire, se coló directo entre los materiales más resonantes de la temporada. ¿Por qué? Basta escucharlo por primera vez para encontrar composiciones honestas y magnéticas, universalmente simples y misteriosamente atrapantes, que dan ganas de cantar con el corazón en la mano.
“Tuve la suerte de cruzarme gente muy increíble y estuvieron a la altura de ayudarme a lograr el objetivo de lanzar este primer disco”, aporta la artista. Según cuenta, además, el proceso le permitió “sanar cuestiones personales” y superar un bloqueo artístico y emocional.
“Me llevó muchísimo tiempo fusionar todo lo que entrelazan estas canciones y lograr que esa impronta personal resalte. Estoy muy contenta con cómo se dio todo el proceso de hacer Telecomunicaciones y con el resultado final”, destaca Torres, que en los últimos meses compartió otros dos volúmenes de remixes de ese mismo repertorio.
Tanto en las versiones originales como en las relecturas posteriores, lo que no puede pasarse por alto, en definitiva, es una impronta personal muy marcada. Una especie de aura que convierte a estas canciones en fragmentos musicales y vivenciales de la identidad de su creadora.
“Por un lado me emociona la idea de que no se parezca a nada pero por otro siempre dudo de si a alguien le va a gustar siendo que es algo tan personal y tan fuera de los estándares –plantea a modo de duda–, pero no me arrepiento de haberme tomado mi tiempo para que las ideas decanten solas y de haber atravesado el camino guiada por mi visión personal”, asegura la compositora.
“Creo que consolidar una identidad nunca fue el problema”, expone luego. “Siento que el mayor obstáculo fue traducirla a las canciones y plasmar este conjunto de ideas en un disco que tenga coherencia. Nunca me costó discernir entre lo que me gusta o me interesa, y lo que no”, refuerza. Y para el cierre deja una definición que, además de ser un principio ético y estético de su propio hacer, la pinta de pies a cabeza: “Me gusta cuando las cosas son difíciles de encasillar”.


