Entrevista. Juanito Moro y su puesta en valor de La Máquina de Hacer Pájaros: No somos una banda tributo
El músico habla de lo que se propone con La Máquina de Hacer Pájaros x FMSV, que tocará en Córdoba en los próximos días.
El próximo 30 de mayo, Quality Espacio recibirá un proyecto que es mucho más que un tributo: es una reconstrucción afectiva y técnica de una de las máximas joyas de lo que se conoció como rock progresivo argentino. En concreto, el baterista Juanito Moro, hijo del mítico Oscar Moro, llega a la ciudad con La Máquina de Hacer Pájaros x FMSV, una formación que cuenta con la legitimidad de tener en sus filas a José Luis Fernández, miembro original de aquel proyecto fascinante.
En entrevista con La Voz, el músico reflexiona sobre la complejidad de abordar la obra que su padre creó en interacción con Charly García, Carlos Cutaia, Gustavo Bazterrica y el ya citado Fernández sin caer en la tentación de la interpretación al carbónico.
“Esto surgió en la pandemia, cuando nos juntamos a tocar para despuntar el vicio. No fue a propósito. Empezamos con las primeras burbujas. Recuerdo que hablé con José Luis Fernández, con quien ya tenía contacto, y me dijo: ‘Juntémonos así empezamos a tocar un poco’. Yo le dije que llevaba un ampli, que él trajera a alguien en teclados y nos juntamos a divertirnos porque estábamos todos encerrados”, arranca Juanito.
“Nos juntábamos todos los sábados, ensayábamos, comíamos algo... nos sacábamos las ganas de tocar. De a poco se abrió todo, volvieron los boliches y nos dijimos: ‘Che, ya que sacamos tantos temas, ¿por qué no hacemos una fecha?’. La primera fue en un boliche de Flores que se llama Che Yo Te Avisé. Ni nombre teníamos; le dije al productor que no sabía cómo ponernos porque éramos solo una banda de amigos tocando música”, amplía.
“Después surgió la propuesta de una productora para hacer exclusivamente los temas de La Máquina. A José Luis al principio no le gustó mucho la idea por el tema de los revivals y para que no pareciera que estábamos especulando. Pero resulta que somos una banda fanática de otra banda que quiere hacer sus temas con la ‘causalidad’ de que tenemos un miembro original”, remata como para dejar en claro cómo trascendieron el mote de “banda tributo”.
Sobre el recorte que hicieron de la obra de La Máquina de Hacer Pájaros, que es tan rica y tiene tantos vericuetos, Juanito dice que sus compañeros y él trataron de ser lo más parecidos posible, pero siendo fieles a lo que son. “Siempre decimos que no somos La Máquina de Hacer Pájaros; por eso salimos como La Máquina de Hacer Pájaros por Fernández-Moro-Spinetti-Vega. No es una banda tributo porque hay un miembro original, pero tampoco somos ‘la’ banda original, porque esa era con Charly, Moro, Cutaia, Bazterrica y José Luis. Como son dos discos cortos (La Máquina de Hacer Pájaros de 1976 y Películas 1977) y el show es de 17 o 18 temas, terminamos haciendo casi todo el material grabado”, completa.
–¿Hay “perlitas” o temas que no se grabaron en los discos oficiales?
–Sí, hacemos un par de temas que ellos hacían en vivo pero que no se grabaron. Por ejemplo, en los shows de La Máquina, ellos a veces se disfrazaban y salían con otro nombre, Giovanni y los de Plástico, y hacían otro repertorio. Nosotros retomamos Ella es bailarina y también Música del alma, de cuando se disolvió la banda y Charly hizo el Festival del Amor. Todo muy relacionado con esa época de García, claro.
Un aval de peso
–¿Pudiste hablar con Charly? ¿Él está al tanto de que estás tocando estos temas?
–No hablé con él directamente, pero sí lo hice con su circuito íntimo para que lo supiera. Obviamente está más que invitado. Él sabe de nuestra existencia y supongo que le debe gratificar, del mismo modo que le gratifica que Pedro (Aznar) y David (Lebón) hayan reimpulsado el repertorio de Serú Girán.
–Hablando de Serú, ¿te convocaron Pedro y David para esos shows?
–Ellos tienen su banda estable, que es la de Lebón, pero me invitaron a tocar dos temas en el Quilmes Rock y quizá me inviten ahora para el Movistar Arena.
–Has venido mucho a Córdoba con Willy Crook. ¿Qué recuerdos tenés de esas visitas?
–¡Muchísimas veces he ido! Y volví hace poco al Club Paraguay con Débora Dixon. Con Willy vivimos semanas increíbles en la “República de Córdoba”, en lo de Bam Bam Miranda. Aquellas eran noches que parecían semanas. Una vez, hasta La Mona nos invitó a un baile y tocamos con él; fue una experiencia inolvidable. Íbamos tres o cuatro veces por año con Willy, tocábamos en el 990, donde nos quedábamos todo el día. Era una época alucinante; los Funky Torinos conmigo era un trío medio rocker.
Herencia y desafíos
–Va una inquietud sobre tu papá. Supongo que sos baterista porque él te enseñó, ¿no?
–Crecí entre parches, palos y platos, así que la influencia es innegable, pero él no era docente. Hicimos un intento cuando yo era chico, pero es difícil que te enseñe tu viejo. Inmediatamente me mandó con Daniel Colombres, que era amigo suyo. Después seguí con Pipi (Piazzolla), con Roberto “Junior” Cesari y fui cambiando de profes. Es un tema ser “el hijo de” porque uno tiene que amigarse con esa cuestión y a la vez despegar. Si yo quiero ser Moro, Oscar Moro, en la batería, voy muerto. Si voy a tocar los temas de La Máquina o de Serú, tengo que basarme en lo que grabó él, pero después debo poner mi impronta. No voy a tocar tipo Pantera arriba de La Máquina porque sería un desubicado. Trato de discriminar qué es lo que toco por herencia de ADN y qué es imitación. Lo que se hereda no se roba. Yo soy Moro por sangre, pero Moro hay uno solo y falleció en 2006. Si quiero ser él, voy a ser un infeliz toda la vida, porque evitaré ser el baterista que realmente soy. Hay un mandato del que hay que sacarse la mochila y decir: “Amo la música, me gusta la batería y soy hijo de quien soy”.
–En este repertorio de La Máquina, ¿qué tema te resulta más desafiante por su complejidad técnica?
–Me parece que Ah, te vi entre las luces porque realmente es un tema complicado. Lo que noté es que una vez que sacás los moños rítmicos y los arreglos, el desafío es hacerlo sonar como una canción, como una obra. Si no, parece una maraña de arreglos que te salieron bien pero no dicen nada. Que haya un hilo conductor y que la obra vaya y venga es el desafío más contundente y rico que nos toca a todos en la banda.



