Punto de vista. Euge Quevedo, la superhumana: cuando el costo del éxito es a costa nuestra
Tras su paso por el show de Arjona, "la Muela" compartió su angustia y la dificultad de manejar los nervios. Una mirada sobre la autoexigencia de una artista que, con su enorme talento, todavía está aprendiendo a convivir con la presión del éxito.
El pasado 3 de mayo, Euge Quevedo fue la invitada de lujo de Ricardo Arjona en su tercer show en el Movistar Arena. La cuartetera interpretó el éxito Fuiste tú, que originalmente el guatemalteco hace con su compatriota Gaby Moreno. Sin embargo, al bajar del escenario, su reacción no fue de alegría, sino de una profunda angustia.
Desde siempre, "la Muela" es muy cercana a su gente. En su cuenta oficial de Instagram, habla abiertamente de sus emociones, comparte los sucesos más divertidos en los bailes y expone con sinceridad sus miedos e inseguridades.
También muestra algunos momentos íntimos con su familia, en especial con su hija Helenita, con quien recientemente se grabó cantando Tattoo y enterneció a todo el mundo.

"Fuiste tú", la del Himno
Luego del show de Arjona, la artista puntana (cordobesa por elección) abrió su corazón y les confesó a sus seguidores que “la estaba pasando pésimo”. “Hay cosas que todavía tengo que aprender, y es controlar mis nervios”, afirmó.
“Siempre me pasa, incluso cuando estamos con el Keso. Es algo que no puedo controlar porque es horrible. Sí, se siente superhumano, pero la paso pésimo. Tengo una angustia porque digo, loco, no puede ser, sobre todo porque me la paso estudiando, me la paso dándolo todo", agregó, visiblemente afectada.
Algo similar le pasó el 4 de septiembre del año pasado, antes y después de cantar a capela el Himno nacional argentino en el último partido de Lionel Messi en Argentina con la selección. “Sentía que estaban todos muy expectantes y al generar eso mi cabeza volaba”, le confesó a La Voz en Vivo.
“El martes (dos días antes del partido), me agarró una crisis emocional. No podía parar de llorar. Debe de haber sido la presión que habían generado la gente en la calle y los mismos periodistas”, añadió.
El peso de la autocrítica
En ese entonces, la artista desplegó una interpretación cargada de emoción frente a 84 mil personas e hizo lagrimear nada más ni nada menos que al anfitrión.
“Estaba un poco desfasado el audio, pero aun así fue algo maravilloso. Lo canté por inercia, por haberlo estudiado. En el momento en el que me paré ahí, sentí como si mi cuerpo se hubiera ido a otro plano. Estaba en estado de shock, paralizada”, reconoció.

Aun con la alegría del triunfo, le llovieron críticas en las redes y ella salió a responder. “Es superfácil pararse como espectador y opinar, y lo entiendo, es parte de todo. Pero detrás de eso hay un ser humano que está pasando por una angustia, por un estrés y por una crisis”, contó en sus historias de Instagram en aquel momento.
“Soy muy autocrítica. Siento que podría haber estado mejor en cuanto a los nervios. Claramente, si no hubiese estado tan nerviosa, hubiese tenido quizás otro rendimiento”, cerró.

Los nervios y sus consecuencias
Es muy difícil encontrar explicaciones sobre lo que le pasa a Euge cuando se somete a momentos de altísimo estrés. El día después de lo de Arjona, una profesora de canto llamada Analía Doval explicó en un video que lo sucedido no fue por falta de talento, sino una reacción biológica del sistema nervioso ante condiciones técnicas desfavorables.
Al no tener una referencia clara de su propia voz, el cuerpo de la artista entró en estado de alerta. “El factor principal es un sistema nervioso 'incómodo'”, afirmó la docente, señalando que la mejor solución (al menos técnica) es brindarle a la artista las condiciones adecuadas: un buen sonido, retorno claro y cantar en la tonalidad ideal. Nada del otro mundo.
Al final de su análisis, Doval apunta: "No importa que te digan 'sos hermosa, sos una genia, cantás rebién'. El que lo está padeciendo se siente mal".
No hay ninguna duda de que la cuartetera es superprofesional. Ya sea que le cante al público de La Morocha o al mismísimo Papa, ella va a dar el mejor espectáculo de su vida por la misma razón por la que canta folklore desde chica: pura pasión. Ahora, lo que tiene de talento también lo tiene de autoexigente.
Toca bancarla
Nadie que haya pasado por ese sentimiento puede juzgarla. La presión en el pecho, las ganas de llorar, la cabeza estallada de comentarios destructivos, los dientes apretados y la cancelación del disfrute posexposición son consecuencias del autoboicot. Aun con terapia, es difícil de controlar y al cuerpo le pasa factura.
Aunque Euge haya borrado su descargo, toca bancarla. Primero, porque es genuina con lo que siente, además de humana, porque uno podría creer que con semejante voz no le tiene miedo a nada.
Segundo, porque da cuenta de algo que cuesta poner en palabras, sin dejar de pensar en el qué dirán, más si es una persona pública. El hate debería ignorarse, pero cuando la ráfaga de odio entra al sistema de una persona que está constantemente buscando su mejor versión, no hay árbol que la contenga. Hay mil comentarios positivos, pero una se va a quedar con el único negativo.

Por último, porque identificarlo es parte del aprendizaje. Con esto, la cuartetera nos enseña que se puede buscar ayuda para desnaturalizar ciertos procesos que la llevaron a posicionarse como una de las mejores voces del país, pero con un alto costo físico, emocional y mental.
En conclusión, la sociedad debería trabajar más la empatía y menos lo que se escribe anónimamente con el teclado del celular. En términos futbolísticos, que una artista elija contar qué le pasa cuando consigue meter un gol no nos convierte en directores técnicos de sus emociones.

