Discos. Crítica de Foreign Tongues, 25º disco de los Rolling Stones: ninguna disforia generacional

La banda británica se muestra inextinguible y en estado de gracia en esta obra, en la que el productor Andrew Watt vuelve a dar en el clavo.

12 de julio de 2026 a las 01:14 p. m.
Crítica de Foreign Tongues, 25º disco de los Rolling Stones: ninguna disforia generacional
Ronnie Wood, Mick Jagger y Keith Richards, núcleo duro de The Rolling Stones. (Gentileza Mark Seliger)

Hace unas semanas, cuando comenzó el despliegue promocional de Foreign Tongues, el nuevo trabajo de The Rolling Stones, se produjo un evento en Brooklyn, Nueva York, que dejó una frase para el recuerdo. En medio del bullicio, el presentador Conan O’Brien lanzó una de sus características humoradas: “Este es el disco definitivo de la banda, después de años de trabajar en el anonimato”.

Esa broma, que juega con la idea de una supuesta invisibilidad de una de las instituciones más grandes de la historia de la música, cobra un sentido renovado ahora que el disco está finalmente entre nosotros. Lejos de ser un cierre crepuscular, Foreign Tongues suena a una banda revitalizada, casi como si estuviéramos ante un grupo indie con todo por ganarse, rebosando una vitalidad que deja boquiabierto a quien sea que apriete el botón de play o de reproducir.

Este milagro de longevidad y potencia no es casualidad. Por un lado, está el talento inagotable de unos octogenarios que se niegan sistemáticamente al retiro; por otro, la mano maestra de Andrew Watt. El productor estadounidense ha diseñado una estructura anabólica y muy precisa, logrando que Sus Majestades Satánicas suenen con un brillo que parece desafiar las leyes del tiempo.

Aunque algunos puedan sospechar que hay algo de simulacro o de disforia generacional en esta puesta en escena sonora (por lo difícil que resultaría sostener esa euforia y ese carácter expansivo en una prestación en vivo puramente orgánica), el resultado en el registro es, sencillamente, fantástico.

Uno de los pilares resonantes del álbum es Ringing Hollow, a la que Mick Jagger ha descrito como una carta de amor a los Estados Unidos.

Pero tras versos como “Bueno, yo estaba locamente enamorado de vos antes de que nos conociéramos” o “Veía todas tus películas, fumaba tus cigarrillos”, se esconde una crítica mordaz al clima político actual del país bajo el segundo mandato de Donald Trump. “Siempre hay un canalla intentando azuzar a la multitud”, se le oye a Jagger de inmediato, para luego concluir que “Lady Liberty no se ve tan bien cuando frunce el ceño”.

Sorprende que muchos se sorprendan con este posicionamiento, teniendo en cuenta que los Stones siempre dialogaron con los signos de los tiempos. Incluso, ya se habían referido en este nuevo siglo a la tendencia estadounidense a pulverizar cualquier ideal de paz. Lo hicieron con Sweet Neo Con de A Bigger Bang (2005).

Musicalmente, Ringing Hollow es una muestra de respeto absoluto hacia la música folk y country estadounidense, a la que la banda ha rendido tributo de forma consecuente a lo largo de toda su trayectoria. En sus versos se respira esa desolación política, pero envuelta en la calidez de las raíces musicales que estos músicos tanto aman.

Mick Jagger, imbatible

Si hay alguien que se erige como la verdadera perla de este disco, ese es Mick Jagger. A pesar de que Ronnie Wood y Keith Richards suenan filosos y vitales, es el vocalista quien despunta con una maestría interpretativa arrolladora. Ya lo veníamos notando en registros anteriores, sobre todo el homenaje de los Stones al blues primal Blue & Lonesome (2016).

Aquí, Jagger maneja los staccatos, las onomatopeyas y las incitaciones a sus compañeros con gracia y picardía. Un ejemplo vibrante es Back in Your Life, donde, antes de un solo, se le escucha agitar a Wood con un enérgico “¡Come on, Ronnie!”, dándole a esta intensa balada una frescura de garage que desmiente sus ocho décadas de vida.

Jagger también se atreve con el catálogo ajeno en una versión del clásico de Amy Winehouse, You Know I’m No Good. Podría parecer una elección extraña para un millonario con estatus de estrella, pero Jagger es el mejor vocalista para recuperar esa advertencia de que no es el indicado para nada. En su garganta, esa frase adquiere una dimensión especial, por cuanto Mick sigue conservando esa esencia de vagabundo incurable al que no se puede someter a las reglas.

Acaso consciente de que él remite a eso, en el rock & funk Mr. Charm ironiza con ser lo suficientemente “educado”, pero añade otro dardo contextual: “¿En quién realmente confiarías?/ ¿Es Boeing, es NASA, es el loco magnate Mr. Musk?”

Otra joya que remite a las épocas doradas de Jagger como vocalista es Jealous Lover. Aquí, recurre a giros y a un falsete que evocan directamente al lado B de Tattoo You (1981).

Keith Richards, arrodillado y suplicante

Pero los Stones no serían los Stones sin ese contrapunto de vulnerabilidad que aporta Keith Richards. Como es costumbre, el álbum incluye una canción sensible interpretada por su característica garganta cascada.

En este caso se trata de Some of Us, donde lo oirás arrodillado. Es que allí, en una de sus típicas baladas para despedazar al corazón en mil partes, canta “Algunos de nosotros estamos de rodillas/ suplicando, nena”.

Es el momento del disco donde la máquina de rock se detiene para dejar al desnudo el alma de la banda, demostrando que detrás de los riffs afilados hay un corazón que late con una honestidad brutal.

Por otro lado, Foreign Tongues se enriquece con invitados de lujo que actúan como ejecutantes escondidos, dado que no están acreditados en los términos de featuring.

Revisemos. Bruno Mars toca el cencerro en el disco funky Never Wanna Lose You, claramente deudor de Miss You, mientras que Paul McCartney, quien les recomendó Watt a los Stones y que había participado en el precedente Hackney Diamonds (2023), aporta su Höfner en el sentimental y sincopado Covered in You.

Steve Winwood, en tanto, se encarga del órgano y Robert Smith, de The Cure, resuelve su absolutamente inesperada intervención con un arpegio muy personal en el descomunal Divine Intervention. Hablamos de un rock con derivas de alternatividad indómita, en el que Jagger se quiere comer al mundo de un solo bocado.

De todos modos, el invitado más conmovedor no es tal, dado que se trata de Charlie Watts, miembro original de los Stones. Antes de pasar a mejor plano, el batero dejó las partes de Hit Me in the Head, lo más punk de Foreing Tongues. Y claro que sí, escucharlo conmueve.

Si el ya citado Hackney Diamonds cerraba con Rolling Stone Blues de Muddy Waters, este Foreign Tongues lo hace con Beautiful Delilah de Chuck Berry, acaso para reafirmar eso de que todos estos pases mágicos parten de lo más elemental del blues & roll.

Como sea, Foreign Tongues echa por tierra todos los lugares comunes que suelen usarse en estos casos: no es solo un soplo de aire fresco ni una excusa para decir que no hay que jubilarlos todavía. Lo que tenemos aquí es una máquina de rock and roll imparable, con los services indicados década por década.

Los Stones han encontrado en Andrew Watt a un aliado imbatible para forjar una nueva forma de brillo, basada en su carácter inextinguible. A pesar de los años y de las modas, siguen siendo la lengua saliente que desafía al mundo, entregando un disco que no solo es digno de su legado, sino que añade un capítulo vibrante y necesario a una historia que parece no tener final.