Cine. Miradas opuestas a El diablo viste a la moda 2: ¿menos frivolidad o una fantasía deshonesta?

Dos opiniones encontradas sobre la secuela de la película protagonizada por Anne Hathaway y Meryl Streep que se grabó a fuego en el público allá por el 2006.

10 de mayo de 2026 a las 07:53 a. m.
Miradas opuestas a El diablo viste a la moda 2: ¿menos frivolidad o una fantasía deshonesta?
Las protagonistas de "El diablo viste a la moda 2".

A favor: menos frivolidad, más política

Por Giuliana Luchetti

Desde los primeros minutos, El diablo viste a la moda 2 deja en claro que no tiene intención de repetir la fórmula de su predecesora. Andy (Anne Hathaway) se entera por un mensaje de texto que ella y sus compañeros periodistas se quedaron sin trabajo por recortes presupuestarios. Lo que sigue es un discurso que, visto desde este lado del mundo y desde esta profesión, mueve algo por dentro.

Porque los medios están en crisis no solo económicamente. La crisis es también de interés, de calidad, de pensamiento. El papel está casi extinto y la digitalización es el todo que convierte el contenido en algo olvidable, perecedero. Hay pérdida de confianza en la palabra. Y encima de todo eso, la IA es como una bota gigante que aplasta carreras, y le quita el alma a las cosas. Que una película mainstream de Hollywood decida abrir con eso, y que lo haga con cierta contundencia, no es un gesto menor.

El guión es, a veces, demasiado explícito pero considerando que apunta a una audiencia masiva, es bueno que la bajada de línea sea difícil de ignorar. Además, no es visualmente atrevida, pero tampoco es una imagen plastificada. El estilismo merece mención aparte: vestuario entendió que cada cuerpo en escena es una oportunidad.

La secuela también tiene algo para decir sobre la vejez. Miranda Priestly (Meryl Streep) sigue activa, vigente y relevante. El film construye un argumento alrededor de que a cierta edad la sociedad espera que las personas pasen a la pasividad, como si ya no tuvieran nada para dar, como si el tiempo las hubiera consumido. Miranda demuestra que alcanza con amar profundamente lo que uno hace para seguir siendo una fuerza. No hay jubilación posible para quien todavía tiene fuego.

Anne Hathaway, Meryl Streep y Stanley Tucci en El Diablo Viste a la Moda 2.
Anne Hathaway, Meryl Streep y Stanley Tucci en El Diablo Viste a la Moda 2. (web)

Si la primera película se encargó de mostrar que la industria de la moda es mucho más que frivolidad y derroche, esta secuela va un paso más allá: intenta demostrar cómo la moda dialoga constantemente con la economía y la política. Que la belleza, el arte y el periodismo, son territorios que vale la pena defender en una época gobernada por multimillonarios cuya avaricia no distingue entre lo que destruye.

En contra: Una fantasía deshonesta

Por Jesús Rubio

Es difícil escribir en contra de El diablo viste a la moda 2 porque es realmente buena: está concentrada, bien actuada y tiene el timing y la prudencia necesarios para evitar los errores habituales de este tipo de películas, aunque a simple vista parezca lo contrario y hasta saque por momentos al espectador del mundo que representa, con diálogos y situaciones que, durante sus dos horas, pueden cansar un poco.

David Frankel entiende perfectamente qué quiere hacer y cómo filmarlo, y aprovecha al máximo la fotogenia de Anne Hathaway, que luce un vestuario exquisito y con mucho estilo mientras la cámara la acompaña con primeros planos sutiles y precisos, construyendo una imagen que remite deliberadamente a Audrey Hepburn.

Ahora bien, pese a lo aceitada que está y a su eficacia narrativa, la película deja una persistente sensación de superficialidad y de traición. Parece hacernos creer que con voluntad y pasión alcanza para revertir la amenaza de despidos y el peligro de extinción del periodismo gráfico, representado por la revista Runway.

No se trata de pedir un final pesimista ni una película derrotista, sino de mostrar con más honestidad el problema que plantea. Si bien menciona cuestiones como los despidos, la precarización laboral o el impacto de la IA, rápidamente vuelve a refugiarse en una fantasía optimista y elegante.

Andy Sachs (Hathaway) incluso reconoce que hay gente en peores condiciones que ella, un detalle que aporta cierta lucidez, aunque el filme nunca termina de salir de ese universo de privilegio y rebeldía moderada.

Y ahí aparece su costado más discutible: El diablo viste a la moda 2 termina siendo una película felizmente reaccionaria, una que nos hace sentir bien mientras sugiere que el periodismo a la vieja usanza todavía puede triunfar y que el entusiasmo y el compañerismo alcanzan para sobrevivir.