Festivales. Lollapalooza Argentina 2026, día 2: pop, fantasía y una jornada dominada por divas
El segundo día del festival tuvo a enormes figuras del pop actual como Chappell Roan, Addison Rae, Marina, Ángela Torres, y más. Además, por primera vez llegó el folklore al festival, de la mano de la Sole.
El segundo día de Lollapalooza Argentina amaneció nublado sobre el Hipódromo de San Isidro, aunque el clima siguió siendo caluroso. La jornada prometía una verdadera maratón pop y el público respondió desde temprano, poblando el predio con looks pensados especialmente para la ocasión.
Los encargados de abrir los escenarios fueron Joaquina en el Flow Stage, Tobika en el Samsung Stage, Marttein en el Alternative Stage y Paula OS en el Perry’s Stage.
Desde temprano se percibía que sería un día dominado por el pop. La seguidilla de shows de LANY, Marina, Addison Rae y Chappell Roan marcaba el pulso de la jornada. El público lo entendió perfectamente: había pelucas rosadas en homenaje a Addison y sombreros cowboy del mismo color para acompañar el universo estético de Chappell.
Los californianos LANY, liderados por Paul Klein, demostraron por qué son una banda tan sólida en vivo. A las 16, en el Flow Stage, presentaron su show en el marco de la gira mundial de su último disco, Soft.

El magnetismo de Klein funciona como un imán para los fans. El setlist recorrió distintos momentos de la carrera del grupo con naturalidad, pasando de baladas sensibles como ILYSB a momentos de euforia colectiva con Super Far.
Marina Diamandis y Ángela Torres, una reina y otra princesa del pop
Mientras tanto, en el Samsung Stage, Ángela Torres confirmó su crecimiento como performer pop. Su set incluyó versiones de Luna de Miel en la Mano de Virus, La Niña de Fuego de Lolita Torres y Girls Just Want to Have Fun de Cyndi Lauper.
En un momento particularmente emotivo, la cantante recordó el 24 de marzo y pidió “memoria, verdad y justicia” antes de interpretar Como la Cigarra, popularizada por Mercedes Sosa.

La verdadera concentración del público se produjo en el Samsung Stage. Después de LANY, la posta la tomó Marina, nombre artístico de Marina Diamandis, quien presentó su espectáculo Princess of Power.
Sobre el escenario, Marina se mueve con una presencia que recuerda a una diosa griega. Su voz impecable fue una verdadera masterclass de técnica vocal. Con una trayectoria consolidada, la artista supo darle a su público exactamente lo que esperaba: nostalgia, vanguardia y calidez.
El show recorrió distintos momentos de su discografía. Sonaron clásicos como I Am Not a Robot de The Family Jewels y los infaltables Bubblegum Bitch y Primadonna del icónico Electra Heart. También hubo espacio para su material más reciente, con canciones como Butterfly y Cuntissimo de Princess of Power.

Cada elemento del show construyó una narrativa visual que mantuvo al público completamente hipnotizado. A pesar de los 26 grados, nadie se guardó nada: hubo saltos, bailes e incluso pogos.
Cuando Marina terminó su set, el hipódromo ya estaba colmado. La multitud comenzó a acercarse al Flow Stage para recibir a Addison Rae, quien debutaba en Latinoamérica.
Addison Rae, un viaje a los 2000
Rae alcanzó la fama en 2019 gracias a sus videos de baile en TikTok, pero su evolución hacia el pop quedó clara en el escenario. Su show es un viaje directo a la estética de los 2000: coreografías precisas, sensualidad, dramatismo y una energía constante.
La artista incluso rindió homenaje a Britney Spears al lucir un atuendo inspirado en el icónico del Onyx Hotel Tour.

Addison abrió su presentación pasadas las 20 con Fame Is a Gun. Uno de los momentos más celebrados llegó con su cover de Von Dutch de Charli XCX, cuando bajó al público y pidió a una fan que recreara el famoso grito de la canción. Luego llegaron In the Rain y el cierre explosivo con Diet Pepsi, el tema que la catapultó definitivamente al universo pop.
Sin embargo, el gran capítulo de la noche fue el show de Chappell Roan.

La escenografía se montó en tiempo récord y, cuando comenzó el espectáculo, el escenario parecía sacado de un cuento medieval. La gira, titulada Visions of Damsels & Other Dangerous Things Tour, propone una narrativa fantástica que se desplegó desde el primer minuto.
Las pantallas mostraban un libro antiguo con las iniciales “CR” que se abría para contar la historia. Cuando las luces se encendieron, un castillo gigante dominaba el escenario. Las músicas estaban vestidas como princesas góticas medievales y Chappell apareció con un voluminoso vestido rosado y un sombrero cónico tipo hennin.

El show fue una explosión de glamour, teatralidad drag y fantasía pop. La artista, muchas veces definida como la antiprincesa del pop, repasó sus grandes éxitos, incluyó un cover de Barracuda de Heart y cerró con una tríada demoledora: Good Luck, Babe!, My Kink Is Karma y Pink Pony Club.
Por primera vez, folklore en Lollapalooza
Entre los momentos más particulares de la jornada también estuvo la presentación de Soledad Pastorutti, quien llevó el folklore por primera vez al Lollapalooza. Hubo bailarines con boleadoras y un espíritu de peña que transformó el pogo en una celebración bien argentina.

Incluso subió al escenario el dúo Miranda! para interpretar juntos Que Nadie Sepa Mi Sufrir. Y cuando llegó el momento de A Don Ata, la Sole encendió su ya clásico “Ponchopalooza”, revoleando el poncho frente a un público completamente entregado.
Otro momento político llegó con la banda chilena Candelabro, que proyectó visuales contra líderes de ultraderecha durante su show. La reacción del público fue inmediata: gritos de “chúpalo, Kast” resonaron en el predio en referencia al político chileno José Antonio Kast. También hubo referencias a Javier Milei y Donald Trump.
Candelabro usó visuales contra los políticos de ultra derecha durante su show en Lollapalooza, seguido de gritos de “chúpalo, Kast” pic.twitter.com/7kRhw3PXcG
— It Sounds Alternative #LollaCl (@itsoundsalt) March 14, 2026
Así, entre pop desbordante, folklore, teatralidad drag y mensajes políticos, el segundo día del Lollapalooza confirmó que el festival sigue siendo un espacio donde conviven universos musicales completamente distintos. Y donde, al menos por unas horas, todos logran coexistir en la misma pista.



