Crónica. Jorge Drexler y otra noche cordobesa para atesorar: aquí y ahora, con la maestría de siempre
El cantautor uruguayo presentó "Taracá", disco de reconexión con sus raíces, amalgamando belleza y altas dosis de emoción. Su vínculo con esta plaza, inquebrantable.
El domingo a la noche, y al igual que Ricky Martin en el Kempes, Jorge Drexler en el Quality Arena, ante la duda, bailó. Y al igual que el boricua en el estadio mundialista, el cantautor uruguayo pidió que ser feliz sea un acto de resistencia ante un mundo que se empeña en crisparse.
Ese loop de coincidencias (cartelera, baile, enfoque discursivo) sólo se rompió en la cuestión de los repertorios: mientras uno se basó en sus grandes éxitos (Martin), otro estrenó muchísima nueva música (Drexler). En concreto, este último expuso las canciones de Taracá, un disco que plasma su necesidad de reconexión con sus raíces familiares-musicales y que, precisamente por eso, se enfoca en el candombe.
En este aspecto, Drexler no sólo contrastó con el puertorriqueño, sino también con su misma versión de hace tres años y en el mismo espacio: si para la presentación de Tinta y tiempo (su disco de 2023) pensó un espectáculo con un guion empoderado por un diseño lumínico de vanguardia y música en vivo electroorgánica, para Taracá optó por algo más descontracturado y con tanto énfasis en la pulsión humana que lo llevó a intensificar sus habituales y enriquecedoras alocuciones entre tema y tema.
Los miembros de la nueva banda de Jorge Drexler
Un aspecto para reivindicar a Drexler: sus visitas siempre traen cosas nuevas, entre las que se destaca una banda formada para la ocasión, una banda ad hoc.
En esta oportunidad, trajo a la madrileña Ale López, una contrabajista deslumbrante que, además de entregar solos lisérgicos, cantó como los dioses; al guitarrista valenciano y viejo compañero Vicent “Huma” Miñana, que siempre matiza con el arpegio (o el ataque) preciso; al catalán Marc Pinyol en batería y eventualmente en tambor chico; a la percusionista valenciana Eva Catalá, quien domina la clave esencial del candombe en el tambor repique como si hubiera nacido en Montevideo, y a la cantante madrileña Miriam “LaTrece” Sánchez, con quien contrapunteó en la milonga de aires flamencos Cuando cantaba Morente.
Por supuesto, para recrear un repertorio candombero hacen falta compatriotas, y Drexler los tuvo. Ellos fueron la cantautora canaria (gentilicio de Canelones, ojo) Florencia Gamba, que reprodujo la participación de Young Miko en el conmovedor Te llevo tatuada; y al tamborero Julio Sanrizz, uno (como el mismo Drexler) de los 450 mil uruguayos que viven fuera de su país y que percutió con palmas y dedos el tambor piano.
Ya que nombramos al tambor piano, vale situarse en el momento en que Sanrizz pasa al frente para estar en el centro de una cuerda de tambores en la que Pinyol percutió el chico y Catalá el repique.
La interpretación del tema El tambor chico fue una parte fundamental del concierto, por cuanto en ese momento Drexler reveló los fundamentos del título Taracá, al que le dio estatus de “neologismo” luego de una explicación pedagógica que, de algún modo, reveló una vez más que este artista puede convertir en canción cualquier estímulo vital. O resignificar una onomatopeya percusiva para aproximarse a su propio tránsito por este mundo, que ya pasó la barrera de los 60 y que lo encuentra con sus padres en otro plano.
El tramo inicial extendió la clave murguera que el público agitó con palmas antes del inicio con Toco madera, pero inmediatamente se movió hacia el medio tiempo ¿Cómo se ama? para exponer las sutilezas de la banda de acompañamiento y las dudas que se plantean para la conquista del otro, al punto que se concede la posibilidad de mirar tutoriales para saber cómo se hace.
Luego de filosofar sobre la IA en ¿Hay alguien A.I.?, el universo de Taracá le dejó espacio a una seguidilla de exitazos de la canción iberoamericana de este siglo: Transporte, Telefonía y Polvo de estrellas. En la previa del último título, hubo una referencia de Drexler al Artemis y a la posibilidad de sus tripulantes de contemplar el punto celeste en el que se convierte nuestro planeta desde el espacio, sin poder entender los despropósitos que se llevan adelante en él. Fue entonces que enfatizó eso de “Vale/ una vida lo que un sol/ vale”.
Jorge Drexler, ¿rapero?
A la hora de Tocarte, Drexler movió su mano izquierda como si fuera un rapero consumado, y acaso ya lo sea, teniendo en cuenta que la rima y el flow son sustanciales en su expresión, y que sus feats con las nuevas figuras de la doble h son cada vez más frecuentes.
Las palabras (la canción que lleva ese título) no hizo más que recordarnos su maestría cuando experimenta con texto y música para sugerirnos que “busquemos sutileza en el palabrerío” y que “honremos cada letra de lo que se dice”; al cabo, lo que no hacemos cuando nos enmarañamos en las profundidades de lo que se conoce por “conversación social”.
Duelo de hinchadas en el concierto de Jorge Drexler
Esa fue la antesala del momento disruptivo de la presentación de Taracá: micrófono en mano, Drexler caminó por el lateral exterior del Qualitiy Arena para situarse en un set minimalista montado en la parte posterior del venue. Allí rapeó Mi guitarra y vos luego de manipular un dispositivo. Proyectado en pantallas laterales, generó un efecto similar al de Justin Bieber en Coachella unas horas antes. También allí interpretó la zamba Soledad, mientras López lo acompañaba desde el escenario central, y Al otro lado del río a capela.
Drexler extendió tanto su estadía en ese set que sintió que debía pedir disculpas a los espectadores de las primeras filas, quienes pagaron la entrada más cara con la idea de tenerlo cerca todo el tiempo. Fue entonces que se produjo un interesante duelo de hinchadas. Mientras los del frente cantaban “¡¡¡Que vuelva!!!”, los del fondo contestaban “¡¡¡Que se quede!!!”. Al “¡¡¡Que se quede!!!” Drexler lo entendió “¡¡¡Se te quiere!!!”, equivoco que lo llevó a cantar Amar y ser amado.
En sus intervenciones para dar contexto, Drexler volvió a demostrar que es un gran narrador, un gran storyteller.
En este aspecto reincidió con cómo lo reclutó Joaquín Sabina a comienzos de los ’90 para llegar después de unos minutos a cómo, a cinco días de llegar a España, vio a Enrique Morente cantar en una cueva de Albaicín (Granada). Y luego repitió la súplica marcada al comienzo de esta crónica cuando llegó Nuestro trabajo, otro punto alto de Taracá: ser felices es una forma de resistencia.
Se acepta la sugerencia de rebelión desde la alegría, aunque podríamos agregarle el derecho al descontento cuando los líderes nos empujan al abismo. No es refutar un derecho, para nada. En todo caso es agregarle otro cuando la cosa (sociopolítica) no da para más.
Y si esa cosa llega a ponerse áspera, sabemos que Jorge Drexler estará del lado correcto.
Las fotos del concierto de Jorge Drexler en el Quality Arena
















