Entrevista. Jorge Drexler, con disco orgánico y de reconexión: Mi trabajo es combatir la deshumanización

El cantautor uruguayo se explaya sobre “Taracá”, la obra que presentará en Córdoba en abril. Candombe, cercanía y la valentía de dar opiniones sobre este mundo convulso.

15 de marzo de 2026 a las 11:07 a. m.
Jorge Drexler, con disco orgánico y de reconexión: Mi trabajo es combatir la deshumanización
Jorge Drexler, piensa y mira fijo. Con "Taracá", el cantautor uruguayo reconecta con sus raíces tras 30 años de autoexilio español.

Jorge Drexler publicó hace unos días Taracá, un disco de reconexión con su tierra y sus orígenes que, además, le permite expresarse sobre otras cuestiones. Entre tantas, se destacan el desconcierto del cantautor uruguayo ante el amor atravesado por el nuevo orden digital (¿Cómo se ama?); su reivindicación de lo urbano tras un relevamiento histórico-analítico de la suerte corrida por músicas parias censuradas cuando no prohibidas (Ante la duda, bailá), y una probable referencia a su propia contribución a la música iberoamericana en Las palabras.

En esa canción, se le oye: “Usemos las palabras para dar matices/ busquemos sutileza en el palabrerío/ honremos cada letra de lo que se dice/ tiene infinitos grados la escala de grises/ como infinitos cauces la palabra río”. En fin, excelencia en la administración expresiva de poética, chispa y sensibilidad. U otro destello de un espíritu incansable de búsqueda y experimentación con la música y las letras.

“Sus textos, inspirados en diferentes áreas del conocimiento, son poliédricos y se sumergen en el mundo de la poesía o la ciencia por igual", dice un perfil oficial.

"Con especial pasión por la prosa, el verso, las décimas y la palabra; además de su personal destreza para expresar las emociones de las personas, que se suma a su voluntad férrea de tender puentes entre las diferentes culturas y buscar el nexo y la empatía entre todas las sociedades del mundo moderno”, añade un texto que podría oponerse al empoderamiento conceptual de la IA. Sobre eso también canta Drexler en Taracá; en rigor, alude al proceso deshumanizante de la inteligencia artificial en ¿Hay alguien AI?

Claro, el montevideano lleva la sigla al inglés (Artificial Intelligence) con fines de rima.

Pero tal como se expresó arriba, en Taracá (que presentará en Quality Arena, el domingo 12 de abril) la cuestión nodal es volver a las fuentes. “Taracá es una posible onomatopeya del sonido del patrón rítmico fijo que produce el tambor chico, uno de los tres tambores del candombe, quizás el más extendido de nuestros ritmos afrouruguayos”, comienza Drexler sobre los disparadores de una obra realizada casi en su totalidad en Montevideo.

“En su forma más común, un golpe de mano acentuado (Ta) va seguido de dos golpes de palo (Ra-Ca), con la salvedad de que el acento de la mano no cae en el primer tiempo del compás (el más fuerte, la ‘tierra’), sino una semicorchea después”, añade.

Luego Drexler explica que este desplazamiento genera un efecto rítmico desconcertante, tanto en quien lo toca como en quien lo escucha. “El eje rítmico parece estar ‘movido’, ‘dado vuelta’ –precisa–. Siempre me fascinó el hecho de que el tambor que sirve de metrónomo, de reloj, de andamiaje temporal, señala la tierra del compás, sin tocarla, evitándola, rodeándola”.

“Su latido repetido, desplazado y uniforme produce así una desarticulación del lenguaje conceptual del ritmo. Una especie de paradoja temporal que a mí siempre me impulsó hacia el aquí y ahora. No sé si ese sentimiento es compartido y no puedo decir mucho más porque estoy muy lejos de entender cómo funciona un sistema infinitamente complejo, como es la maravillosa polirritmia hipnótica del candombe”, se explaya.

“Cuando le pregunté a Facundo Balta (quien, a pesar de su juventud, vive el candombe más de cerca que yo, desde el barrio y desde su familia) qué opinaba de esa onomatopeya, me dijo: ‘¡Está bien! ¡Porque suena a ‘estar acá’!’ Ahí se me abrió un mundo, porque pude establecer el vínculo entre varios puntos que antes estaban sueltos”, revela.

Jorge Drexler actúa en Córdoba el mismo día que Ricky Martin.
Jorge Drexler actúa en Córdoba el mismo día que Ricky Martin. (Prensa Jorge Drexler)

Aquí y ahora

En la continuidad de su fundamentación, Jorge Drexler apunta que, en primer lugar, “Tar acá” es una aféresis (pérdida de sonidos al comienzo de una palabra) rioplatense de “Estar acá”.

“Yo solamente uso esa expresión y el adverbio de lugar ‘acá’ cuando estoy en Uruguay –asegura–. Tiene para mí, por tanto, algo de cercanía familiar, de casa, de presencia afectiva. Resume también de alguna manera la necesidad que tuve de volver después de mucho tiempo a grabar acá, en Uruguay, por muchas razones personales”.

“De ahí se extendió a ‘Estar acá y estar ahora’, refiriéndose a la expansión del presente, el trance rítmico, espiritual, valiosísimo, que África a través de la práctica del candombe le regaló a la sociedad uruguaya”, completa el artista que ya pasó la barrera de los 60 años.

Con Taracá lo suficientemente escuchado, y con Drexler disponible vía Zoom, se le puede señalar una continuidad del concepto subyacente en Bailar en la cueva (2014). Por ese contenido orgánico vindicativo de lo tribal, de lo primal. “¿Sabés que sos la segunda persona que me lo dice en esta rueda de entrevistas? No me había dado cuenta de que tenía un elemento claro en común con Bailar en la cueva”, suelta Drexler.

“Puede ser no solo por el énfasis rítmico, sino también por el monopolio de un patrón rítmico”, concede a continuación.

Y luego precisa: “En Bailar en la cueva tenía una obsesión con la cumbia y ritmos colombianos en general. Escribí casi todo ese disco con un loop muy básico de cumbia que usaba como metrónomo. En este disco pasó lo mismo, pero con el candombe; escribí con un loop básico que luego fue sustituido por tambores de verdad para darles impulso rítmico a las melodías. Sin embargo, yo veo un puente de familiaridad mayor entre este disco y Frontera (1999)”.

–¿Por qué?

–Porque aquel fue un disco identitario en el que volví a grabar en Uruguay tras cinco años en España. Me di cuenta retrospectivamente de que ambos coinciden con un cambio de estatus familiar: en Frontera pasé de ser solo hijo a ser padre; y este es el primer disco que hago habiendo fallecido mi mamá y mi papá. En esos cambios de estado, uno siente la necesidad de recurrir a un territorio seguro y a la memoria. Además, ya cumplí 60 años de edad y 30 años viviendo en Madrid. Ese potencial de desarraigo da miedo y sentí que tenía que volver a Uruguay y a la región.

La suerte, tentada

Frontera fue el disco cuya promoción le permitió a este cronista entrevistar por primera vez a Jorge Drexler, allá por 1999. Fue en el lobby del hotel Panorama, con personas hormigueantes que jamás imaginaron que ese artista de 35 años entrevistado por un periodista de 30 se convertiría en un gigante de la canción testimonial en nuestro idioma.

Por entonces, Drexler llevaba un lustro de autoexilio madrileño alentado por Joaquín Sabina. Ahora, a 27 años de aquel encuentro, y con un disco que tiene un tema sobre la superstición como corte (Toco madera), vale preguntarle si acostumbra a tentar la suerte.

La consulta se sustenta, básicamente, porque su vida podría haber sido otra si no hubiera tomado la decisión de aceptar el convite de Sabina e irse a Madrid. Quizás, hoy sería un otorrinolaringólogo respetado que publica discos hermosos cada tanto, para el deleite de una inmensa minoría.

“Creo que soy más bien una persona insistente y ‘cabeza dura’. Cuando quiero que algo pase, me concentro y trato de llevarlo en un proceso estratégico”, contesta.

“Antes de irme a vivir a España, a los 30 años, invitado por Joaquín Sabina, el dilema vocacional ocupaba el 70% de mi trabajo cerebral. ‘¿Dejo la medicina? ¿Hago las dos cosas?’. Esas eran las preguntas que me hacía. Si hubiera hecho un golpe abrupto, me habría precipitado. Esperé hasta que hubo una chance clara”, contextualiza.

“Visto ahora, fue una locura tirar por la borda 10 años de carrera en la misma profesión que mis padres, pero lo fui montando como un arco romano: vas poniendo piedras y cuando metés la última, sacás la caja y queda entero de manera irrevocable”, remata.

–Una pregunta sobre (el tema) “Ante la duda bailá”. Siento que ahí habita una fundamentación de tu defensa a la música urbana. Pero te llevo para el lado Bad Bunny de la vida: ¿tu Super Bowl fue cuando recibiste el Óscar de manos de Prince y te sublevaste ante el imperativo gringo de que no se podía cantar en español en esa ceremonia? ¿Podés trazar ese paralelismo?

-Sí, lo puedo trazar ahora porque me lo señalan todo el tiempo. El punto en común es la consagración de un idioma dentro de un país que no tiene más remedio que ser bilingüe; la gente empieza a considerar obras en castellano como parte integral de su cultura. Sobre lo de los Óscar, fue como un cachetazo delicado con guante blanco. No me gusta quejarme ni señalar con el dedo, prefiero celebrar y cantar con sentido del humor.

–“Las palabras" define tu modo expresivo. Esa es mi modesta opinión. Allí cantás “sutileza en la palabrería, interpretar la escala de grises”, algo que siento equivalente al ceratiano “sacar belleza de este caos/ es virtud”. ¿Acordás?

–Sí, puede ser un ars poética. Busqué la definición y es justamente un género donde un poeta reflexiona sobre sus principios de creación y técnicas de escritura. Tenés razón, no me había dado cuenta. Las palabras era para mí una canción sobre el hecho de la palabra, pero se vuelve aseverativa, como quien da consejos. Por eso no podía musicalizar esa letra que estaba escrita hace años. Al final, pude cantarla cuando entendí que esa voz tenía que ser como el coro en la tragedia griega, la voz de la conciencia popular, que en Uruguay se llama "murga". Por eso llamé a Falta y Resto.

Opiniones y valentía

Además de todo lo expuesto y analizado, Taracá tiene una consideración sobre el mundo convulso que habitamos. Está en la canción Nuestro trabajo/ Los puentes, donde se encadenan los versos “Se preguntarán qué es lo que hacemos cantándole al amor/ mientras el mundo se va al carajo/ Ni más ni menos que/ Nuestro trabajo”.

Lo expresa Jorge Drexler, claro, un artista que cuando tuvo que referirse al conflicto israelí-palestino, lo hizo llamando las cosas por su nombre.

Por caso, cuando se produjo el atentado de Hamas a Israel en octubre de 2023, él debía ofrecer un concierto en el porteño Movistar Arena, en cuya previa publicó un mensaje titulado El péndulo del Terror. En él, llamó “terrorismo de la peor calaña” al accionar de Hamas, al que además calificó de “horda teocrática, misógina, antisemita, homófoba y retrógrada”.

“Lo sabíamos ya. Ahora ya nadie debería tener dudas. Hamas no es más que un enemigo más de los palestinos”, amplió con la misma determinación con la que calificó de "genocidio" a la reacción israelí.

“Di opiniones al principio ante la monstruosidad de lo que pasó, pero he dejado las opiniones fuera del disco”, le dice ahora a La Voz.

“Tengo una canción que se llama Nuestro trabajo/ Los puentes, donde digo que la gente no viene por mis opiniones. No soy politólogo ni analista geopolítico. Lo que sé es hacer puentes y mantenerlos abiertos. El conflicto empieza por la polarización y la deshumanización del diferente. Mi trabajo es combatir esa deshumanización; es tan importante como dar opiniones”, desarrolla.

“Me han dado palos de los dos lados por intentar contextualizar, lo cual es casi una buena señal. Hay que sentir el dolor del otro y que te duelan los muertos de todos. Sobre el amor, ya tengo la Milonga del moro judío y El fin y el medio. No tengo mucho más que agregar”, finaliza.

En vivo

El próximo domingo 12 de abril, en Quality Arena, Jorge Drexler presentará Taracá, su nuevo disco. Las entradas, disponibles en qualitycenter.com a estos precios: $ 150 mil, $ 140 mil, $ 120 mil, $ 100 mil, $ 95 mil, $ 85 mil y $ 70 mil. Los palcos VIP, en tanto, cuestan $ 200 mil. En todos los casos, hay que sumar el costo por servicio.