Estreno. Fito Páez presentó Shine: una caída de cuatro escalones que lo cambió todo

En un estudio de Chacarita, el rosarino presentó su nuevo disco frente a periodistas y con la marca todavía fresca de la noche anterior en el Movistar Arena. Lo que siguió fue una escucha, un corto y un relato sobre la muerte, los opiáceos y volver a vivir.

21 de mayo de 2026 a las 11:49 p. m.
Fito Páez presentó Shine: una caída de cuatro escalones que lo cambió todo
Fito Páez en Shine.

La fila llegaba hasta la vereda en Chacarita. El frío de mayo no apretaba demasiado y la espera fue llevadera, aunque la energía que hubo afuera del estudio U House no fue exactamente la de un evento de prensa convencional.

Había algo en el aire que mezclaba curiosidad con cierta tensión residual. La noche anterior, Fito Páez había surfeado su cuarto show en el Movistar Arena entre aplausos y abucheos. ¿Hablaría del tema? No se sabía, por el momento, solo se trataba de Shine.

Arte de tapa de Shine.
Arte de tapa de Shine. (Prensa Fito Páez)

Al llegar, los periodistas acreditados recibieron dos cosas: una pequeña perla misteriosa (que más tarde resultó ser simplemente el mecanismo para verificar acreditaciones) y un booklet con lista de temas, fotos, letras y créditos del disco y del corto que lo acompañó.

El umbral

Las luces de la antesala pintaban las paredes de verdes. Había un patio de estilo industrial con un photocall armado con el arte del disco, en blanco y negro, disponible para quien quisiera llevarse una imagen.

Después de un rato largo de espera, los periodistas comenzaron a pasar. Un primer pasillo los recibió con fotos de Fito en blanco y negro, afiches con sus letras, una propuesta que tuvo algo de muestra callejera. Luego, otro pasillo con cortinas azules. Y finalmente, el gran estudio.

Las pantallas enormes proyectaban lo que simuló ser un telón azul. La música de fondo era de cámara, dramática. Sirvieron tragos. Las bandejas con tentempiés recorrieron la sala mientras la gente hacía sociales. En un momento, alguien rompió una copa. Sofía Gala, ¿la novia de Fito? o como sea que quieran llamarle al vínculo, alzó la voz en broma: "Son las 8 de la noche, paren un poco". La gente alrededor se rió.

Hojeando el booklet, cayó una ironía que fue difícil no notar. Páez hablaba allí de los signos de los tiempos, de cómo la humanidad se estaba dejando morir por el algoritmo, del momento viral como forma de experiencia, y de cómo soltar el celular podría ser una forma de renacer. La noche anterior, varios de sus fans habían subido videos de sus silbidos al instante. Sincronicidad.

Todos los Fitos

Las luces se apagaron y la música también. En las pantallas apareció Todos los Fitos, dirigido por José Fogwill. En él corto convivieron cuatro versiones del artista: el Fito de los 68, encarnado por Juan Cottet; el de Circo Beat, protagonizado por su propia hija Margarita; el de RRR, interpretado por Pablo Sigal; y el Fito Shine, el de ahora, al que se interpretó a sí mismo. Los cuatro improvisaron, dialogaron, se pasaron factura. Se encontraron en uno.

Todos los Fitos. Cortometraje de José Fogwill.
Todos los Fitos. Cortometraje de José Fogwill. (Prensa Fito Páez)

Cuando terminó el corto, Páez entró entre la gente. Pantalón negro, polera del mismo color, saco de cuero e icónicos lentes de marco grande y blanco. Se sentó en una silla ubicada sobre una pastilla que funcionó como pequeño escenario y, desde allí, empezó a hablar.

El relato

Fito habló sin papeles, sin estructura, con la fluidez de alguien que llevaba meses procesando lo que estaba a punto de contar.

Empezó por Lennon. Recordó una entrevista en la que le preguntaron al beatle cómo hacía las cosas y él respondió, con sencillez, que hablaba de lo que conocía: sí mismo.

"Me pareció muy hermosa la frase, sobre todo en un momento del mundo donde la primera persona estaba casi cancelada en las artes porque el argumento era que alguien que hablaba de sí no tenía imaginación", dijo Páez. "Como tantas cosas, el arte ha dado pruebas, en infinidad de momentos, de que muchos artistas no hubieran podido hacer sus obras si no hubieran vivido".

Fito Páez presentó Shine.
Fito Páez presentó Shine. (Guido Adler)

Después llegó el centro de todo. "Estaba terminando Novela en Madrid y, una mañana, me caigo de una escalera. Cuatro escalones. Me hice 11 quebraduras en 9 costillas. Fue todo un mes de internación, opiáceos, todo. Sucedió algo que no había vivido nunca, que es haber estado colocado realmente en el comienzo de la tercera etapa, en una situación de máxima vulnerabilidad ante la muerte. Redimensionás todo."

La palabra que usó para el proceso que siguió fue precisa: reconstrucción. O, con cierta cautela, renacer. "Cuando salís de allí y empezás la tarea de reconstrucción o de posible renacer, porque hay probabilidades de que no suceda, hay una pulsión en mí que tiende a eso. Pasaron muchas cosas en el medio pero de lo que trata el album es exactamente de lo que puso José Fogwill: un renacer".

De regreso en Buenos Aires, llamó a Diego Olivero, su compañero de laboratorio musical. Compuso cuatro músicas desde la guitarra, algo que no hacía hacía mucho tiempo. Se fueron a un pueblo al sur de Brasil, los dos solos. En diez días tuvieron el disco.

La austeridad como decisión

Shine tuvo trece canciones y una lógica compositiva que Páez describió como deliberadamente austera. "Decidí quitar un montón de instrumentos, decidí desbarroquizar la música. Salvo el tema Universo, que es una dedicatoria a la memoria de mi hermano Pablo Milanés. Voy a seguir en ese camino porque me interesa muchísimo. Empezar a hacer lo que hizo Miró, que terminó pintando como un niño de más grande, no es tan sencillo", aclaró.

La grabación fue en Los Ángeles, en tres días, con toda la banda en el estudio Iglú. En vivo, un tema por día. "A la mierda el ProTools, todo lo que a veces uno incorpora en la inercia. Es un disco tocado en vivo, literalmente. Grabado en vivo. Estaba todo claro lo que había que hacer", exclamó.

El título llegó tarde. El disco estuvo a punto de llamarse Hablame, que es también el nombre del instrumental que abrie y cerra la obra, y que nació de un mensaje de WhatsApp de Sofía Gala. "Tenía humor, era una orden, una sentencia. Me intrigó eso y, como forma parte de nuestro vínculo, me pareció importante ese 'hablame' por todo lo que transmite", destacó Fito. Al final ganó Shine: palabra corta, declaración de estado. "Tiene mucho que ver con cómo me siento ahora".

Cerró el relato con una dedicatoria a la hija de Moria Casán: "Por su compañía, por su amor, por sus charlas, por la comprensión de este momento complejísimo que atravesamos juntos". Le dio un besito. El aplauso fue caluroso y genuino. De lo sucedido en el Movistar, ni una palabra.

Fito Páez presentó su nueva era, Shine.
Fito Páez presentó su nueva era, Shine. (Guido Adler)

La escucha

Lo que siguió fueron los trece temas de Shine en el orden en que aparecieron en el disco. Hablame I, Girl T-Rex, el tema que dio nombre al álbum, Nuestro templo, Prueba de amor, Río místico, Hablame II, Las fuerzas armadas del amor, Planeta azul, La esquina del sol, El honor de los lobos, Universo y Hablame III.

Track list de Shine, el nuevo disco de Fito Páez.
Track list de Shine, el nuevo disco de Fito Páez. (Prensa Fito Páez)

En disco tiene mucho de los 70, mucho de Lennon, mucho de The Beatles en su sentido más amplio. Shine tiene optimismo y épica, pero también intimidad. También la emoción del homenaje a Milanés. Y hubo algo que, en el frío vacío del mundo actual, sonó casi anacrónico: la convicción de que todavía vale la pena hacer ruido, bailar y estar vivo.

Shine es eso. Una declaración urgente ante la alienación y el entumecimiento, como el propio Páez lo definió. Un disco que milita el amor y la reflexión; y la prueba de que cuatro escalones, en las circunstancias correctas, pudieron cambiarlo todo.