Villa Dolores. Una sala llena y una ovación para abrir el ciclo Potencia

Después de la obra Consagrada, el ciclo continuará en abril con Un tiro cada uno y en mayo con Suavecita, tres obras que buscan traer al interior cordobés algunas de las propuestas más estimulantes del teatro contemporáneo nacional.

10 de marzo de 2026 a las 03:54 p. m.
Guadalupe Pedraza
Una sala llena y una ovación para abrir el ciclo Potencia
"Consagrada", en el teatro Español de Villa Dolores.

Minutos antes de que se abrieran las puertas, la fila ya serpenteaba por la vereda. Algo estaba por pasar en el teatro Español de Villa Dolores. Y pasó.

Cerca de 350 personas colmaron la sala centenaria para ver Consagrada, el unipersonal de Gabi Parigi, que inauguró el ciclo Potencia y convirtió la noche en una pequeña fiesta cultural en el corazón del valle.

El teatro, con más de cien años de historia, brilló como en sus mejores tiempos. Familias enteras, artistas, estudiantes y espectadores llegados desde Villa Dolores y localidades cercanas se mezclaron en una platea expectante y bulliciosa.

Entre el público se destacaban también varias niñas y adolescentes gimnastas, atentas a cada movimiento de una obra que dialoga directamente con su universo.

La función abrió el ciclo “Potencia: tres meses, tres obras, tres miradas del presente”, impulsado por la productora independiente Las Fulop —integrada por Verónica Reffo, Mariana Cabrol y Lucía Liuzzi—, un trío de gestoras y artistas que viene apostando por una forma de programación cultural sensible al territorio, con una mirada fresca, empática y algo irreverente sobre la gestión cultural.

En escena, Parigi construye una presencia física atrapante que capta toda la atención. Exgimnasta de alto rendimiento, la intérprete transforma esa experiencia en material escénico.

Consagrada propone una mirada singular sobre la relación entre el deporte, el cuerpo y la salud. Hay poesía en la repetitiva cotidianeidad de los entrenamientos y, al mismo tiempo, una luz crítica sobre el costado absurdo y peligroso de poner una medalla por encima del bienestar físico y emocional.

La obra repasa con humor las distintas peripecias que hace una gimnasta artística.

Trabaja con la memoria del cuerpo. Con la respiración acelerada de los momentos previos a competir. Con la tensión muscular, los gestos mínimos, el rostro que intenta contener un torrente de emociones. Parigi condensa todo eso en una fisicalidad intensa que traduce en escena lo que muchas veces queda oculto detrás de la estética perfecta del deporte de alto rendimiento.

La ovación fue inmediata. Pero la noche no terminó ahí.

Cuando se encendieron las luces, gran parte del público decidió quedarse. Durante unos cuarenta minutos se desarrolló una charla abierta que prolongó la experiencia más allá de la obra. Hubo preguntas, comentarios, risas y reflexiones.

El clima fue cercano, cálido, casi festivo. Varias chicas se acercaron después para pedir autógrafos, sacarse fotos o simplemente agradecer y darle un abrazo a la artista.

Entre palabras, abrazos y gestos de complicidad, la velada terminó de sellarse como lo que había sido desde el comienzo: un encuentro real entre escena y espectadores. Una comunión poco frecuente entre artista y público.

La primera noche de Potencia dejó así una foto y una energía muy arriba: una sala llena, una comunidad participativa y el entusiasmo palpable de un público que quiere ver teatro.

Un buen augurio para el ciclo, que continuará en abril con Un tiro cada uno y en mayo con Suavecita, tres obras que buscan traer al interior cordobés algunas de las propuestas más estimulantes del teatro contemporáneo nacional.