Luto. Murió Emilio Basaldúa, escenógrafo, vestuarista y exdirector del Teatro Colón
El artista participó en la película Tango, de Carlos Saura, que representó a Argentina en los premios Oscar de 1998, y ganó el premio Konex y el Cóndor de Plata.
El lunes 13 de julio se conoció la noticia de la muerte de Emilio Basaldúa, a los 84 años. Fue un reconocido escenógrafo, vestuarista y arquitecto que supo liderar el Teatro Colón y dejar una huella imborrable tanto en la ópera como en el cine.
Su muerte marca el fin de una era para las artes visuales y sonoras del país, ya que su perspectiva transformó para siempre la estética de la escena nacional.
Desde las redes oficiales de la sala mayor, el homenaje no se hizo esperar: “Despedimos a un artista que supo construir mundos enteros con su mirada. Le agradecemos todo lo que le dio a este Teatro”, expresaron con gratitud desde el Colón, institución que Basaldúa dirigió artísticamente entre 2001 y 2002.
Del mandato familiar al deslumbramiento por el teatro
Nacido el 1 de noviembre de 1942, su destino parecía sellado por el apellido. Hijo del célebre pintor y escenógrafo Héctor Basaldúa, Emilio creció entre bastidores y pinceles.
Aunque su padre fue su gran influencia, el camino hacia el escenario no fue directo. Se graduó como arquitecto en la UBA, cumpliendo con un mandato que le resultaba ajeno.
“Como mi padre quería que tuviera un título, estudié arquitectura, que en los últimos años de facultad me aburrió mucho”, confesó Basaldúa años atrás durante una charla en la Fundación Proa.
En ese mismo encuentro, recordó cómo su vínculo con la sala de la calle Libertad nació en la infancia: “A través de mi padre fui al Colón desde muy chico. El Colón me fascinaba mucho, pero me parecía inalcanzable”.
Sin embargo, aquel mundo terminó siendo su hogar profesional, pasando de dibujante a director general y artístico.
Su legado en el cine
Su capacidad para entender el espacio lo llevó a brillar en el cine, donde participó en clásicos como Plata dulce, Los siete locos y Tango, la película de Carlos Saura que representó al país en los premios Oscar.
Para Basaldúa, el séptimo arte permitía una síntesis visual única: “Simbólicamente, para mí, de una manera algo casual, la arquitectura ha pasado a un segundo plano para dejar paso a la escenografía”, explicaba sobre su transición vocacional.

Ganador de galardones como el Premio Konex (2001), el Cóndor de Plata (1994) y el premio a la mejor dirección de arte del Festival de La Habana (1996), Emilio teorizó con lucidez sobre la naturaleza de su oficio, diferenciándolo de la solidez de los edificios tradicionales.
“En un punto creo que la escenografía es como una arquitectura construida ultrarrápidamente, algo se levanta en 10 días, y después desaparece”, apuntó.

