Teatro. Joaquín Furriel y su regreso a Córdoba con Ricardo III: La maldad hoy se oculta en las caras más hermosas

Una reinterpretación de un clásico shakespeariano llega a Córdoba con una puesta innovadora que busca desafiar al espectador con una visión contemporánea. Charla sobre la obra y el oficio de actuar, con su protagonista.

31 de mayo de 2026 a las 08:53 a. m.
Joaquín Furriel y su regreso a Córdoba con Ricardo III: La maldad hoy se oculta en las caras más hermosas
Joaquín Furriel, actor, en el streaming de La Voz en Vivo.

Joaquín Furriel entra al estudio de La Voz en Vivo con la parsimonia de quien ha caminado los escenarios más prestigiosos de Europa, pero con la cercanía de aquel pibe que todavía recuerda el olor de su barrio. No vino a Córdoba de paseo; vino a cumplir con un ritual que, según dice, es casi lo único que nos queda para ganarle la pulseada al algoritmo: el teatro.

Del 3 al 7 de junio, el escenario mayor del Teatro del Libertador será el epicentro de lo que promete ser uno de los eventos más intensos de la escena cultural de la provincia este año. Se trata de la obra La verdadera historia de Ricardo III, una versión libre de los catalanes Calixto Bieito y Adrià Reixach sobre el clásico de William Shakespeare (Ricardo III).

Pero no esperen calzas de época ni declamaciones rancias. Esta puesta, que Furriel impulsó personalmente junto al director catalán –uno de los tres directores de ópera más importantes del mundo hoy–, es una disección brutal de la maldad contemporánea.

Un hallazgo histórico

La obra parte de un dato arqueológico que cambió la historia: en 2012, debajo de un estacionamiento en Leicester, aparecieron los restos del verdadero Ricardo III. El hallazgo reveló que el rey no era el monstruo deforme y jorobado que Shakespeare retrató para congraciarse con la dinastía Tudor, sino un hombre físicamente normal.

“El director me dijo que si lo hacíamos como un monstruo físico, ni el teatro infantil lo sostenía hoy. La maldad ahora se oculta en las caras más hermosas y hegemónicas", reflexiona Furriel, dejando en claro que su Ricardo III es un espejo incómodo de los tiranos modernos, de la ceguera por el poder y la manipulación de la verdad.

Con un despliegue que incluye hasta un Torino bajando del cielo en pleno Teatro del Libertador –un dispositivo escénico que Furriel exigió que también sea incluido en la función en Córdoba–, la obra es un estímulo constante que busca interpelar tanto al erudito como al que nunca pisó una platea.

En una charla que recorrió desde la geopolítica del streaming hasta una suite privada en China con Rihanna, Furriel se muestra como un actor que, aun siendo “cara de marca internacional” en Shanghái, no olvida que su combustible es la creatividad argentina, esa que improvisa y resuelve donde el presupuesto europeo se rinde.

Joaquín Furriel, actor, en el streaming de La Voz en Vivo.
Joaquín Furriel, actor, en el streaming de La Voz en Vivo. (Nicolás Bravo / La Voz)

–¿Qué esperás de este reencuentro con el público cordobés bajo este formato tan ambicioso?

–Estoy feliz, de verdad. Tenía la chance de ir a ver el Mundial de fútbol, pero me llamaron para decirme que estaba la posibilidad de una gira nacional y de ir al festival Grec en Barcelona con esta obra, y no lo dudé. Así que el Mundial lo veré por tele; yo amo hacer esta obra, me vuelve loco. Además, estrenar la gira en Córdoba en el Teatro del Libertador es un lujo. Anoche el productor me mostraba cómo venía la venta de entradas y me puse muy contento porque quedan pocas plateas. El Libertador tiene una técnica espectacular, la gente que trabaja ahí sabe todo y le pone un amor que cambia la ecuación. Para mí es importante que los cordobeses vean la misma puesta que se hizo en Buenos Aires, con el Torino incluido, porque no es una obra que suela salir de gira por su complejidad escénica.

–Hablás mucho de la "mística" del actor argentino y de cómo directores como Calixto Bieito se quedan mudos al verlos trabajar. ¿Qué es ese "combustible" del que hablás?

–Es algo alucinante. Calixto acaba de estrenar una obra en Zúrich con el elenco que él quiso de Alemania y me llamó hace cuatro días para decirme: "Tengo un solo actor de toda la compañía que podría estar en la de ustedes". Los extraña horriblemente. Hay algo de nuestra realidad, de nuestra idiosincrasia, mezcla de italianos, españoles, judíos, sirio-libaneses y pueblos originarios, que nos da un poder de creatividad único. Nosotros nos adaptamos muy rápido a los cambios de realidad porque no nos queda otra. Ese contexto termina siendo un combustible artístico. Cuando Calixto terminó el primer ensayo con los actores argentinos, se me acercó y me dijo: "Me sobra una semana de ensayo". No podía creer la velocidad con la que resolvemos.

Joaquín Furriel, actor, en el streaming de La Voz en Vivo.
Joaquín Furriel, actor, en el streaming de La Voz en Vivo. (Nicolás Bravo / La Voz)

–Shakespeare parece ser tu lugar de pertenencia. ¿Qué tiene "Ricardo III" que nos sigue resonando hoy, cuatro siglos después de haber sido escrita?

–Hay muchos que dicen que Shakespeare inventó la humanidad tal como la pensamos. Romeo y Julieta es el amor; Hamlet es la duda, y Ricardo III es la ambición desmedida y el despotismo. Cuando leía la obra decía: "Esto se escribió hoy". Habla de cómo el poder ciega. En esta versión, nos metemos con la manipulación de la verdad. Ricardo III es un tipo que, como no tiene lugar en la fiesta del poder, decide hacer el mal para "ordenar" las cosas porque siente que los demás son unos tontos. Es una síntesis de lo que sentís cuando ves las noticias hoy y te angustiás.

–¿El teatro es hoy un acto de resistencia frente a la hiperconectividad?

–Totalmente. La presencia del celular hace que nuestra atención dure minutos. Hay gente que tiene una dependencia tal que, si se olvida el teléfono, siente que le falta un miembro del cuerpo. En el teatro, durante casi dos horas, estás ahí, sin el Fomo, sin mirar qué subió el otro a redes. Una vez bajé a la platea y vi a alguien filmándome. Le pregunté para qué lo hacía, si me tenía ahí enfrente en vivo. El teatro es un ritual que se revalorizó después de la pandemia porque es una experiencia colectiva.

De exportación

En los últimos años, Furriel ha cimentado una carrera como actor principalmente en España, trabajando en series y películas de alto calibre para Netflix, por ejemplo, como Cortafuego y El refugio atómico. De hecho, el año pasado estuvo muchos meses viviendo en Madrid (donde conoció a su actual novia, la abogada y ceramista Marta Campuzano).

–En comparación, ¿cómo ves la situación de la ficción en Argentina hoy?

–Está muy difícil, es una pena la falta de ficción en la TV abierta. Hay mucha gente que no tiene tarjeta para pagar Netflix y se queda sin historias. Pero además, estamos perdiendo una industria. Mirá el ejemplo de Corea del Sur: el Estado se juntó con los privados, armaron un polo audiovisual y unos años después ganan el Oscar con Parásitos y tienen El Juego del Calamar, una de las series más vistas a nivel mundial. No fue casualidad. En España el gobierno le da mucha bola al cine porque es un negocio que deja mucha guita. Acá, nuestra guita se está yendo a Uruguay porque no hay políticas claras. Los privados por sí solos no inventan una industria; en Estados Unidos la creó el Estado junto con los privados.

Joaquín Furriel, actor, en el streaming de La Voz en Vivo.
Joaquín Furriel, actor, en el streaming de La Voz en Vivo. (Nicolás Bravo / La Voz)

–En paralelo, se te nota un compromiso muy fuerte con que el teatro no sea algo "de elite". ¿Viene de tus raíces?

–Yo vengo de un barrio donde mis amigos no ven teatro habitualmente. Mi orgullo es cuando ellos vienen a ver Shakespeare y me dicen "entendí todo". No me interesa formar parte de una elite intelectual. Cuando era pibe, me fascinaba ver a Julio Bocca llenando la 9 de Julio; ese es el país que me gusta, donde lo popular tiene una calidad de excelencia. Yo aprendí mucho de la televisión, de entrar a la casa de la gente gratis con Montecristo, pero siempre entendí que la popularidad de la tele es efímera si no la respaldás en el escenario, donde la gente se toma el bondi o el subte y paga una entrada para verte ahí a pocos metros y actuando en vivo. Prefiero que me vean en el escenario y sientan que lo que hago parece fácil, aunque me haya matado trabajando para lograr esa sencillez.

Joaquín Furriel, actor, en el streaming de La Voz en Vivo.
Joaquín Furriel, actor, en el streaming de La Voz en Vivo. (Nicolás Bravo / La Voz)

–En ese contexto, vos también mantenés una coherencia desde hace años. Nunca te vimos en un "Bailando" ni en un "reality". ¿Es difícil cuidar tu carrera así?

–Me han llamado para muchos programas, incluso para MasterChef. Ahí casi voy porque me tentaba ser jurado invitado a probar la comida de la India que, por ejemplo, iba a hacer Claudia Villafañe. Como saben que yo viajo mucho, me llamaron, pero mi representante, Pedro Rosón –que tiene 81 años y representa a Darín o a Peretti–, me decía: "Si querés comer lo que hace Claudia Villafañe, llamala y andá a la casa, pero no vayas a la tele a hacer eso". Pedro es de la vieja escuela y me ayudó a tomar esas decisiones.

–Hablando de "mundos paralelos", ¿cómo llegaste en Shanghái a interactuar con Rihanna y ASAP Rocky, y que la reina del pop te invite a una fiesta en su suite privada?

–Fue rarísimo. Estaba en un evento de Moncler (una marca italiana de camperas de lujo) en China porque soy imagen de la marca. En esa mesa estaba ASAP Rocky, el marido de Rihanna, que estaba mal del estómago porque había probado comida picante. Yo no sabía quién era, y me puse a hablarle como si nada. Le conté una anécdota escatológica que tuve en un avión y el tipo se empezó a morir de risa. Al ratito vino Rihanna, él le dijo: “Este es el de la anécdota del avión”, y ella me miró y me dijo: “No lo puedo creer”. Pegamos buena onda y terminamos como quince personas en su suite privada, que tenía hasta un piano de cola. Yo me divierto en esos mundos porque no soy de ahí, pero como buen argentino, soy encarador y amiguero. Le vendí la Patagonia y todo a Anne Hathaway y Kevin Costner que también estaban en ese evento. Me faltó venderles los criollitos cordobeses. Me muevo con la misma comodidad en Shanghái que en un barrio de Buenos Aires porque, al final, somos todos humanos. La diferencia es que, detrás de esos nombres, hay varios ceros en su cuenta, pero son personas.

–Para cerrar, ¿por qué el cordobés no se puede perder esta versión de Ricardo III?

–Porque van a ver a un elenco extraordinario –Belén Blanco, Luis Ziembrowski, entre otros– en una puesta de Calixto Bieito que es un viaje sensorial. Van a ver una obra que habla de nosotros, de cómo la ambición nos puede cegar, y se van a llevar una experiencia que no te da ninguna pantalla. Los espero en el Libertador para compartir ese presente, que es lo más lindo que tiene mi oficio.

Para ver

La verdadera historia de Ricardo III, de miércoles 3 al domingo 7 de junio, a las 20, en el Teatro del Libertador. Con Joaquín Furriel, Luis Ziembrowski, Ingrid Pelicori, Belén Blanco, María Figueras, Marcos Montes, Luciano Suardi, Iván Moschner, Luis “Luisón” Herrera y Silvina Sabater. La adaptación es de Calixto Bieito (también dirige) y Adrià Reixach. Tickets en autoentrada.com.