Viene con "Tirria". Diego Capusotto: El humor sirve para naturalizar el horror
El actor habla sobre la obra de texto que lo traerá junto con un gran elenco a Ciudad de las Artes. Qué explicación le encuentra a la vigencia de sus sketches de sus viejos programas.
Hay algo en la voz de Diego Capusotto que suena familiar, como si lo que dijera a cada paso fuese una genialidad humorística, una verdad revelada sin anestesia (y a menudo las dos cosas a la vez). Mucho de eso dejó en una profusa charla telefónica con La Voz, días antes de regresar a Córdoba, una ciudad donde dice sentirse querido y a la que vuelve en plan teatral.
Esta vez, el desembarco es con Tirria, una pieza que transita su segunda temporada y que lo encuentra rodeado de un elenco de peso: Graciela Stéfani, Rafael Spregelburd, y un grupo que completa la mística de una historia de humor grotesco que refleja parte del transcurrir del país en clave de humor.
La obra, dirigida por Carlos Branca y escrita por la dupla Lucas Nine y Nancy Giampaolo, nos sumerge en la decadencia de los Sobrado Alvear, una familia patricia que, arruinada, finge viajar a Europa cada verano para terminar encerrada en baúles dentro de su propia mansión. En ese ecosistema de apariencias y de farsa, Capusotto encarna a Hilario, el criado fiel que custodia el secreto y el honor familiar, un personaje que parece haber sido tallado especialmente para su fisonomía actoral.

"Hilario me pareció interesante porque es un personaje que está medido hasta que deja de estarlo; se desencadena un poco en el final", adelanta Diego, dejando claro que no se trata de una comedia de gags rápidos, sino de una construcción compleja que bebe del grotesco rioplatense y del cine de "teléfono blanco" de los años '40. Para él, habitar esa familia que se cae a pedazos es un placer:
"Es una obra que instala una parte de la historia en Argentina y que además rebota en lo que está sucediendo ahora. No está hablando de la actualidad inmediata, no sé… de los celulares, pero nuestra historia siempre nos atraviesa. Es imposible no estar contando parte de lo que nos pasó y nos pasa”.
La obra ya estuvo en cartelera en la calle Corrientes, aunque Capusotto no la caretea y admite que por momento esa temporada fue dura.
“Estábamos en un horario complicado. Nos fue bien en el verano, pero en el invierno hubo que remarla. En la calle Corrientes hoy hay muchísima oferta y dos o tres obras se llevan casi todo el público; el resto la tiene que pelear. En cambio, salir de gira es otra cosa. En el interior estamos llenando y hay un deseo mayor de la gente por encontrarse con la propuesta. Córdoba siempre genera ese incentivo especial. Es una ciudad grande, con mucha cultura y, sobre todo, mucha cultura de humor. Ir allá no es ir a probar nada, es saber que nos vamos a encontrar con la gente”.

–Hablando de la realidad, es inevitable mencionar ese fenómeno de que "Capusotto ya lo vio" antes, que circula en redes. ¿Qué explicación le encontrás a que tus personajes de hace 20 años se hayan anticipado a tantas situaciones o fenómenos?
–No sé, uno simplemente hace las cosas y después repercuten de formas inexplicables. Nosotros hacíamos programas que tenían tres o cuatro puntos de rating, estábamos "ahí en el fondo", pero nunca nos importó porque no buscábamos el éxito masivo inmediato. Teníamos autonomía y hacíamos lo que teníamos ganas. Esos programas siguen vigentes porque eran buenos, así de simple. Hoy la realidad tiene mucho menos cuidado que la ficción. La realidad te pasa por arriba, te aplasta, y, mientras tanto, en la ficción todo el mundo anda pidiendo perdón por lo que dice por miedo a molestar a alguien. Yo no lo hago, no me interesa pedir perdón cada dos segundos.

–Hace poco hablaba con Pedro Saborido sobre cómo la realidad parece "correrles el arco" constantemente. ¿La realidad le gana al humorista?
–La realidad es mucho más siniestra y bruta que cualquier programa de humor. Nosotros podemos inventar un "programita" entre tres o cuatro voluntades, pero el plan de la realidad es mucho más siniestro, nefasto y devastador: beneficia a un grupo muy menor y deja afuera a un sector enorme. Frente a eso, el humor no existe. El humor es descartable, te reís y listo; la realidad no se puede descartar, es mucho más peligrosa y estúpida.
–¿Cómo fue estar bajo las órdenes de Álex de la Iglesia en la que será su próxima película, "Felicidades"?
–Fue muy intenso en el mejor sentido de la palabra. Hay algo desbordado de ese cine que también me interesa, y a la vez esta suerte de incertidumbre que no sabés cómo quedará hasta que no está montado. La película está en la cabeza del director, en este caso uno que se compromete, que le pone el cuerpo y le encanta hacer cine, eso se nota. Tuve muy buena relación con todos los compañeros.

–¿Consumís algo de humor actual? ¿Hay algo en el "streaming" o en las nuevas plataformas que te haga reír?
–No, nada. No escucho mucho, no veo mucho, no tengo la atención puesta ahí. Ahora, por suerte, estoy leyendo Crimen y castigo, que es un libro largo y maravilloso que me quita tiempo para cualquier otra cosa. Mi atención está más en el cine, en la música o en la lectura. Es simplemente una decisión.
–En lo rutinario vivimos situaciones “capusottianas” que uno dice: esto está para un personaje. ¿A vos se te siguen ocurriendo cosas de ese universo que creaste con Pedro Saborido?
–Sí, vos sabés que sí. Era un ejercicio que teníamos con Pedro cuando hacíamos el programa, de ir anotando. Lamento no hacerlo, pero porque no hacemos el programa y no sé si lo volveremos a hacer tampoco. Pero todo el tiempo se me están cruzando ideas. Pudimos hacer los programas que hicimos porque teníamos ese ejercicio de modificar la situación de la realidad, costumbres o elementos que pueden pasar en una reunión, poniéndolo rápidamente en un plano inverosímil o sorpresivo.
–En este mundo tan aturdido por la tecnología, ¿qué opinión te merece la IA?
–(silencio prolongado) ¡La inteligencia anal! Está bien, el ano merecía tener inteligencia también. Es lo único que voy a comentar al respecto.
–Decís que el humor sirve para "naturalizar el horror". ¿Esa es la función final de lo que hacés?
–El humor es naturalizar lo que está mal, lo que no soportaríamos en lo cotidiano. Lo afrontás a través de la risa y te parece menos grave de lo que realmente es. El humor desmitifica creencias y discursos. Es un lenguaje fantástico, casi como la literatura, que te permite tirar toda la mierda y reírte de eso, incluso de la muerte o de las cosas trágicas. Lo hacemos para conectarnos con la gente, y si a alguien le molesta, bueno..., siempre a alguien le va a molestar.
Para ir
Tirria (segunda temporada). Funciones: viernes 15 y sábado 16 de mayo a las 20.30. Teatro Ciudad de las Artes (Córdoba capital). Domingo 17 de mayo en el teatro Municipal de Río Cuarto (a las 19). Entradas: en boletería y a través de Autoentrada.

