Relaciones y amor propio. Chu Rodríguez y su manual para sobrevivir al amor en tiempos de Tinder
La coach ontológica llega al Auditorio de La Voz con “Nunca más migajas”, una propuesta que mezcla el stand up, la catarsis colectiva y un manual de supervivencia para el amor en tiempos de algoritmos.
Lejos del mundo en que el amor se explicaba con películas de Disney y se gestionaba a través de mensajes de texto, hoy para miles de personas el compromiso se volvió líquido y la soltería se transformó en un campo minado de conceptos en inglés como ghosting o love bombing.
En ese ecosistema de incertidumbres, María Jesús “Chu” Rodríguez encontró una veta que no estaba en sus manuales de MBA ni en sus 15 años de carrera corporativa: la dignidad emocional.
Chu no es psicóloga ni pretende serlo. Es Licenciada en Administración de Empresas, fue gerenta de ventas y hasta inauguró un congreso de líderes en Harvard. Sin embargo, su mayor credencial no es un título, sino haber habitado el subsuelo del amor propio. “Hablo desde que me arrastré, desde que no me las creo todas”, dice con honestidad.
Este sábado 9 de mayo, el Auditorio de La Voz abrirá sus puertas para recibirla con Nunca más migajas. Ella avisa que no es una charla, ni terapia, ni una obra convencional; es una "sacudida emocional" diseñada para incomodar y, finalmente, liberar.
En una charla vía Zoom desde Ciudad de México, donde reside actualmente, Chu desmenuzó por qué nos “conformamos con tan poco cuando el menú de la vida ofrece mucho más”.
–Llegás a Córdoba con un espectáculo que definís como un sacudón. ¿Por qué creés que hoy necesitamos que nos sacudan para reaccionar ante los vínculos?
–Porque estamos anestesiados. "Nunca más migajas" es un resumen de mi vida después de mi divorcio, cuando entré a un mundo de soltería que no reconocía. Me encontré con dinámicas y códigos nuevos que me obligaron a conocerme de cero. El sábado pasado, por ejemplo, un chico me escribió por redes diciéndome que yo no era quien decía ser porque antes "me arrastraba" por un amigo suyo. ¡Y tiene razón! Justamente desde ese lugar hablo: desde la mujer que tuvo el amor propio nulo y aprendió que naturalizar las migajas era una herencia de la infancia. La invitación es a mirarnos al espejo, y eso siempre es un poco incómodo.
–En tus redes tenés millones de seguidores y visualizaciones. ¿Qué es lo que más te llega como “problemática de época” en los mensajes de la gente?
–El problema se divide en dos grandes bandos. Por un lado, la gente soltera que está totalmente desesperanzada, que siente que va a morir sola y ya tiró la toalla. Por otro, los que están en pareja pero infelices, que prefieren "malo conocido que malo por conocer" porque les aterra la soltería actual. Mi mensaje es claro: hay otro camino y empieza por aprender a poner límites. Antes, mi única preocupación era que me elijan; ahora entiendo que yo también elijo.
–Hablás de una brecha generacional marcada por la tecnología. ¿Cómo cambió el "chip" de los millennials hacia atrás respecto a los más jóvenes?
–Los más jóvenes son nativos digitales y vienen con otra apertura emocional, quizás con padres que sí hablaron de inteligencia emocional. Los que nacimos cerca de los 90 somos hijos de la "media naranja" y del "amor para toda la vida". Pasamos del Nokia 1100 a tener redes todo el tiempo y no sabemos cómo vincularnos. Muchos entran a la soltería después de 30 años de casados y no entienden los nuevos códigos. Hay que reaprender a vincularse y, sobre todo, a entender que hay vida sin pareja. Ahí está la magia: en descentralizar el amor de pareja y disfrutar lo que uno ya es.

–Decís que hoy los "revolucionarios" son los que forman una familia. ¿El compromiso se volvió un acto de rebeldía?
–Totalmente. Hoy el miedo al compromiso es masivo porque se percibe como una renuncia a la libertad personal, a la carrera o a los viajes. Además, cuanto más tiempo pasás solo, más "quisquilloso" te volvés; nadie quiere dejar su "templo" de soledad por cualquiera y se le busca el pelo al huevo enseguida. Antes había más compromiso, pero también mucha dependencia económica, sobre todo en las mujeres. Hoy la independencia económica nos dio la libertad de retirarnos de vínculos donde no somos felices. Por eso, los que hoy deciden apostar, negociar y construir algo real, son los que están haciendo la verdadera revolución.
–¿Cómo manejás la presión de las redes sociales, donde parece que siempre hay que tener "la posta" o una respuesta rápida para todo?
–No soy dueña de la verdad absoluta. Soy un ser en evolución que capaz en 2023 dijo algo y hoy piensa diferente. Las redes te piden certezas, pero la vida son más preguntas que respuestas. Yo invito al pensamiento crítico. Podés saberte toda la teoría de los libros de autoayuda, pero el verdadero aprendizaje es la práctica: qué te pasa cuando vas a un vínculo y sentís ansiedad o miedo al rechazo. Yo uso mis seis años de soltera como un aula; cada persona con la que salí fue un espejo que me mostró algo de mí.
–¿Qué le dirías a alguien que siente que la Inteligencia Artificial o los consejos genéricos de internet pueden reemplazar este tipo de encuentros presenciales?
–Que la IA no lo vivió y yo sí. Yo voy con un mensaje muy terrenal. Cuando te muestro que yo también estuve ahí, que me dolió y que pude salir, te habilito a ser vulnerable. En el Auditorio de La Voz vamos a conectar con la emoción, nos vamos a reír de nosotros mismos y la idea es que todos salgan diciendo "nunca más me conformo con migajas". No es magia, es trabajo personal.
Para ver
Nunca más migajas, de Chu Rodríguez. Sábado 9 de mayo a las 21 en el Auditorio de La Voz del Interior. Entradas en paseshow.com.ar

