Cine. Toy Story 5 divide a la crítica: ¿obra maestra crepuscular o el triste final de una era?
La quinta entrega de la saga de Pixar despierta pasiones y rechazos por igual en medios de Estados Unidos y el Reino Unido. Algunos ven un Abbey Road de la animación, y otros denuncian agotamiento sin alma.
A más de tres décadas de que la primera Toy Story revolucionara la industria del cine con su mezcla de tecnología de punta y una narrativa emocionalmente resonante, la llegada de su quinta entrega ha puesto a la crítica internacional en una encrucijada.
Lo que nació como una oda divertida a las cosas de la infancia se ha convertido hoy en el pilar del imperio Pixar, pero también en un terreno de disputa sobre la necesidad de continuar estirando una marca que muchos consideraban perfecta tras su tercera parte.
La recepción de Toy Story 5 entre los críticos de medios influyentes de Estados Unidos y el Reino Unido ha sido marcadamente polarizada. Por un lado, se encuentran quienes celebran el regreso de Woody y Buzz como un triunfo de la imaginación; por otro, aquellos que ven en esta cinta una señal inequívoca de “agotamiento de propiedad intelectual” y una mera estrategia para complacer a los accionistas de Disney.
La visión entusiasta
Desde las páginas de Variety, el crítico Owen Gleiberman no ha escatimado en elogios, comparando el impacto de la saga con la discografía de los Beatles. Para Gleiberman, si la película original fue el Meet the Beatles y la tercera parte fue el Sgt. Pepper, esta quinta entrega se siente como el espléndido y seductor Abbey Road, funcionando como un cierre sublime que refleja toda la serie en un espejo mágico.
La publicación destaca cómo la película aborda un tema “inquietante y conmovedor”: la desaparición del juego imaginativo. En este escenario, la pequeña Bonnie, ahora de 8 años, sucumbe a la adicción de una tableta electrónica llamada Lilypad (con la voz de Greta Lee), un dispositivo que promete conexiones instantáneas pero carece de la profundidad del juego real cara a cara.
Según Variety, la dirección de Andrew Stanton (responsable de Wall-E) dota al filme de una densidad deliciosa, tratando a la tecnología no como un villano absoluto, sino como un nuevo reino metafísico en el cosmos infantil.
En una línea similar, Deadline describe la película como una comedia moderna que “da en el blanco” de sus objetivos satíricos, poseyendo una cepa de melancolía que rivaliza con los dramas más intensos de festivales como Cannes. La crítica resalta cómo el guion de Stanton y Kenna Harris logra abordar preocupaciones adultas, ofreciendo un bálsamo agridulce para padres y abuelos preocupados por la inminente revolución de la IA y la obsolescencia.
La mirada escéptica
En la otra vereda, la recepción en el Reino Unido ha sido más fría. Peter Bradshaw, del diario The Guardian, sostiene que la franquicia “necesita baterías nuevas”. De todos modos, reconoce que el producto final es tan pulido y suave como un smartphone recién salido de la caja, Bradshaw afirma que, en su corazón, la película ha muerto. Para el crítico británico, a la cinta le falta peligro, novedad y pasión, perdiendo el nervio incluso en su gran idea sobre el efecto de la tecnología adictiva en los niños.
Bradshaw es particularmente crítico con la resolución de los conflictos, calificando de “espuria e insatisfactoria” la forma en que se intenta emular momentos clásicos de la saga, como la emblemática canción de Jessie de la segunda película, esta vez apoyándose en una nueva composición de Taylor Swift. Su conclusión es tajante: la serie está agotada y el “cansancio de la IP” (propiedad intelectual) se ha instalado definitivamente.
Desde Rolling Stone, David Fear es aún más severo. Bajo el título "Toy Story 5 es lo que sucede cuando matás a golpes a una franquicia", Fear califica a la película como un intento desesperado de recaudación de fondos (cash grab). Según su visión, el filme es un sermón en busca de una historia, y acusa a Pixar de una ironía flagrante: criticar la falta de imaginación que causan las pantallas a través de una película que, a su juicio, sufre de una grave carencia de originalidad.
Jessie toma el mando
A pesar de las diferencias de opinión sobre la calidad de la película, todos los críticos coinciden en un punto: el protagonismo absoluto de Jessie, la vaquera yodelera interpretada por Joan Cusack. Dado que la relación entre Woody (Tom Hanks) y Buzz (Tim Allen) se considera algo agotada tras tres décadas, Stanton decidió poner a Jessie en el centro del escenario.
La trama encuentra a Jessie enfrentando sus viejos traumas de abandono mientras intenta rescatar a Bonnie de las garras del Lilypad, un dispositivo que en el universo de Toy Story es visto como un "heraldo digital de la perdición". Este gadget conecta a los niños a "The Pond" (El Estanque), donde actúan como "zombis adictos al teléfono", según la mordaz descripción de Rolling Stone.
En este viaje, se suman nuevos personajes que representan una transición entre lo analógico y lo digital, como Smarty Pants (un entrenador de baño con voz de Conan O'Brien), Snappy (una cámara infantil) y Atlas (un hipopótamo GPS). Por su parte, Woody aparece en esta entrega con una apariencia más "humana", mostrando signos de envejecimiento como una zona calva y un poco de panza, viviendo una existencia casi salvaje lejos del control humano.
¿El adiós definitivo?
El debate final que plantea la prensa especializada es si Pixar sabrá cuándo detenerse. Mientras algunos críticos de medios como Variety y Deadline sugieren que este sería un “lugar perfecto para retirarse” debido a su mensaje de “frenar, ser real y jugar”, otros son más cínicos.
Rolling Stone cierra su reseña cuestionando la existencia misma de la película, sugiriendo que solo responde a la necesidad de mantener felices a los accionistas. Por el contrario, en Deadline se menciona una escena post-créditos que insinúa el regreso del Emperador Zurg, dejando la puerta abierta a que todavía quede “un poco de vida en este viejo caballo de batalla”.
Con un presupuesto masivo y una expectativa de recaudación global récord para la franquicia, Toy Story 5 se presenta como un fenómeno que trasciende la pantalla para convertirse en un debate cultural sobre cómo las nuevas generaciones se conectan entre sí en la era virtual. Para los críticos, la moneda está en el aire: entre la nostalgia irresistible y el agotamiento comercial, el público tendrá la última palabra a partir de su estreno mundial este 19 de junio. Bueno, a decir verdad, en Argentina será un día antes.
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