Cine. Premios Oscar: cuáles son las favoritas para ganar en 2026
Este domingo 15 de marzo se realizará la máxima fiesta del cine de Hollywood. Cuáles son las películas que tienen más chance de llevarse una estatuilla.
Cada año, cuando se acerca la ceremonia de los premios de la Academia, popularmente conocidos como los Oscar, las conversaciones sobre las películas adquieren una tonalidad curiosamente deportiva.
Los filmes pasan a ser competidores, los actores aspirantes a una medalla simbólica, y el año cinematográfico parece reducirse a una carrera con favoritos y derrotados.
Predecir los Oscar es, en apariencia, un ejercicio estadístico. Los antecedentes de la temporada, los premios de los gremios y la lógica industrial permiten anticipar varios resultados con bastante precisión. Pero esa previsibilidad no elimina la dimensión simbólica del acontecimiento.
Este año, las pistas parecen bastante claras. Pero como ocurre siempre con los Oscar, lo verdaderamente revelador no será solo quién gane, sino qué idea del cine se cristalice de esos resultados.
Las predicciones más firmes aparecen en las categorías técnicas. Allí la lógica industrial se vuelve evidente. La fotografía, el montaje o el diseño de producción suelen premiar la escala, la precisión técnica y la espectacularidad. Son categorías donde el virtuosismo es visible y relativamente consensuado.
Este año, casi todas esas categorías parecen estar encabezadas por Frankenstein, de Guillermo del Toro.
En cambio, en la categoría principal la competencia adquiere otro matiz. Las dos grandes favoritas a mejor película parecen encarnar modos muy distintos de concebir el cine.
Por un lado está Una batalla tras otra, de Paul Thomas Anderson: trece nominaciones, ganadora de los Globos de Oro, los Critics Choice y los Bafta, respaldada por la fuerza centrípeta de los premios gremiales y que condensa, a su vez, buena parte del prestigio crítico de la temporada.
Anderson ocupa desde hace tiempo un lugar singular en Hollywood, al ser un autor que trabaja dentro del sistema, pero que mantiene en su cine una densidad estética poco frecuente en la producción industrial contemporánea.
Por otro lado, Pecadores, de Ryan Coogler: dieciséis nominaciones, un récord histórico que supera a Titanic, La La Land y La malvada, protagonizada por Michael B. Jordan en un doble rol. La película está ambientada en el Mississippi de 1932, donde los vampiros no son criaturas góticas sino metáforas del extractivismo, la esclavitud y el miedo.
Que una película de género haya tenido una presencia tan masiva en distintas ceremonias responde a otra lógica, más cercana al corazón industrial de Hollywood y bastante inusual en premios de este tipo, donde el cine de género ha sido históricamente menospreciado.
Allí donde Anderson representa la persistencia de una tradición autoral, Coogler parece encarnar el cine como fenómeno cultural amplio, capaz de movilizar audiencias y convertirse en acontecimiento.
La categoría de actor podría ofrecer una de las tensiones más interesantes de la noche.
Durante gran parte de la temporada de premios, el favorito parecía ser Timothée Chalamet por Marty supremo. Sin embargo, el hecho de que Michael B. Jordan, protagonista de Pecadores, haya ganado el premio del Sindicato de Actores (SAG), modifica la ecuación ya que en la última década, el SAG ha anticipado 8 de cada 10 ganadores del Oscar. De volver a pasar, se convertiría en el sexto actor afroamericano en ganar este premio. El peso simbólico de ese acto es imposible de ignorar.
La categoría de mejor actriz parece menos incierta. Todo indica que Jessie Buckley ganará por Hamnet. Su interpretación de Agnes Shakespeare, además de tener una intensidad poco habitual en el cine contemporáneo, sostiene emocionalmente toda la película y termina por convertirse en una experiencia casi física para quien la mira.
En los rubros de actuaciones de reparto también se perfilan algunos nombres. Sean Penn aparece entre los candidatos más fuertes por Una batalla tras otra, mientras que Teyana Taylor podría ganar en la misma categoría femenina por la misma película. Si ese escenario se confirma, el filme de Anderson ganaría buena parte de las competencias centrales.
En los últimos años se ha hecho evidente un intento por ampliar la diversidad de voces dentro de la Academia. Las reformas impulsadas tras las críticas por falta de representación modificaron la composición del cuerpo votante y esto produjo una mayor apertura hacia cinematografías y sensibilidades que antes quedaban relegadas. Sin embargo, el cambio no ha eliminado del todo las inercias del sistema.
Hollywood sigue siendo, en gran medida, una maquinaria que premia aquello que puede integrar a su propio relato.
Así, durante décadas, el Oscar internacional funcionó como un compartimento estanco donde Hollywood reconocía, con cierta cortesía diplomática, la existencia de otras cinematografías. Sin embargo, esa frontera empezó a desplazarse y en la actualidad, tanto las películas, como los directores y sus actores, pueden ser nominados en cualquier categoría.
Este año, en la categoría de película internacional, una de las favoritas es la brasileña El agente secreto, de Kleber Mendonça Filho, que además cuenta con la nominación de su protagonista, Wagner Moura, como mejor actor. La alternativa más probable sería Valor sentimental, del noruego Joachim Trier, que tuvo una gran circulación en festivales y premios.
Sin embargo, la verdadera incógnita aparece en otro lugar. Si la película brasileña se impone, sería el segundo año consecutivo en que Brasil obtiene este premio (el año pasado ganó Aún estoy aquí, de Walter Salles), algo poco frecuente en la lógica geopolítica de la Academia, que suele distribuir sus reconocimientos entre distintas geografías.
El resultado final de esta categoría no será solo estética. También dirá algo sobre el mapa simbólico que Hollywood está dispuesto a reconocer dentro del cine mundial. Y esta lógica revela algo fundamental sobre el papel de los premios: más que medir la calidad del cine, los Oscar funcionan como un mecanismo de autodefinición cultural.
De allí surge una paradoja interesante. El evento que pretende representar al cine global sigue siendo, en esencia, una ceremonia profundamente estadounidense. Y sin embargo, su influencia simbólica continúa siendo enorme. Una película que gana el Oscar multiplica su circulación internacional, redefine su lugar en la historia del cine y modifica la forma en que será recordada.
Pero incluso en el caso de que haya varias sorpresas, es decir que las películas menos pensadas terminen imponiéndose, la lógica general del sistema permanecerá igual ya que los Oscar no son un festival de descubrimientos sino una ceremonia de consagración y su función no es revelar nuevas voces, sino consolidar aquellas que ya han sido legitimadas durante la temporada.
Para ver la ceremonia de los Oscar
La gala se transmitirá en vivo por la señal TNT, que en el servicio de DirecTV ocupa los canales 502 y 1502 HD. En el ámbito digital, el servicio de streaming HBO Max tendrá la exclusividad de la transmisión de la ceremonia para sus suscriptores.
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