Estreno. Parque Lezama: la épica del hombre común en tiempos de espectacularidad

Juan José Campanella, director de la película, y Eduardo Blanco, uno de sus actores principales, hablaron con La Voz sobre el desafío de llevar la obra de teatro a la pantalla grande.

01 de marzo de 2026 a las 07:44 a. m.
Parque Lezama: la épica del hombre común en tiempos de espectacularidad
De izquierda a derecha: Luis Brandoni, Juan José Campanella y Eduardo Blanco en el Parque Lezama, donde fue filmada la película.

El 6 de marzo llega a Netflix Parque Lezama, la nueva película de Juan José Campanella, protagonizada por Luis Brandoni y Eduardo Blanco. Ya había tenido su estreno en cines selectos desde el 19 de febrero.

Y aunque la discusión sobre las ventanas de exhibición no es un detalle menor en el contexto actual del cine argentino, lo verdaderamente sustancial está en otro lado: Campanella regresa al largometraje, después de El cuento de las comadrejas (2019), con una obra que elige, deliberadamente, lo contrario a la grandilocuencia.

Basada en la exitosa adaptación teatral argentina de I’m not Rappaport, de Herb Gardner, que realizó 1.170 funciones y fue vista por más de 383 mil espectadores, la película conserva su esencia estructural: dos hombres mayores sentados en un banco del Parque Lezama construyen una amistad improbable.

Luis Brandoni y Eduardo Blanco en "Parque Lezama".
Luis Brandoni y Eduardo Blanco en "Parque Lezama". (Edwin Velásquez Panneflek/Netflix)

Antonio Cardozo (Brandoni), militante histórico del Partido Comunista, verborrágico, idealista, incapaz de aceptar la invisibilidad; León Schwartz (Blanco), más cercano al “no te metas”, práctico, desgastado, decidido a que nadie lo vuelva a lastimar. Entre discusiones políticas, humor filoso, ternura inesperada y pequeños conflictos con el entorno, lo que se despliega no es una trama espectacular, sino algo más profundo: cómo se vive.

Lo primero que sorprende es lo que Campanella decide no hacer. No “abre” la obra. No hay flashbacks, no hay expansión de universo, no hay subtramas que saquen la acción del parque. Todo transcurre en el mismo escenario.

Sobre esta decisión, el director explicó a La Voz en una entrevista exclusiva: “Hubo una película hecha con este material en la que hacían flashbacks y, para mí, lo pude ver ahí”. Por eso, decidió no seguir ese camino.

“Quizás lo hubiera hecho, parece la cosa sencilla, la más fácil, el hacer flashbacks de lo que los personajes cuentan, pero va en desmedro de lo que se cuenta porque lo que importa no es lo que pasó, sino cómo los personajes lo recuerdan, cómo lo cuentan y cómo lo viven. El impacto emocional es mucho más fuerte viendo cómo lo cuentan ellos”, añadió.

Esa decisión formal es también una toma de posición frente al estado actual del cine. En un momento donde la sobreestimulación parece regla y no excepción, Parque Lezama apuesta al primer plano, a la respiración, al silencio. A la palabra dicha y a la palabra retenida.

Campanella lo argumentó con una referencia contundente: “Tengo un montón de películas entre mis favoritas que son en lugares cerrados, mucho más cerrados que Parque Lezama, como 12 hombres en pugna, por ejemplo, que transcurre en una habitación toda la película y es una obra indudablemente cinematográfica”.

Y agregó: “Es la cuestión del primer plano, de cómo se mueve la cámara, de cómo elegir a quién se mira, puede ser el que escucha y no el que habla, todo eso le da una dimensión que el teatro no tiene. En el teatro ves todo en plano general desde tu butaca, tu punto de vista fijo. La existencia de la cámara lo convierte en una cuestión cinematográfica”.

Parque Lezama: la épica del hombre común en tiempos de ruido Parque Lezama: la épica del hombre común en tiempos de ruido
Parque Lezama: la épica del hombre común en tiempos de ruido Parque Lezama: la épica del hombre común en tiempos de ruido (Edwin Velásquez Panneflek/Netflix)

Y es cierto: lo más poderoso de Parque Lezama muchas veces no está en el que habla, sino en el que escucha. La cámara se detiene en los ojos de Brandoni y de Blanco cuando callan. En cómo reciben una frase, en cómo les duele un recuerdo, en cómo se les ilumina el rostro ante una mínima chispa de complicidad. Lo que en el teatro dependía de la distancia física del espectador aquí se amplifica.

Hay algo profundamente honesto en la película. Campanella vuelve a trabajar con dos actores con los que ya había transitado el escenario y les ofrece un terreno fértil para desplegar humanidad. Brandoni compone a un hombre que se niega a volverse invisible, que pelea contra la idea de inutilidad que muchas veces la sociedad proyecta sobre la vejez. Blanco, más contenido, construye un personaje que parece querer desaparecer, pero que en el fondo también busca ser visto.

Sin embargo, Eduardo propone una lectura que desarma cualquier encasillamiento generacional. “Yo no creo que esta sea una película sobre ‘la vejez’. Lo quiero aclarar. Quiero decir mi punto de vista. Toma dos personas de 85 años para contar una historia de vida. Lo que les sucede a estos personajes, yo pienso, tranquilamente se puede trasladar a una persona de 30, 40, 50 años”, expresó, también en diálogo con este medio.

La clave, para él, está en el tránsito vital: “La vida te hace transitar distintos caminos. Estos dos personajes, en este momento de la vida, transitan por dos caminos. Uno, de repente, quiere seguir dando lucha, quiere seguir sintiendo la vida vibrar; y el otro ya tiene los roces suficientes para decir ‘hasta acá llegué’, ‘ya está, no quiero sufrir más, no quiero más raspaduras’”.

Esa tensión es universal. No habla solo de edades, sino también de actitudes frente a las experiencias. Blanco lo resume con una imagen precisa: “Uno puede tener una vida en la que dice ‘ya está’ y de repente podés redescubrir esas cosas por las que pudiste vibrar en otros momentos, sin importar la edad que tengas, querés seguir vibrando”.

Su personaje es un hombre que ocupa un banco como quien ocupa una trinchera mínima. “Es un señor que está en un parque con su diario, que no lo lee porque no puede, hasta que viene este señor León (Brandoni) a molestarlo un poco. Está como aislado, y esa molestia, en algún momento, se hace necesaria”.

En Parque Lezama la irrupción del otro es el motor dramático, lo que hace girar la rueda. “Le recuerda muchas cosas, le hace vivir aventuras con mucho humor. No deja de enternecer y generar identificación con cualquiera de las cosas que suceden”, dijo Eduardo sobre el personaje de León.

En esa identificación radica la fuerza emocional de la película. Desde que vio la obra por primera vez, a los 24 años, Campanella quedó marcado. “Soy fanático. Me ha enseñado cómo contar historias, qué tipo de historias contar, esa mezcla de emoción con risas que tiene y que a mí me encantó porque me parece que el humor, la comedia, baja las defensas y permite que podamos hablar de cosas más serias”, aseguró.

Para él, como el director que es, su labor no se trata solo de narrar historias, se trata de lograr conmover. “Mi desafío como director, lo siento siempre, no es contar una historia, eso es lo básico. Ningún director puede no contar una historia. Pero el desafío es que la sientan. Que miren y que estén sentados junto a ellos, que sean sus abuelos, sus padres, que se conviertan en esa hija que se ve, que lo hagan carne propia”, destacó.

La magia del cine

En esta película, eso sucede. En la función de prensa, la sala estaba llena. Los silencios pesaban. Las risas eran colectivas. La emoción circulaba. Esa experiencia compartida refuerza otra dimensión de la película: su defensa implícita de la sala cinematográfica.

“En casa, vos dominás a la pantalla, en el cine la pantalla te domina a vos. Es una diferencia abismal”, sostuvo Campanella. Y fue más allá: “Pero en el cine también es más grande la emoción y la risa”.

Según él, la desaparición de las grandes comedias está ligada a esa pérdida de experiencia colectiva. “Esta es la primera década que no tiene un gran cómico desde que se inventó el cine. Es que, en tu casa solo, una comedia no causa nada o poco. (…) Si estás solo, no te reís de la misma manera que con un público. Lo mismo es la emoción”, señaló.

La sala genera una vibración común. “Son 200 o 300 personas (…) que generaban una vibración que te llegaba”. En ese sentido, que Parque Lezama tenga paso por cines antes de su llegada a Netflix es coherente con su espíritu.

También es, en cierto modo, contracultural. “Fijate qué raro, estoy casi seguro de que hace 10 años nadie hubiera mencionado esto. Ahora lo mencionan todos. Es como ‘qué raro ver una película con emociones, de gente real, en donde no matan a nadie, en la que no están volando’. Ya parece raro que la gente no vuele”, marcó Campanella al ser consultado por la sencillez de la película en una era del cine en la que todo está lleno de CGI o IA.

El director se sonríe ante la paradoja y subraya sobre su película: “Es el mismo cine que me gustó siempre, que es el cine del hombre común, la épica del hombre común”.

Esa definición condensa la propuesta estética y ética del filme. No hay explosiones ni persecuciones, pero sí momentos de alto voltaje dramático. “No la veo como una película de dos tipos hablando solamente, esa es la excusa para que pasen un montón de cosas”, afirmó.

Y sí, lo cierto es que debajo del diálogo hay soledad, miedo a la muerte, orgullo, frustración, memoria política, vínculos familiares tensionados, deseo de seguir perteneciendo.

Del escenario a la cámara: un nuevo desafío

Eduardo remarcó el reto actoral que significó para él llevar a su personaje de las tablas a la pantalla grande. “Nosotros llevamos a cuestas una gran cantidad de funciones... Desde que estrenamos, hubo una química que funcionaba”, dijo sobre su dupla con Brandoni.

Eduardo Blanco es Antonio Cardozo en "Parque Lezama".
Eduardo Blanco es Antonio Cardozo en "Parque Lezama". (Edwin Velásquez Panneflek/Netflix)

Pero el cine exige otra calibración y, sobre eso, recordó: “Hice una composición teatral (…) era más física y auditiva. (…) En el cine, quería bajar mucho esa expresividad porque me parecía que el personaje tenía demasiados acentos que teatralmente funcionan”.

Pasar tres horas en la sala de maquillaje, la cercanía de la cámara y la confianza en el director fueron claves. “Juan me convenció de bajarlos solamente a un porcentaje limitado, porque él quería que mantuviera algo de eso; y al ver la película, creo que acertó”, resaltó el actor.

El resultado es un equilibrio delicado: conserva la potencia de la obra original, pero adquiere una dimensión íntima que solo el cine puede ofrecer. Parque Lezama no necesita más que un banco, dos actores enormes y un diálogo preciso para recordarnos algo esencial: que la emoción compartida sigue siendo posible.

En tiempos de exceso visual y narrativas aceleradas, Campanella apuesta por la pausa, por la mirada y por el tiempo. Es, en ese sentido, un gesto casi revolucionario y también una defensa de algo más amplio: el cine como espacio de identidad y memoria.

Porque si el cine argentino atraviesa una crisis estructural, películas como esta recuerdan por qué importa sostenerlo. No se trata solo de industria o de plataformas, sino de relatos que dialogan con nuestra cultura y nuestra historia.

Parque Lezama, en su escala íntima, lo demuestra con una convicción serena y recuerda que, a veces, para contar algo verdaderamente grande, alcanza con dos hombres hablando en un banco.

Para ver

Parque Lezama estará disponible en Netflix a partir del 6 de marzo. La película también puede verse en diferentes cines del país desde el 19 de febrero.

Cines donde se puede ver Parque Lezama

Córdoba: Cines Dino Alto Verde, Cines Dino Ruta 20, Gran Rex, Complejo Cinerama

Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Atlas Alcorta, Atlas Caballito, Atlas Flores, Atlas Patio Bullrich, Atlas Liniers, Cine Lorca, Cinema Devoto, Multiplex Belgrano, Multiplex Lavalle

Provincia de Buenos Aires: Atlas Catán, Atlas Nordelta, Cine Helios, Cines Pixel Adrogué, Cinema Adrogué, Cinema Rosso - Luján, Multiplex Canning, Cine Visual Bahía Blanca, Lúmina Cines Lanús, Cine Ambassador Mar del Plata, Multiplex Pilar, Cines Ocean Necochea, Cine Teatro Metropol Chivilcoy, Cinema City La Plata

La Pampa: Cine Amadeus Santa Rosa

Tucumán: Solar del Cerro, Atlas Monteagudo O Vía 24

San Juan: Multiplex San Juan, Play San Juan

Rosario: Cines del Centro, Nuevo Monumental Rosario.

Paraná: Cine Círculo Paraná