Polémica. Miradas opuestas a La Odisea, de Christopher Nolan: ¿una buena adaptación o un acto fallido?

Desde que estrenó en la pantalla grande, la película de Christopher Nolan divide opiniones. Algunos elogian la capacidad del director para llevar al cine esta historia, mientras otros critican sus ridículas interpretaciones. ¿De qué lado estás?

25 de julio de 2026 a las 03:41 p. m.
Miradas opuestas a La Odisea, de Christopher Nolan: ¿una buena adaptación o un acto fallido?
Matt Damon como Odiseo en "La Odisea". (Prensa Universal)

A favor: La épica sigue viva

Julia Candellero

Que le falta épica, que se queda corta en emoción, que Christopher Nolan no logra desplegar todo su talento. Definitivamente, quienes salieron de La Odisea pensando eso y yo no entendemos lo mismo cuando hablamos de emoción. Ni de épica.

En tiempos de posmundial donde cualquier discusión (aunque no tenga nada que ver con el fútbol) termina encontrando un paralelismo futbolero, cuestionar La Odisea por esos motivos es, para mí, como decir que Messi no estuvo a la altura en este mundial y que no tenía nada más para ofrecer. Seguramente habrá quien lo sostenga, pero yo no estoy en ese grupo.

Ver La Odisea es sumergirse en el disfrute pleno de una experiencia cinematográfica. En una época en la que abundan las remakes, las secuelas y las historias que apenas disimulan cuánto le deben a otras, películas como esta se agradecen. No porque adapten un texto escrito hace casi tres mil años, sino porque recuerdan que todavía es posible hacer cine que se sienta verdaderamente grande.

Uno de mis mayores interrogantes era ver cómo iba a resolver el componente fantástico y sobrenatural del poema de Homero. Y la verdad es que lo hace con una naturalidad admirable. No fuerza el espectáculo ni convierte lo extraordinario en un desfile de efectos digitales.

El uso de CGI no busca imponerse sobre la historia, sino integrarse a ella de manera orgánica. Todo resulta verosímil dentro del universo que propone la película. Lo mismo ocurre con las actuaciones: el elenco funciona como un mecanismo de precisión, sin puntos débiles.

Habrá quienes cuestionen que la adaptación no respeta cada detalle del poema original. Es cierto. Pero, en cambio, es una reinterpretación cinematográfica que captura lo esencial: la épica de un hombre que intenta regresar a su hogar y un viaje que todavía tiene mucho para decirnos, y mucho para enseñarnos sobre nosotros mismos.

En contra: Tan lejos, tan cerca

Roger Koza

En La Odisea, la última película de Christopher Nolan, los dioses son solamente nombres. Odiseo, Penélope, Eumeo, Antínoo hablan de Zeus y otras deidades, pero, a diferencia de la pieza literaria adjudicada a Homero, permanecen en fuera de campo.

La omisión del primer canto es una decisión que define una cualidad del relato: los intérpretes están disfrazados de griegos y troyanos (aunque emplean un inglés con las marcas del siglo veintiuno), las criaturas mitológicas distraen por la eficacia de su impronta y evocan un mundo distante, pero como se revela en el tercer acto (el regreso de Odiseo), de lo que se trata es de impugnar la barbarie y conservar la memoria de una civilización que ha sido degradada.

Los flashbacks de la matanza de Troya son equiparables a las de Vietnam o Afganistán. El valor político es indiscutible, pero el mundo lejano de Homero se vuelve recóndito e inalcanzable.

Hay películas sobre tiempos remotos que parecen haber sido rodadas en el tiempo real para atestiguar una época y la mentalidad que la definía. Andrei Rublev (Tarkovski), Medea (Pasolini), Antígona (Straub-Huillet) son títulos ejemplares.

No basta con reconstruir el mobiliario, los artefactos bélicos y la indumentaria; lo más difícil es sintonizar la vida simbólica. ¿Cómo filmar los ritos antiguos? Las referencias de Nolan se alinean con la tradición de Hollywood (y su devoción por el espectáculo).

La ambición del cineasta es indesmentible: filmar en 70 mm no es un capricho. La Odisea se desmarca del cromatismo espantoso de las superproducciones del presente y quien pueda ver esta película en fílmico y en Imax recuperará una experiencia cada vez más infrecuente.

Así y todo, tales condiciones técnicas no conjuran el ridículo de ciertas interpretaciones y los subrayados constantes en pasajes clave. Ni mucho menos el terror de Nolan al silencio: la incesante banda sonora es el talón de Aquiles de este filme y de todos los suyos.