En Netflix. Llega Yiya Murano: Muerte a la hora del té, el desafío de mostrar a la asesina, más allá del personaje
Este 23 de abril se estrena la película documental sobre la envenenadora de Monserrat. Cuenta con testimonios y se muestra como un repaso exhaustivo del personaje y sus crímenes.
Han pasado casi 50 años de los asesinatos y aún hoy en Argentina se sigue hablando de María Bernardina de las Mercedes Bolla Aponte de Murano, conocida popularmente como Yiya.
Sus crímenes y su personalidad excéntrica, digna de una estrella de televisión, dejaron una huella en el imaginario colectivo que la transformó en un personaje simpático para los medios, cuando en realidad era una persona siniestra.
El año pasado, Flow estrenó Yiya, una muy buena miniserie basada en la vida de la envenenadora de Monserrat. Además, ese mismo año se estrenó en Córdoba un musical inspirado en el personaje. Es decir, aunque pasen los años, su nombre sigue generando conversación.
Ahora, el director Alejandro Hartmann y la productora Vanessa Ragone se unieron nuevamente para llevar a Netflix una película documental que relata los pormenores del caso y cuenta con valiosos testimonios que permiten armar el rompecabezas del personaje y sus delitos.
El desafío principal, según Hartmann (también director de El fotógrafo y el cartero, entre otros), radicó en la dualidad de la percepción pública sobre ella: "Es un personaje conocido o que la gente cree conocer. Gran parte de la gente la conoce simplemente como un meme... y muchos otros como el sinónimo del veneno, la envenenadora de Montserrat".
Para los realizadores, el objetivo fue contar algo distinto a las generaciones que ya la conocen y presentar la historia a los más jóvenes que quizás solo han visto su rostro en un sticker.
Vanessa Ragone destaca que el interés persistente en Murano se debe a sus múltiples dimensiones: "La dimensión de la asesina, la dimensión de la amiga, la dimensión de la negociadora de dinero, la dimensión de madre".
Ragone recuerda el desparpajo con el que Yiya se presentaba en los paneles televisivos de los años 90 negando sus crímenes, aprovechando la luz de los sets. “Esa duplicidad que hay en ella todo el tiempo es algo que creo que nos atrae", dice.
El director tiene su propia teoría sobre por qué los asesinatos de Yiya resuenan aún hoy en la agenda mediática argentina: "Es que ella rompió el undécimo mandamiento al matar a sus amigas". Atentar contra los amigos es como atentar contra la argentinidad, dicen los realizadores.

Yiya Murano: Muerte a la hora del té
El documental que estrenó este 23 de abril en Netflix cuenta con un riguroso tratamiento periodístico que llegó a dar con los artículos de la época y sobre todo con un policía encargado de investigar de primera mano a la sospechosa.
A eso se suman testimonios de los familiares de las víctimas, quienes aportan una cuota de humanidad cuando el personaje parece opacar a la asesina.
“El gran problema con Yiya es que Yiya te come y en muchos momentos, en especial en la edición, siempre decíamos: '¡Ojo que Yiya nos gana, cuidado que no nos gane!'”, advierte el director.
Por eso es tan valioso que los familiares de las mujeres a quienes asesinó Murano pongan un alto y expongan sus reservas sobre el uso afable (e incluso bizarro) que se le da a la imagen de Yiya.
"Si no hubiéramos dado con algunos familiares de las víctimas, no hubiéramos hecho el documental", afirma Ragone, subrayando la necesidad de dar voz al dolor de los afectados para no dejar que el magnetismo de Yiya "se comiera" el relato.
Otro de los pilares imprescindibles del documental fue la colaboración de Martín Murano, hijo de Yiya y primera víctima de su madre, según se menciona respecto a otras cuestiones.
Martín aportó su testimonio, su archivo familiar y su libro como fuente de consulta, aunque aclaran desde Netflix sin tener ningún poder de veto sobre la producción.
Para los realizadores era vital encontrar un equilibrio entre su palabra y la de otras fuentes.
Además del trabajo de archivo y los testimonios de primera mano, la película se vale de dramatizaciones para hacer avanzar la trama. De todos los elementos, quizás ese sea el punto más débil del trabajo.
Sobre la necesidad de incluir actuaciones en el filme, Hartmann asegura: “Teníamos como premisa desde el comienzo ‘hacer hablar al expediente’. La ficcionalización es la voz del expediente, es el expediente expresado en estas recreaciones”.

El contexto lo es todo
Al ver el documental de Yiya uno pronto descubrirá que está además repasando la historia reciente del país desde la dictadura hasta esta parte.
Al igual que ocurrió con otros true crime como El fotógrafo y el cartero (de la misma dupla Hartmann-Ragone), la miniserie Carmel sobre María Marta García Belsunce o Las mil muertes de Nora Dalmasso, Yiya Murano: Muerte a la hora del té es un viaje en el tiempo.
Aquí se exponen los últimos años de la dictadura y la televisión en pleno menemismo, luego de que Yiya saliera de la cárcel y comenzara a pasearse por cuanto set televisivo le pagara para hacerlo.
“Sin minimizar los crímenes y sus víctimas, creo que estas historias sirven para encontrar algo más y preguntarnos qué nos dicen acerca de nosotros y de la Argentina en general (…) Evidentemente habla de nosotros, de cómo funcionamos, de qué es lo que nos pasa y si uno empieza a indagar, empezás a encontrar cómo los medios cubren estos sucesos, cómo la Justicia actúa, qué pasa en las familias y qué pasa políticamente, un montón de cuestiones”, dice Hartmann.
Finalmente, Hartmann reflexiona sobre el éxito del género en la actualidad, vinculándolo con una necesidad de la época. Según el director, el público valora que estas historias sean reales, pero además que estén contadas con elementos cinematográficos y dramáticos potentes.
Ragone concluye que, si bien el género true crime no es nuevo, las plataformas como Netflix han sido fundamentales para popularizar estas narrativas que antes estaban limitadas a un público de nicho.

Para ver Yiya Murano: Muerte a la hora del té
Dirección: Alejandro Hartmann. Guion: Lucas Bucci y Tomás Sposato. Producción: Vanessa Ragone y Carolina Urbieta. Producción ejecutiva: Alejandro Hartmann y Mariana Bomba. Música: Leo Sujatovich. Casa productora: Haddock Films. Entrevistados: Jorge Arévalo, José Massoni, Jorge Arona, Virginia Messi, Jorge Ávalos, Mariana Olivera Venturini, Eloy Ayala, Martín Olivera Venturini, Osvaldo Bazán, Rodolfo Palacios, Candelaria Botto, Horacio Romeo, Fernando Cardini, Lía Salgado y Chiche Gelblung.

