Imperdible. Estrena El agente secreto, de Kleber Mendonça Filho: Brasil con memoria activa, otra vez

Con Wagner Moura de protagonista, el filme trae otra historia sobre los oscuros años de la dictadura en el país vecino. Llega a dos años del impacto de “Aún estoy aquí”, de Walter Salles. En cines.

25 de febrero de 2026 a las 08:11 p. m.
Estrena El agente secreto, de Kleber Mendonça Filho: Brasil con memoria activa, otra vez
Wagner Moura, en un pasaje de "El agente secreto", una de las mejores películas sudamericanas del último tiempo.

Hace unos meses, los brasileños celebraron la nominación de la película El agente secreto (O Agente Secreto, que este jueves se estrena en cines argentinos) a cuatro categorías de los Oscar, que confirmaron el ascenso de su cine y su atractivo universal.

Nominada a mejor película, mejor actor, mejor película internacional y logro en casting, ahora comparte el récord de nominaciones de Brasil, junto con la famosa Ciudad de Dios (Cidade de Deus, 2002), ambientada en una favela de Río de Janeiro.

El agente secreto sigue a un viudo (interpretado por Wagner Moura) que se convierte en objetivo de la dictadura militar de Brasil en los años 1970 por enfrentarse a un empresario con vínculos con el régimen.

El director Kleber Mendonça Filho dijo que más de un millón de espectadores han visto la película, en un video publicado en las redes sociales tras las nominaciones.

El año pasado, Aún estoy aquí (Ainda estou aquí, de Walter Salles) también fue un éxito de taquilla que atrajo a millones de cinéfilos. Fue nominado en tres categorías y ganó como mejor largometraje internacional, otorgando a Brasil su primer Oscar.

En los Globos de Oro y por su labor en El agente secreto, Moura ganó el premio al mejor actor en una película dramática, convirtiéndose en el segundo brasileño en llevarse a casa un premio de actuación en estos premios después de que Fernanda Torres ganara por Aún estoy aquí.

El agente secreto también se llevó el premio a la mejor película en lengua no inglesa, el segundo consecutivo para el país en esa categoría después del obtenido por la película de Walter Salles.

Además, se coronó como la mejor película internacional en los premios Independent Spirit, venciendo a contendientes como la española Sirat. Sin embargo, se quedó sin ninguno de los dos Bafta a los que aspiraba en la 79ª edición de estos galardones del cine británico: en la categoría mejor película de habla no inglesa, perdió ante la noruega Sentimental Value (Valor sentimental, de Joachim Trier); y en mejor guión original, ante la estadounidense Sinners (Pecadores, de Ryan Coogler).

Alto momento cultural

Los éxitos han llevado a muchos a decir que Brasil está viviendo un momento particularmente fructífero para su cine, incluido el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien dijo que la industria local está actualmente “experimentando uno de los mejores momentos de su historia”.

Las nominaciones son “un reconocimiento a nuestra cultura y a la capacidad de Brasil para contar historias que conmueven al mundo”, expresó el mandatario en redes.

Aún estoy aquí también está ambientada durante la dictadura, y los observadores dicen que ambas cintas han contribuido a la discusión sobre el oscuro período en la historia de Brasil de 1964 a 1985, cuando hubo torturas y desaparecidos.

“Es un momento muy especial para la cultura brasileña”, sostuvo Wagner Moura en entrevista con Efe hace unos pocos días.

En ese diálogo, el actor bahiano recordó “el momento muy difícil” que pasaron en su país cuando la extrema derecha estaba en el poder.

“Trataron de demonizar a los artistas. Jair Bolsonaro lo primero que hizo fue acabar con el Ministerio de la Cultura en Brasil. Ahora, se respira otra vez un aire democrático con Lula (Da Silva), que lleva adelante un gobierno que entiende la importancia de este asunto”, señaló.

“Creo que tenemos que seguir haciendo películas sobre la dictadura militar en Brasil –enfatizó-. Yo mismo dirigí una película sobre el tema (Mariguella, 2019). Hay que acordarse de que hubo ese tiempo en Brasil porque hay gente de generaciones más jóvenes que ni siquiera saben que hubo una dictadura y que eso pasó hace solamente 50 años”, precisó Moura, quien en su diálogo con Efe pidió no olvidar que la Ley de Amnistía de 1979 “perdonó a todos los torturadores, a toda la gente que hizo cosas horribles a los civiles durante la dictadura militar”.

“Bolsonaro no existiría si no fuera por una ley como esa, porque Bolsonaro es una manifestación física de los ecos de la dictadura militar”, remató.

Lúcia Espírito Santo, una abogada jubilada de 78 años, dijo que ella misma tuvo que cuidar sus palabras cuando estudiaba derecho en la universidad por miedo a desaparecer.

“Lo que vemos en la película sucedió mucho. La gente desaparecía y no sabías por qué. Amigos míos de la universidad desaparecieron porque hablaron, abogaron por la libertad y la democracia”, comentó al salir del cine después de ver la película.

Sabrina Guimarães, una estudiante de 20 años en una universidad de Río de Janeiro, dijo que aprender sobre la historia del país es esencial.

“Aunque aprendemos estas cosas en la escuela, no pasamos mucho tiempo en eso y no es muy específico. Sentir que estás en los zapatos de la persona, saber lo que estaba sucediendo en ese momento es muy interesante”, manifestó.

“Es bueno entender lo que pasó en el pasado para no repetir estas cosas en el futuro”, complementó.

Una reacción

El director Mendonça Filho dijo que la película es una reacción a la última década de agitación política en Brasil, incluida la administración de extrema derecha del expresidente Jair Bolsonaro, quien el año pasado fue sentenciado a 27 años y tres meses de prisión por un intento de golpe.

Pero, por otro lado, la película dialoga con el clima político en otros lugares del mundo, comentó en una entrevista con The Associated Press el jueves.

“Es muy brasileña, pero también es universal, por lo que se puede usar para discutir problemas en Estados Unidos, en Europa o en Brasil”, dijo Mendonça Filho.

“El tema del poder siendo utilizado para aplastar a las personas y clases sociales es un tema actual, no solo histórico”, añadió.

Emoción intensa

El director de casting Gabriel Domingues, quien fue nominado en la nueva categoría de logro en casting, dijo que la avalancha de apoyo a la película refleja un entusiasmo más amplio por el cine brasileño.

“El cine brasileño está realmente en un momento de emoción intensa, más allá de la simple emoción”, destacó.

“La gente se conmueve mucho, con esta participación en eventos y premios internacionales y todo”, comentó Domingues a AP, comparándolo con la atmósfera de Brasil en torno al fútbol.

Ana Paula Sousa, experta en cine y profesora en la Universidad ESPM en Sao Paulo, dijo que los logros de Aún estoy aquí y El agente secreto están cambiando la relación de los brasileños con la industria cinematográfica en un país donde la asistencia a salas es históricamente baja. “La gente está hablando del cine brasileño y piensa que es genial hablar de ello. (...) Eso es algo que no veíamos antes, y es realmente genial”, se entusiasmó.

Sousa expresó que espera que los éxitos impulsen una asistencia al cine más consistente entre los brasileños.

Espírito Santo, la cinéfila jubilada en Río, dijo que estaba increíblemente orgullosa del cine brasileño tras las nominaciones al Oscar. “Estamos apareciendo, pisando la alfombra roja en el extranjero. Brasil está empezando a parecer un productor de películas, de historias bien contadas”, cerró.