Entrevista. Casciari y Liniers, sobre el documental de Dibu Martínez: No le alcanza con haber atajado la pelota más importante
Con libro del escritor e ilustraciones del dibujante, Netflix enlazó la historia del arquero con imágenes documentales y una caricaturización de su infancia. El resultado: Dibu Martínez: El pibe que ataja el tiempo, un falso documental que combina humor, épica y emoción en partes iguales.
Hay una imagen que todos los argentinos guardamos en el corazón. Antes de la euforia y de bordar la tercera estrella en la camiseta, hubo una jugada que cambió todo. El "Dibu" le atajó el mano a mano de su vida a Randal Kolo Muani a los 123 minutos de partido y luego se lució en los penales. Allí, y para siempre, Argentina enalteció la figura de un nuevo héroe.
Este héroe tuvo un largo camino hasta la gloria eterna. La luchó, dejó su hogar a los 12 años, vivió casi 10 años de carrera a las sombras en Inglaterra, hasta que tuvo su oportunidad. El mismo ejemplo que nos regaló Leo Messi cuando lo intentó una y otra vez hasta poder salir campeón con Argentina.
Antes de convertirse en un documental de Netflix, la historia de Emiliano “Dibu” Martínez iba a ser una serie animada. Hernán Casciari tenía el texto, Liniers los dibujos y la idea de contar al arquero campeón del mundo como si fuera un personaje salido de una fábula futbolera: un chico de Mar del Plata capaz de atajar el tiempo justo cuando todo parecía perdido.
El proyecto nació en 2023, escrito por Casciari, y originalmente iba a producirse de manera independiente a través de la comunidad Orsai. Sin embargo, la complejidad técnica de una serie animada de gran escala hizo que la propuesta mutara hacia un formato híbrido: una película documental que mezcla imágenes reales, archivo y secuencias ilustradas por Liniers.
El resultado conserva el espíritu original del proyecto: contar al Dibu no solamente como arquero, sino también como héroe popular argentino.
El pibe que atajaba el tiempo
En un Meet con La Voz, Casciari cuenta que el proyecto atravesó múltiples mutaciones hasta encontrar su forma definitiva. “Se fueron superponiendo nuevas capas”, explica sobre una producción que comenzó como una serie animada y terminó convertida en una especie de híbrido entre documental, ficción y falso documental. “Yo lo definiría como un mockumentary”, dice, y menciona influencias tan distintas como Zelig, de Woody Allen, y The Office.
La semilla de todo apareció poco después del Mundial de Qatar. Según relata, la propuesta inicial llegó de parte de Santiago Lliota, amigo cercano y colaborador de Emiliano Martínez, quien le sugirió escribir un libro sobre el arquero. Pero Casciari tenía la cabeza puesta en otro lado.
“En ese momento, estaba muchísimo más entusiasmado con lo audiovisual que con lo editorial”, recuerda. Por eso rechazó la idea del libro tradicional y propuso hacer directamente “un dibujo animado”.
Con la aprobación del entorno del arquero, el escritor llamó inmediatamente a Liniers. “La idea, sin decírselo a nadie, era hacerlo con él”, cuenta. El proyecto comenzó a desarrollarse como una serie animada de seis episodios cortos, aunque pronto apareció un problema inesperado: los costos. “Cuando nos pusimos a hacer números, descubrimos que con el dinero recaudado apenas alcanzaba para un capítulo y un minuto más”, admite entre risas.
La limitación económica obligó a buscar nuevos socios y ahí entró en escena Pampa Films, que venía de trabajar en documentales futbolísticos, como el dedicado a Ángel Di María. Ellos tenían interés en realizar una producción sobre el Dibu, aunque el arquero todavía no estaba convencido de contar su vida. “Decía que todavía tenía muchas más cosas por ganar”, resume Casciari.
Fue entonces cuando apareció la idea que terminó dándole identidad definitiva al proyecto: unir el documental con la ficción animada.
La serie cuenta la historia de un chico que descubre que puede manipular el tiempo gracias a un interruptor escondido en el ombligo, un poder que le permite convertirse en un arquero extraordinario, aunque a costa de no poder dormir nunca más.

A partir de esa premisa fantástica, el documental juega a borrar los límites entre realidad y ficción. Los familiares y allegados del Dibu participan de entrevistas en las que supuestos periodistas les preguntan, con absoluta seriedad, si ese misterioso interruptor realmente existe. “Cuando descubrimos que podíamos jugar así, fue una bomba creativa”, asegura Casciari. “Ahí terminó de nacer el proyecto”.
–Cuando inició el proyecto, se reunían continuamente con Dibu vía Zoom. ¿Cómo eran esos encuentros y qué ideas fue sugiriendo él?
–Liniers: Fue hermoso porque yo ya había mandado algunos bocetos, y el Dibu me dijo algo muy gracioso: “Lo único que te voy a pedir es que no me hagas las orejas tan grandes”. Ahí entendimos enseguida cuál era el trauma. (Risas). Y me decía en chiste: “No les des herramientas a los rivales. Imaginate que en un penal alguno me diga: ‘No me atajes con las orejas’, y perdemos por tu culpa”.
–Casciari: Emi es un divino.
–Liniers: A partir de ahí, empezamos a encontrar entre todos la estética. Yo tenía mi estilo personal, pero la animación tiene necesidades propias: los cuerpos, los movimientos, las expresiones. También estaban las ideas que tenían el Dibu y Mandinha sobre cómo querían verse. Y ahí aparecieron los verdaderos héroes, que fueron los animadores. Yo mandaba los dibujos, y ellos eran los que después hacían el trabajo enorme de mover todo, de darle vida. El cine tiene eso de trabajo colectivo que se parece mucho al fútbol. Todo el mundo aporta algo y al final se llega a un resultado común. A mí eso me encanta porque en mis historietas los pajaritos hacen lo que yo digo. Pero trabajar en cine tiene una dinámica grupal que disfruto muchísimo.
–¿Cómo fuiste pensando los diseños? Porque aparecen distintas etapas del Dibu, referencias muy “Macanudo” en algunos cielos y paisajes...
–Liniers: Sí, yo les iba tirando muchas referencias. Dibujaba canchas, edificios, arbolitos, fondos y les decía: “Vayan a Macanudo o a mis libros ilustrados y busquen cosas por ahí”. Con los personajes también hubo una búsqueda. Una vez entrevisté a Les Luthiers y les dije que les agradecía porque eran todos muy distintos y, por eso, muy fáciles de dibujar. Y Daniel Rabinovich me respondió: “Eso no lo hicimos por vos”. (Risas) Con el Dibu pasaba algo parecido. Tiene un cuerpo muy particular, es alto, grandote, pero quizá no tenía tantos gestos distintivos. Entonces me agarré mucho de detalles: el lunar, el corte de pelo, el color rojizo del pelo de joven. Todo eso fue armando la estética del personaje.
–En el documental, aparece también otro costado muy emotivo: el rol de la familia, del hermano, de Mandinha, de todos esos héroes anónimos que acompañaron al Dibu antes de convertirse en héroe mundial. ¿Cómo fueron construyendo eso?
–Casciari: Hubo mucho azar. Cuando cerramos el acuerdo de palabra con Emiliano, él me invitó a Mar del Plata. Yo pensé que iba a tener una reunión puntual para hablar del proyecto y terminé cayendo a un asado familiar. Estaban el hermano, la madre, el padre (que están separados, pero viven en el mismo country), Mandinha, los chicos. Yo era un desconocido total en esa mesa. Y durante horas vi funcionar a esa familia. El padre hablando como padre, el hermano viendo Turismo Carretera y frenando la televisión para mostrar una maniobra, Mandinha contando cómo se conocieron. Y ahí entendí algo: “Acá está el porqué”.
–Liniers: ¡Qué gran mesa!
–Casciari: Ahí entendí por qué el Dibu es como es. Esa familia es la Argentina. Cómo hablan, cómo se pisan las conversaciones, cómo discuten y se quieren. Y de repente, de ese entorno absolutamente normal, emerge un tipo completamente extraordinario. Es alguien con capacidades distintas en el mejor sentido. Un tipo obsesionado con competir. Uno que habla de fútbol pensando cómo quitarle el puesto a otro arquero o cómo ganar el próximo partido, aunque sea un amistoso en Zimbabue. Yo lo vi ahí, en la familia. Como cuando hay un genio en una casa y la familia no termina de darse cuenta porque lo conocen desde chiquito. Eso ayudó muchísimo a construir tanto el personaje animado como el documental.

–Recién mencionaban esto de que el Dibu siempre está pensando en más, en seguir ganando, en romper récords. ¿Puede existir una continuidad para este universo? ¿Una segunda parte quizás?
–Casciari: Esto empezó como un proyecto independiente y autogestivo, pero para crecer tuvimos que asociarnos con la industria. Hoy ese interruptor lo tiene Netflix, no nosotros. Ricardo y yo no podríamos hacer una segunda parte por nuestra cuenta. Quizás sí podamos avanzar con una versión editorial, un libro, porque ambos trabajamos mucho en ese formato. De hecho, ya empezamos a pensar algo. Pero, más allá de eso, no depende de nosotros. Igual, ojalá pase todo eso que imaginás. Sería un problema hermoso.
–Liniers: Lo primero que me dijo Hernán cuando arrancamos fue justamente eso: “Vos pensás que salir campeón del mundo es la última pantalla, pero para el Dibu no”. Y es verdad. Él ya está pensando en qué arquero ganó más partidos, qué arquero tiene más récords. No le alcanza con haber atajado probablemente la pelota más importante de la historia de los mundiales para un arquero. No tiene techo en la cabeza. Y eso es buenísimo. Yo lo quiero siempre en mi equipo. Pero, claro, también esa mentalidad implica una vida muy sacrificada. Muchísimo más sacrificada que la de un historietista, te sorprendería (risas).
Más detalles de la producción
La película construye su relato a partir de una combinación de formatos que incluye animación basada en ilustraciones de Liniers, material de archivo personal y entrevistas con el círculo íntimo de Emiliano Martínez. Entre los testimonios, aparecen amigos de la infancia, familiares y figuras fundamentales en la carrera del arquero, como Lionel Messi, Lionel Scaloni y Miguel Ángel “Pepé” Santoro.
Rodada entre Argentina e Inglaterra durante 2025, la producción fue desarrollada por PEGSA, la compañía encabezada por Agustín Pichot, con dirección de Gustavo Cova y basada en un cuento original de Hernán Casciari.
La historia sigue a un niño que descubre que tiene el poder de detener el tiempo y mantiene diálogos con una pelota (interpretada por Agustín Aristarán), que le recuerda constantemente los desafíos que deberá atravesar.
El resultado es un relato emotivo y original sobre perseverancia, presión y superación personal, que busca mostrar cómo el arquero construyó el carácter que finalmente lo llevó a la gloria deportiva.
El documental estrenó el jueves 28 de mayo en la plataforma Netflix.
Fiebre mundialista
Las plataformas de streaming entran en modo mundialista. Este jueves también estrenó El método Scaloni.
El documental enfoca en el director técnico oriundo de Pujato, Santa Fe. Es original de Flow y está dirigido por Diego Peskins, a partir de una investigación y una curaduría metodológica de Fabián Jalife.
Según información oficial, tendrá tres episodios que alternan testimonios recogidos del mismo Scaloni a través de entrevistas inéditas, y otras de prestigiosos colegas y de sus dirigidos. Entre estos últimos, se destacan los de Lionel Messi, Rodrigo De Paul, Ángel Di María, Leandro Paredes, Emiliano Martínez, Enzo Fernández y Alexis Mac Allister, entre otros.
“Se sumerge en la esencia del liderazgo de Lionel Scaloni y su cuerpo técnico para mostrar no solo su mirada futbolística, sino también su sensibilidad, su forma de gestionar grupos y su conexión humana con los jugadores”, cierra la presentación de El método Scaloni, coproducción entre Virgen Films y Business Meet Culture.
Así las cosas, tendremos el último mojón nostálgico antes de que estos mismos protagonistas, junto con el resto del equipo, encaren la épica del Mundial 2026. ¿Por qué no soñar con otra estrella?



