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La transformación del desencanto

Al futuro lo debemos construir con las consignas que alumbraron a la Docta y la Reforma, a la Córdoba industrial. Oscar Aguad.

24 de mayo de 2010 a las 08:31 p. m.
Oscar Aguad (Diputado nacional)
La transformación del desencanto

El Bicentenario del primer gobierno patrio puede quedar en una celebración o disparar potencialidades aletargadas. Cuando se festejó el Centenario, en el país no regía la democracia, las diferencias sociales eran mayúsculas, con menguados derechos humanos... Sin embargo, se vivía un clima de optimismo y el reflejo externo era de un promisorio futuro. La percepción en estos días, compartida por la mayoría de nuestros compatriotas y desde afuera, pareciera ser la del desencanto. En lo que me compete, me hago cargo de lo que implicó la claudicación de las dirigencias y la incapacidad para configurar una estrategia de nación para sacar provecho, en la aldea globalizada, de los prodigiosos adelantos destinados a ampliar el desenvolvimiento de la libertad y la igualdad de las personas.Estar entre las primeras cinco naciones, con un PIB per cápita que nos ubicaba en el 8º lugar y con los más altos niveles de educación primaria, es una foto brillante que logramos proyectar desde revistas alfabetizadoras a premios Nobel. Pasar, en un lustro, de importar trigo a ser granero del mundo permitió un crecimiento asombroso que se manifestó en el sistema político y en la legislación laboral. Se trata de romper este círculo empobrecedor que nos desliza en un tobogán, muchas veces eludido con atajos institucionales pero con dolorosos resultados. Del populismo que ancla la ineficiencia al monetarismo aperturista. El gasto público sin prioridades y su contracara, el ajuste indiscriminado, preludio de la inflación y el endeudamiento que nos hipoteca por generaciones. La decadencia es fruto de semejantes desatinos o de la improvisación voluntarista.El subdesarrollo, transfiriendo riqueza al exterior despoja de la cultura del trabajo y cercena de oportunidades a las nuevas generaciones y agiganta las asimetrías entre las regiones, arracimando indigentes en los conurbanos a merced del clientelismo.ComparacionesEntonces participábamos con el 2,5 por ciento del comercio internacional y ahora, con el 0,2 por ciento, pero siempre proveyendo bienes de menor valor. Si exportamos a 500 dólares la tonelada e importamos a 1.500 dólares la tonelada desaprovechamos las ventajas naturales y culturales que poseemos, y sobre las que debemos edificar una plataforma productiva moderna, sustentable, para lograr la justicia social y no tener que decir que todo pasado fue mejor.Córdoba, en el Centenario recibió agricultores y su incipiente industrialización impregnó a gobernantes de distintas corrientes políticas que impulsaron la otra película. Algunos pensadores previeron que la provincia equilibraría la relación federal. Por cierto, no es la foto de estos días, donde la desindustrialización, único país que la hizo voluntariamente, y relocalización en otros países de emprendedores, nos pegó en el corazón. Ese retroceso industrial impide el ensamble con los 150 mil alumnos que estudian en nuestros establecimientos de educación superior. La incorporación al mercado laboral de semejante volumen de inteligencia y conocimientos demanda inversiones en sectores dinámicos, porque más de 40 mil jóvenes cordobeses anualmente pugnan por aplicar su talento.Se puede emerger del atraso con un programa, con consensos sobre un modelo nacional. Córdoba tiene un pesado endeudamiento y se ha resignado su autonomía por consentir la discrecionalidad. Nuestra capital está en el sitio 46º por sus atractivos de inversión, debajo de Rosario y Mendoza. Ello no fue así en otras épocas y puede recuperar su liderazgo. La provincia es una conjunción de actividades agropecuarias, corredores turísticos, complejos industriales tanto metalmecánicos como alimentarios, de pyme comerciales y servicios de última generación en una extensa gama. El futuro lo debemos construir actualizando aquellas consignas que entre conservadores y rebeldes alumbraron la Docta y la Reforma, la Córdoba industrial y los operarios más calificados, la pampa gringa y los progresistas centros urbanos, el faro del debate de ideas y el meridiano político del interior. En lo impugnado y propuesto está mi visión sobre Córdoba y la Nación, implícita convocatoria a enriquecerla con el concurso de quienes hoy no encuentran un cauce para aportar lo suyo. Es posible, es imperioso, es la responsabilidad de quienes aspiramos a gobernar para todos.