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La moda era cuestión de Estado y no faltaban los azotes

La autoridad intervenía si se vestía algo inapropiado para el origen étnico. La vestimenta era muy sobria y humilde. Video.

21 de mayo de 2010 a las 06:25 a. m.
Redacción La Voz
La moda era cuestión de Estado y no faltaban los azotes

Un vestido demasiado lujoso en el cuerpo de una morena o un grupo de mulatas ataviadas como mestizas podían convertirse en asuntos de estado en la Córdoba colonial, además de objetos de castigo y reprobación de los sectores más adinerados de la ciudad.

A lo largo del 1700, no todos los cordobeses podían vestir cualquier prenda. La ropa era símbolo de pertenencia a un determinado estrato étnico y social, y una transgresión a esas normas podía hacer intervenir a las autoridades. Por caso, un bando –disposición oficial- del Marqués de Sobre Monte de 1793 obligaba a que “ninguna mulata o negra, libre o esclava, traiga oro, perlas ni seda”.

Un caso resonante. En su estudio sobre la indumentaria cordobesa, Ana María Martínez de Sánchez cuenta algunos casos en los que señoras se quejaban en el Cabildo del "intolerable abuso" de quienes vestían "ropas inconvenientes a su condición y calidad".

La historiadora relata también el caso de la mulatilla Eugenia, quien tras contraer matrimonio con el español Juan Bruno fue obligada a usar “el traje y vestuario que hasta el tiempo de su casamiento ha usado”.

No conformes con lo resuelto por el Cabildo, algunas doñas decidieron hacer justicia por mano propia e invitaron a la mulatilla a la casa de una de ellas con algún pretexto. Una vez allí, la hicieron desnudar y la azotaron. Le quemaron su vestido y la vistieron con ropas que le “correspondían por su nacimiento”, según relató el viajero y escritor Concolorcorvo y registró Martínez de Sánchez.

Viejos son los trapos. La imagen de las damas antiguas con sus llamativos vestidos y mantillas parece guardar poca relación con la vestimenta que se usaba en la Córdoba de 1810. Lejos del colorido y la distinción de otros centros de colonización española, los cordobeses se caracterizaron por un vestir sencillo y humilde.

“Las clases altas eran muy sobrias. Era de mal gusto hacer ostentación de riqueza. Además, no éramos tan ricos como Buenos Aires, mucho menos como Perú. Nos teníamos que conformar con una digna austeridad”, señala la escritora Cristina Bajo.

La autora de la saga de los Osorio cuenta que las prendas traídas de Europa tenían un altísimo valor. “Se podía ver una prenda del año 1600 que todavía se usaba a fines del siglo XVIII porque nadie la quería desdeñar, porque era una cosa fina traída de allá”.

Coser en casa. Martínez de Sánchez señala que la ropa era sumamente cara y prohibitiva. Mientras una pollera "colorada de paño de grana" costaba 30 pesos de la época, por el doble se podía conseguir "una cómoda de caoba (…) con tres cajones".

Esa situación llevó  a que las señoras de la casa practicaran y enseñaran a sus hijas los oficios de costura, bordado y tejido, al igual que lo hacían las esclavas en los conventos. Según el censo de 1813, ese año se contabilizaron 3240 costureras en la provincia.