Señalización. El lenguaje compartido de las rutas: evolución y futuro

Alertas, colores y significados dentro de un sistema de interpretación.

02 de julio de 2026 a las 12:42 p. m.
El lenguaje compartido de las rutas: evolución y futuro
Avanzar casi a ciegas en medio de una niebla cerrada en la ruta es una situación de riesgo al circular.

Pensemos en tres escenarios cotidianos: cruzar la zona de una escuela repleta de chicos en el horario de ingreso matutino, en invierno (es de noche aún), avanzar casi a ciegas en medio de una niebla cerrada en la ruta, y enfrentar el encandilamiento del amanecer y el atardecer durante el invierno. En esos momentos críticos, la única información que le llega al conductor depende enteramente de las líneas pintadas en el asfalto y de los carteles reflectivos.

Cuando manejamos en esas condiciones, la percepción es fugaz; por eso, un cartel sobrecargado o confuso se vuelve un peligro invisible. El diseño de los caminos exige símbolos simples y letras de lectura instantánea. La ventaja de esta precisión técnica es directa: mensajes claros que se entienden rápido, ordenando el tránsito y cuidando la vida de todos.

Cartelería en la Circunvalación de Córdoba.
Cartelería en la Circunvalación de Córdoba. (La Voz)

Del ayer a la estandarización

La necesidad de guiarse en el camino es tan antigua como la civilización misma. Sin ir tan lejos, durante el Imperio Romano, pilares en columnas de piedra colocados a lo largo de las vías indicaban las distancias exactas que separaban al viajero de Roma. Estas señales direccionales se hicieron comunes en los cruces de caminos, mostrando rutas y ciudades importantes a los comerciantes y legiones, y se mantuvieron en la Edad Media.

Sin embargo, con la llegada del automóvil en el siglo 20, el ritmo del tránsito exigió un orden mucho más riguroso y uniforme. La transformación moderna comenzó formalmente en 1908, cuando se establecieron los patrones básicos de las señales de tráfico en el Congreso Internacional de Carreteras en Roma. Al año siguiente, en 1909, nueve gobiernos europeos acordaron el uso de cuatro símbolos pictóricos clave: “peligro”, “curva”, “intersección” y “paso a nivel”. Décadas más tarde, en 1968, los países europeos firmaron la Convención de Viena sobre circulación en carreteras, en pos de estandarizar las normas de tráfico, facilitar el tránsito internacional y mejorar la seguridad vial a escala global.

El verdadero cambio llegó en el siglo 20, básicamente con la invención de tecnologías que transformaron la visibilidad vial a través de tres hitos fundamentales.

Pintura reflectiva: introducida a mediados del siglo 20, permitió que las líneas en las carreteras fueran visibles incluso con poca luz, delimitando los carriles de forma continua.

Ojos de gato: inventados por Percy Shaw en 1934, estos dispositivos reflectantes ofrecieron una solución eficaz para guiar a los conductores durante la niebla, marcando el relieve del camino.

Señales viales retroreflectivas: incorporadas en las décadas siguientes, devuelven la luz de los faros directamente hacia el conductor, mejorando su visibilidad nocturna a gran distancia.

Pintar la calzada, una labor indispensable.
Pintar la calzada, una labor indispensable. (GENTILEZA VAWA – CÓRDOBA (ARGENTINA). )

El presente

Hoy, la señalización en Argentina enfrenta la convivencia de normativas superpuestas: Ley Nacional 24.449, Ley Provincial 8.560 (en Córdoba) y las correspondientes en cada provincia, además de normativa local específica. Esta falta de unificación genera que, por ejemplo, un conductor que viaja por la Ruta Nacional 9 observe variaciones en la cartelería y demarcación al ingresar a la red provincial en la zona de las sierras, lo cual colabora en la confusión del usuario en milisegundos críticos. Esto se da particularmente en cuestiones cruciales, como las velocidades máximas o mínimas.

El problema se agudiza en los municipios más chicos, donde las decisiones viales suelen quedar en manos de personal no idóneo o profesionales sin las incumbencias técnicas necesarias. De esta forma, se coloca en riesgo la seguridad vial, omitiendo las graves implicancias legales, civiles y penales que son pasibles de recaer en esos actores y los funcionarios que los avalan, ante siniestros provocados por infraestructura deficiente. Para contrarrestar esa improvisación, la gestión técnica requiere la intervención directa de la Ingeniería Civil, disciplina con las incumbencias legales y la formación científica necesarias para diseñar el entorno vial. Colocar un cartel o pintar una senda peatonal implica decisiones técnicas específicas que escapan al sentido común en muchos casos.

Por ejemplo, un ingeniero civil determina la ubicación exacta de una señal evaluando la velocidad de frenado y la distancia de visibilidad en una curva, calcula y revisa la calidad de la pintura de demarcación para que los faros la iluminen en una noche de lluvia. Asimismo, el profesional analiza el volumen de tránsito pesado para anticipar el desgaste del asfalto, programando el mantenimiento antes de que las líneas se borren.

Fabricación de distintos tipos de cartelería.
Fabricación de distintos tipos de cartelería. (GENTILEZA VAWA – CÓRDOBA (ARGENTINA))

El futuro

El porvenir vial está ligado a la infraestructura conectada y los vehículos autónomos que leen el entorno mediante sensores LiDAR ((Light Detection and Ranging, un dispositivo de teledetección que emite pulsos de luz láser para medir distancias) y cámaras. La demarcación del mañana transmitirá información digital directa a las computadoras de los autos. Las líneas viales advertirán sobre el estado del pavimento o variaciones de velocidad antes de que el ojo humano divise el cartel. El entorno será dinámico. Mediante calzadas led, un carril cambiará de sentido o se convertirá en exclusivo para colectivos en hora pico según la demanda.

En síntesis

Martín La Rosa, ingeniero civil, MP 5842.
Martín La Rosa, ingeniero civil, MP 5842. (La Voz)

La señalización vial constituye el contrato social que aceptamos para convivir en el espacio público. Comprender su evolución, unificar los criterios normativos bajo la supervisión de profesionales idóneos y adoptar las nuevas tecnologías resulta indispensable para consolidar ciudades amables, eficientes y seguras.