Plataformas. Personas, procesos y tecnología: la base real de toda implementación BIM

Los factores en común a tener en cuenta.

01 de julio de 2026 a las 12:21 p. m.
Personas, procesos y tecnología: la base real de toda implementación BIM
Cambian las herramientas, cambian los usos y cambia la forma de organizar el trabajo, pero la lógica de fondo y los beneficios son los mismos.

Hoy, todos hablan de BIM, y no hay que entenderlo sólo como un modelo 3D o como un software. Su verdadero valor aparece cuando mejora la forma en que se produce, organiza y utiliza la información de un proyecto. Ahora bien, si BIM es mucho más que tecnología, surge una pregunta: ¿sobre qué se sostiene una implementación que realmente funciona? La respuesta se resume en una idea sencilla: toda implementación BIM necesita una estrategia clara y el desarrollo coordinado de tres pilares fundamentales.

El primer pilar son las personas, y cuando hablamos de personas nos referimos a competencias, responsabilidades y un cambio en la cultura de trabajo. Implementar BIM exige que los equipos aprendan a producir y gestionar información de manera colaborativa, con criterios compartidos y más coordinación entre disciplinas. Eso implica saber quién modela, quién revisa, quién coordina, quién valida y quién toma decisiones con esa información. En ese marco aparecen roles como el modelador, el coordinador, el revisor o el gestor BIM. Lo importante no es el nombre del rol, sino que las funciones estén claras y definidas. BIM no crea profesiones mágicas ni reemplaza las disciplinas existentes: suma capacidades y responsabilidades nuevas sobre la información. Si ese pilar falla, aparecen malentendidos, retrabajos, irregularidades, demoras y decisiones tomadas con datos erróneos o incompletos.

Toda implementación BIM necesita una estrategia clara y el desarrollo coordinado de tres pilares fundamentales.
Toda implementación BIM necesita una estrategia clara y el desarrollo coordinado de tres pilares fundamentales. (Civiles)

El segundo pilar son los procesos, las reglas del juego. Son los que definen cómo se transforma una necesidad, en un resultado con valor. En BIM, eso significa ordenar cómo se crea la información, cómo se revisa, cómo se aprueba, cómo se publica y cómo se entrega. Dicho de otro modo: no alcanza con tener un buen modelo si nadie definió cómo debe circular la información dentro del proyecto. Por eso, una implementación seria necesita mapear procesos. Eso permite visualizar el flujo de trabajo, detectar cuellos de botella, asignar responsables, evitar improvisaciones y entender qué entradas y salidas tiene cada etapa. Cuando los procesos están bien definidos, el trabajo se vuelve más claro y más previsible. Cuando no lo están, la metodología pierde fuerza, aunque el equipo tenga buenas intenciones. Aquí aparece otro punto importante: los procesos no tienen que ser eternos ni innecesariamente complejos. Tienen que ser proporcionales al tamaño, la complejidad y los objetivos del proyecto. No necesita la misma estructura una Pyme que da sus primeros pasos que una gran organización con múltiples disciplinas y obras en paralelo. En este pilar también entran los estándares. Normas como la serie ISO 19650, las guías nacionales BIM y los estándares internos de cada empresa ayudan a definir cómo se nombra, clasifica, intercambia y controla la información. No se trata de burocracia: se trata de lograr que distintos equipos trabajen con criterios coherentes y que la información sea más confiable, transparente y trazable.

Ingeniera civil Sofía Gómez Palacios, MP 5723.
Ingeniera civil Sofía Gómez Palacios, MP 5723. (Civiles)

El tercer pilar es la tecnología, que representa el conjunto de herramientas que soportan todo lo anterior. Incluye hardware, software de modelado, coordinación, análisis y revisión, plataformas colaborativas y entornos en la nube. Pero la tecnología es el medio, no el fin. Su valor no está en la cantidad de programas que usa una empresa, sino en su capacidad para sostener procesos claros y ayudar a las personas a trabajar de la manera más eficiente para el objetivo requerido. Aquí ocupa un lugar central el Entorno Común de Datos, porque permite que la información tenga una estructura clara y un lugar confiable donde permanecer. También aparece otro concepto clave: la interoperabilidad, es decir, la capacidad de que los datos fluyan entre distintos sistemas sin quedar encerrados en una sola plataforma. Por eso, estándares abiertos como IFC son tan importantes: ayudan a que diferentes herramientas hablen un lenguaje común, abierto y gratuito, libre de licencias. El Industry Foundation Classes (IFC) es un estándar internacional de formato abierto para intercambiar modelos BIM entre distintos softwares, sin depender de un programa específico. Permite compartir geometría e información del proyecto: elementos, propiedades, materiales, clasificaciones y datos técnicos. Es clave para trabajar en openBIM, coordinar modelos y asegurar que la información pueda leerse en diferentes plataformas.