Vivir con miedo
La ola de violencia y crímenes que azota al país ha trastocado la convivencia civilizada y cambiado el sistema de valores que caracterizó a la sociedad argentina.
En materia de violencia y criminalidad, la Argentina está entrando en una pendiente peligrosa. Crece la ola de asaltos violentos, secuestros y asesinatos y no hay ciudades ni poblaciones que puedan considerarse al margen de este flagelo. No se trata de un fenómeno de reciente aparición, sino que ya lleva muchos años instalado en nuestra sociedad. Esta perduración demuestra algo muy grave: que han fracasado todas las políticas de seguridad y de prevención del delito, lo que a su vez habla muy mal de la dirigencia, de la burocracia estatal y de los gobiernos de turno, que en el caso de la Nación lleva casi una década en funciones.El agravante es que existe un doble discurso. Por un lado, el discurso oficial insiste en que la Argentina ha progresado en estos casi 10 años en una escala que no lo había hecho en mucho tiempo y que ese progreso se refleja en todos los ámbitos de la sociedad. Por otro lado, los testimonios de los afectados revelan un clima social en el que las familias tienen miedo de volver a sus casas, ir al trabajo o conducir sus vehículos, como si vivieran en una tierra de nadie.Parece que todo está dicho, pero siempre hay más. El asesinato de dos hermanos dueños de un supermercado de Cañuelas, provincia de Buenos Aires, superó el límite de un simple hecho policial y movilizó a varios centenares de vecinos de esa ciudad, que bajo la lluvia y sintiéndose ellos mismos inseguros, entraron al edificio de la municipalidad para exigir respuestas.El gobernador bonaerense Daniel Scioli y parte de su gabinete se trasladaron a Cañuelas, lo que puso en evidencia la gravedad del hecho ocurrido, como así también el entramado político que rodea a estos sucesos policiales, que se repiten en varios puntos del país, como el violento reclamo gremial en el yacimiento Cerro Dragón, provincia de Chubut; una protesta policial en la provincia de Santa Cruz; una mujer embarazada baleada en Ciudad Evita –que perdió a su bebé y está internada en un hospital de La Matanza– y otra mujer embarazada que fue baleada en Castelar por un delincuente que intentó robarle su automóvil.Así se puede seguir de manera indefinida. Dirigentes de la oposición e incluso algunos funcionarios judiciales piensan que sobre algunos de los hechos ocurridos en la provincia de Buenos Aires se proyecta la sombra del conflicto planteado entre la presidenta Cristina Fernández y el gobernador Scioli, dado la comprobada presencia de algunos barrabravas y patoteros políticos.Más allá de que la Justicia determine o no si se trata de crímenes con componentes políticos, lo cierto es que la inseguridad está cambiando las formas de convivencia y el sistema de valores de la Argentina. Y que es imperioso ponerle freno, dentro de la ley y de las normas democráticas.

