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Una violencia que estremece

La represión en Jujuy y la muerte de dos turistas francesas, dos hechos opuestos en sus contextos y personajes, revelan, empero, un alto grado de violencia. Aquí sí debe actuar el Estado con firmeza.

06 de agosto de 2011 a las 12:01 a. m.
Una violencia que estremece

Por dos hechos violentos diametralmente opuestos en sus contextos y personajes, el norte argentino ha sido sacudido en los últimos días. Hace poco, una inesperada represión –aún se ignora quién la condujo y por qué se disparó contra una multitud indefensa– provocó la muerte de tres militantes piqueteros y de un agente de policía en Jujuy, por la ocupación de un predio lindero al Ingenio Ledesma. Ahora, se añade el horrible asesinato y la aparente vejación de dos turistas francesas en Salta, en circunstancias aún no aclaradas. En este caso, un sospechoso de haber vendido el arma homicida –que alquila caballos en un predio cercano al lugar del hecho– fue dejado en libertad por falta de pruebas, tras lo cual denunció que había sido sometido a torturas para confesarse autor del crimen. Idéntica acusación hicieron otros detenidos, todos ahora en libertad, lo que monta una compleja trama difícil de dilucidar. Hay aquí dos causas relacionadas entre sí: la del asesinato de las francesas Cassandre Bouvier y Houri Moumni, de 29 y 23 años, respectivamente, y la denuncia de apremios ilegales a ciudadanos que, al parecer, quisieron ser obligados a confesar la autoría del doble homicidio, que al parecer no cometieron. Ambos son delitos aberrantes, inconcebibles, aunque sean de distinta categoría y sus autores –en caso de ser individualizados y detenidos– merezcan penas diferentes. La mano de la Justicia debe descubrir y castigar este horrible crimen, aunque ni la máxima pena contemplada por las leyes devolverá la vida a las dos jóvenes mujeres que en principio y mientras no se demuestre lo contrario, eran simples turistas que querían descubrir una de las regiones más bellas del país.Por cierto que nadie está exento, aquí o en países más desarrollados, del ataque de homicidas o psicópatas. Pero es necesario que a través de organismos y personas específicas se brinde más seguridad a los miles de turistas que visitan el país. Al horrible hecho de Salta se agregan muertes similares producidas en La Rioja y la Capital Federal, además de los cientos de asaltos y ataques violentos que padecen a diario los visitantes extranjeros en distintos puntos del país.El Estado nacional está ausente, no sólo desde el punto de vista de la seguridad, sino también de la educación y la difusión de una cultura de la tolerancia y la convivencia civilizada, para eliminar o al menos mitigar la violencia callejera.No se trata de crear un cuerpo especial ni distraer esfuerzos en el combate contra la delincuencia que asola al resto de la población, pero sí que mediante una acción precisa e inteligente se cuide, en los sitios más concurridos de la Argentina, a quienes fomentan una industria sin chimeneas, que genera ingresos millonarios y facilita la creación de miles de puestos de trabajo.