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Un país incompetente

Cuando se recuerda que casi toda decisión en materia de competitividad ha quedado en manos de un funcionario como Guillermo Moreno, no queda demasiado margen para la decepción.

19 de agosto de 2010 a las 12:01 a. m.
Un país incompetente

No es novedad: según un estudio elaborado por una de las principales consultoras económicas de Estados Unidos, en colaboración con el Consejo de Competitividad de ese país, la República Argentina ocupa el penúltimo puesto en un ranking global de países en materia de competitividad industrial. Sólo supera a Arabia Saudita en un conjunto de 26 naciones industrializadas y potencias emergentes seleccionadas con esa finalidad: registra un índice de 1,03 en una escala de 1 a 10.

También era previsible que los dos primeros puestos lo ocupasen China y la India, y a continuación quedasen ubicados Corea del Sur y Estados Unidos. Las 10 primeras posiciones son completadas, en orden decreciente, por Brasil, Japón, México, Alemania, Singapur y Polonia.

La calificación se hizo entre fines de 2009 y principios de este año, sobre la base de las respuestas de los máximos ejecutivos (CEO, en la jerga empresaria) de 403 compañías globales y titulares de emprendimientos, con facturaciones anuales superiores a 100 millones de dólares.

Los principales criterios de competitividad son la innovación generada por el talento y los costos relativos de mano de obra y de las materias primas. La evaluación no ahonda en las características industriales de la Argentina, pero dedica sendos capítulos a Brasil y a México: "Casi tan impresionante como el ascenso de Asia -expresa el informe final- es el crecimiento tanto de Brasil como de México en el hemisferio occidental".

Es natural que la Argentina padezca falta de competitividad y de año en año pierda posiciones en el comercio internacional. En lo fundamental, porque los principales operadores y recursos de su economía están en manos de corporaciones extranjeras, cuyas estrategias de globalización atienden de modo preferente a la conquista de mercados aprovechando ventajas comparativas no creativas, como mano de obra relativamente más barata, mercados cautivos protegidos por barreras arancelarias y una política de comercio exterior errática, contradictoria, carente de planificación en el mediano y en el largo plazo.

Es una política meramente reactiva, que no impulsa nada nuevo y superior a lo anterior: desde hace más de 20 años no surge en nuestro país, con capitales locales, una empresa que trabaje a escala internacional. Las pocas existentes son sucursales o subsidiarias de capital extranjero, que sólo se limitan a explotar ventajas comparativas. Nada de inversiones de riesgo.

Cuando se recuerda que casi toda decisión en materia de competitividad ha quedado en manos de un funcionario como Guillermo Moreno, de inseguro equilibrio emocional e imprevisibles reacciones, y que la infraestructura energética es cada vez más precaria, no queda demasiado margen para la decepción cuando se compara la competitividad de la economía argentina con las de naciones en plena expansión.