Un llamado falto de sinceridad
Resulta inconvincente el llamado de Cristina y Néstor Kirchner a no aprovecharse políticamente de la gigantesca fiesta popular que fue la celebración del 25 de Mayo.
El ex presidente Néstor Kirchner formuló el jueves último un llamado razonable: "No especulemos -dijo- para ver quién obtiene más réditos del 25 de Mayo, porque el gran protagonista fue el pueblo".
En un país correctamente institucionalizado, y con una clase política sólida en su formación y transparente en su praxis, un pedido semejante sería innecesario. En fin de cuentas, se trataba del cumpleaños de la patria, no de una convocatoria a elecciones. Pero la dirigencia partidista vive en una gelatinosa confusión que reduce dramáticamente su capacidad de discernimiento y, por ello, todo cuanto hace o deja de hacer debe ser evaluado bajo la lupa proselitista.
La demostración más expresiva al respecto la brindaron, y no por casualidad, Cristina y Néstor Kirchner, quienes no pudieron con su genio y, procurando acercar algo de agua a su molino electoral, aseguraron que la Argentina de 2010 "está muchísimo mejor" que la de 1910 y dijeron que en el Centenario "había un pueblo con hambre y estado de sitio".
No advirtieron que estaban agraviando al pueblo, puesto que si en 100 años no hubiese sido capaz de mejorar en cierto modo su calidad de vida, debería ser arrojado a los que Charles De Gaulle llamaba "basureros de la historia".
Esto, en cuanto a la relativa mejoría en la provisión de alimentos, siempre que se tengan presentes los alarmantes índices actuales de hambre y desnutrición en las provincias más desamparadas por el actual modelo. Y tratándose de provincias, también cabría otra matización: es verdad que no está vigente en el territorio nacional el estado de sitio, que llegó a extenderse, salvo breves intervalos, durante más de medio siglo. Pero es también verdad que este modelo ha destruido el sistema federal, utilizando la extorsión de la "caja" para arrasar con las autonomías constitucionales. Por lo demás, el libreto de los festejos estuvo también impregnado de dogmatismos y sectarismos. El desaire que representó la inasistencia de la presidenta de la República al Tedéum oficiado en la iglesia Catedral Metropolitana por el jefe de la Iglesia Católica, fue un desaire al pueblo de Buenos Aires. El kirchnerismo tiene memoria muy corta y tal vez por eso no recuerde, quizá no sepa, que Mayo de 1810 fue una gesta de la población de Buenos Aires.
Fueron porteños los que reivindicaron ante el Cabildo de su ciudad sus inalienables derechos a saber de qué se trataba en esas jornadas fundacionales de la patria. Ni siquiera en esta oportunidad el matrimonio presidencial pudo demostrarse superior a sus enconos contra quienes instituciones o personas se permiten convocarlos a la realidad mediante críticas constructivas.
Por lo demás, pretender que un desfile pueda arrastrar políticamente a las masas es incurrir en un reduccionismo enfermo de infantilismo electoralista.

