Sospechas de corrupción. Irregularidades en Arsat y en Orsna
El secuestro a un exfuncionario de sumas abultadas de dinero, drogas y materiales sensibles que se vinculan con el espionaje debe poner en alerta a la comunidad y a los poderes estatales.
El exfuncionario nacional Facundo Leal fue noticia, días atrás, cuando quedó detenido luego de un allanamiento en un departamento de su propiedad, ubicado en el barrio porteño de Palermo. En el operativo, le secuestraron U$S 2,5 millones, $ 2 millones y otras sumas en divisas extranjeras.
Pero, más grave aún, también se le incautaron drogas sintéticas; entre ellas, según la información oficial, 72 pastillas de MDMA, más conocida como éxtasis, y algunos gramos de cocaína.
Y si algo faltaba para motivar estupor es que, durante la escalada de allanamientos, que se extendió hasta la ciudad de Mendoza, al detenido se le secuestró –siempre según los reportes oficiales– un sofisticado kit de espionaje profesional.
La opinión pública, a esta altura superada en su capacidad de asombro en materia de corrupción en el Estado, tomó nota de que Leal se había desempeñado como presidente de la compañía estatal Arsat durante la presidencia de Alberto Fernández, para luego ser designado por el gobierno de Javier Milei como titular del Organismo Regulador del Sistema Nacional de Aeropuertos (Orsna).
Valga la precisión sobre las responsabilidades que tenía a su cargo este funcionario, ahora preso por tenencia injustificada de divisas, de estupefacientes y de equipos de inteligencia.
Las siglas como única mención a veces no nos dan los trazos finos sobre la relevancia de lo que se habla. Como se dijo, el Orsna tiene como tarea la fiscalización de actividades que se llevan a cabo en los aeropuertos públicos.
Y Arsat es la Empresa Argentina de Soluciones Satelitales. Fue creada en 2006 para desarrollar tecnología de avanzada y gestionar las posiciones orbitales del país. Pero, más allá de sus actividades científicas, Arsat opera un centro de datos para resguardar información.
En términos concretos, el accionar de la Policía Federal se movilizó por sospechas fundadas sobre actos de corrupción en el ámbito de la empresa estatal de telecomunicaciones.
¿Quién controlaba que ese arsenal subterráneo de dinero, de estupefacientes y de materiales sensibles vinculados con la inteligencia profesional estuviera camuflado en domicilios pertenecientes a un dependiente público de rango gerencial, que llegó a superar el filtro de dos administraciones presidenciales?
Todo ello sin soslayar cómo ciertos servidores públicos se mantienen con el paso de los gobiernos y continúan haciendo negocios espurios en beneficio propio. Los ejemplos precedentes de malas artes administrativas son copiosos.
Como dijo a La Voz en Vivo la abogada experta en transparencia María Eugenia Talerico, estos entramados parecen resistir a los cambios de gobiernos. Y vinculó al detenido Leal con políticos y empresarios.
“Es un nivel de podredumbre”, afirmó Talerico. Una percepción generalizada. La Justicia, algo irresoluta y manchada, tiene ahora la palabra.



