Tras el discurso, a los hechos
Durante este nuevo mandato presidencial, las cuestiones fundamentales deben ser debatidas y decididas con equilibrio y madurez en los ámbitos institucionales que correspondan.
Con muchas palabras dichas y otras silenciadas, con muchas presencias y ausencias, con cambios inesperados en la ceremonia de la entrega de la banda y el bastón, Cristina Fernández de Kirchner –reelegida con el 54 por ciento de los votos– prestó juramento el sábado como presidenta de la República por un nuevo período de cuatro años. Serán con seguridad muy distintos a los ocho años precedentes de la administración kirchnerista, simplemente porque hay muchas cosas que han cambiado –en el país y en el mundo– y porque la realidad exige nuevas respuestas, lo que no quiere decir que las anunciadas por la jefa del Estado sean todas correctas.A lo largo de su improvisado discurso, campeó la idea de una mayor concentración del poder político en sus manos, rodeada de los más leales e incondicionales, los que se definen "cristinistas" hasta el fin, todos los que comparten de manera ortodoxa su visión de la historia y de la política.En el pasado hubo fusibles que saltaron, como el sorpresivo alejamiento de Alberto Fernández –uno de los más leales– de la jefatura de Gabinete, a quien la Presidenta le endilgó nada menos que ser un hombre del grupo Clarín. Ahora se insinúa un conflicto con el gobernador bonaerense Daniel Scioli, que obtuvo en su provincia un porcentual más alto que el de Cristina Fernández de Kirchner. Y también con el todopoderoso Hugo Moyano, líder de la Confederación General del Trabajo (CGT), quien parece haber caído en la cuerda floja.Temas como la inseguridad, la inflación y los aumentos salariales desmedidos están detrás de estos desacuerdos, y lo cierto es que la historia parece repetirse. El peronismo de hoy ya no es el de antes, y los Kirchner se aferraron a una nueva denominación, el Frente para la Victoria, que últimamente ha tenido varios roces con el justicialismo más tradicional, con gobernadores y sindicalistas más inspirados en esta tradición.Y al respecto la Presidenta tuvo en su discurso una frase elusiva y hasta esquiva, cuando aludió a las restricciones al derecho de huelga implantadas por el general Juan Domingo Perón durante su primera presidencia, o cuando dejó abierta una pequeña ventana al juzgamiento de acciones terroristas cometidas en la década de 1970, lo que inquieta seguramente a muchos aliados del Gobierno que integraron la militancia montonera.En fin, son muchas las cosas que han quedado pendientes después del discurso presidencial, y lo que espera la ciudadanía es que todas las cuestiones sean debatidas y decididas en los ámbitos institucionales que correspondan, con madurez, equilibrio y el mayor consenso posible, evitando tensiones en el seno del propio Gobierno o entre éste y la oposición.

