Proselitismo exacerbado
En la Argentina ya hay un fuerte clima electoral, cuando aún falta mucho para las elecciones de 2015 y son numerosos los problemas que los diferentes niveles del Estado deben resolver.
La Argentina está inmersa en una alocada carrera electoral, en la que los precandidatos a cargos ejecutivos y legislativos de cara a las elecciones de 2015 se promocionan con mensajes esperanzadores para seducir a una ciudadanía aquejada por cuestiones de la vida cotidiana, que demandan soluciones perentorias. Esta suerte de fiebre proselitista anticipada alcanza a los que pugnan por extender sus mandatos o bien acceder a otros puestos electivos a nivel nacional, provincial y municipal. No parece haber excepciones.Es necesario subrayarlo: la militancia política partidaria es saludable y constituye uno de los sostenes de la democracia; pero se desdibuja cuando se transforma en eternas pujas de poder, en desmedro de las necesidades de millones de argentinos que sufren la inflación, la pobreza, la inseguridad, el desempleo, el flagelo del narcotráfico y los pésimos servicios públicos que se brindan a cambio de tributos onerosos.No es exagerado advertir que una docena de exponentes de distintos signos políticos y partidarios están ya anotados para competir en los comicios que serán convocados, seguramente, para el tercer domingo de octubre de 2015 y que definirán la sucesión de Cristina Fernández en la presidencia del país.Se trata de una grilla de "presidenciables" que, en su mayoría, miden en las encuestas, por lo que habría que sumar también a aquellos aspirantes con idénticas ambiciones, pero que tienen un bajo caudal de intención de voto.Una carreteo frenético que tendrá como fase previa las elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias (Paso) que se celebrarían en agosto de 2015 y que dirimirán quiénes seguirán como cabeza de lista rumbo a octubre.Se dan casos de legisladores nacionales que asumieron la banca en el Congreso hace sólo cinco meses y ya comenzaron a palpitar el lejano e incierto turno electoral, con evidentes intentos superadores en materia de cargos.Alianzas multipartidarias; precandidatos oficialistas y opositores; encuestas que miden casi semana a semana las tendencias y preferencias de cada aspirante, y mitines políticos con claros contenidos proselitistas (como sucedió el jueves último durante los actos conmemorativos del Día Internacional del Trabajo) forman parte de esta carrera rumbo a las urnas del próximo año.Dar soluciones al estado de marginación que padecen millones de argentinos es responsabilidad de los gobernantes, en todos los niveles. Sin embargo, queda la sensación de que muchos de esos dirigentes con cargas ejecutivas gastan sus horas en menesteres electoralistas, más que en atender los asuntos de la gestión a la que llegaron por decisión de los ciudadanos que los votaron.Las jornadas cívicas, antes y durante los actos comiciales, son memorables y contribuyen a oxigenar la democracia. Pero cabe el interrogante sobre si es válido estar todo el año de campaña, aun ante la indiferencia de la comunidad.

