Profundos prejuicios
Pese a las abundantes expresiones en contra, hay una confusa evaluación social que tergiversa el drama de la violencia de género. Debemos ser conscientes de la dimensión del fenómeno para erradicarlo de verdad.
Mañana, en conmemoración del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, en todo el país se realizará una nueva marcha bajo la consigna "Ni una menos", que este año ha marcado el nuevo posicionamiento de la sociedad en contra del femicidio. Es muy importante apoyar esta manifestación desde los más diversos sectores sociales. Pero también resulta imprescindible que todos tomemos conciencia de cómo nuestra manera de pensar puede legitimar esa violencia en la práctica, aun cuando la mayoría de nosotros se declare en contra.Una encuesta realizada por el Instituto de Género y Promoción de la Igualdad de la Defensoría del Pueblo de la Provincia de Córdoba deja en evidencia esa contradicción.Por ejemplo, en términos generales, puede decirse que uno de cada dos cordobeses considera que la mujer que es maltratada regularmente tiene la culpa de lo que le pasa por seguir conviviendo con un varón golpeador. Es más, uno de cada cinco afirma que la mujer golpeada de alguna forma acepta o le gusta que la traten así.El cuadro se complejiza si se agregan otros dos datos: uno de cada dos encuestados sabe que en su entorno íntimo hay una mujer que es víctima de malos tratos. Y uno de cada cuatro cordobeses entiende que la situación de violencia en el seno de una pareja es un asunto privado en el que nadie debe entrometerse.Podríamos decir, entonces, que hay una confusa evaluación social que tergiversa el drama de la violencia de género. Formulada en primera persona del singular, la idea sería: yo estoy en contra de los maltratos, pero conozco la realidad que vive una mujer golpeada y no me meto en su problema porque cada pareja decide cómo quiere vivir y hasta es posible que a ella le guste que la traten así.En otras palabras, decimos estar en contra pero no hacemos nada, porque quien sufre tiene que salvarse sola para demostrarnos que es una víctima verdadera de una situación que no eligió de ningún modo. Eso significa que sospechamos de toda mujer golpeada. Si ella continúa la relación con su golpeador, no es nuestra responsabilidad.Estos prejuicios, según la encuesta, se registran más entre los varones. O sea que es una manera indirecta de decirles a sus parejas el modo en que viven su intimidad: como un mundo donde nadie puede intervenir, donde ellos fijan las reglas y quedarse implica aceptarlas.Esta es la escena cultural en la que se legitima la violencia de género. Si no logramos cambiarla, nada cambiará. Por eso es importante que, más allá de la marcha de mañana, todos los días pensemos y actuemos en contra de los prejuicios que nutren a este flagelo.

