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Políticas factibles y beneficiosas

A pesar de la caída de las ventas, la industria no tuvo un impacto negativo porque se esforzó para reformular los productos problemáticos. Alimentos: Argentina no usará el etiquetado chileno

24 de febrero de 2020 a las 12:10 a. m.
Políticas factibles y beneficiosas
Países latinoamericanos como Chile, Uruguay y Perú apuestan por los octógonos negros (La Voz).

Las familias chilenas adquieren casi un 25 por ciento menos de bebidas azucaradas desde que en 2016 comenzó a implementarse la Ley de Etiquetado y Publicidad de Alimentos.

Es el resultado más importante que arroja una investigación internacional difundida la semana pasada, en la que participaron la Universidad de Carolina del Norte (Estados Unidos), el Instituto Nacional de Salud Pública de México y el Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos de la Universidad de Chile (Inta).

Un estudio de universidades chilenas, que incluyó al Inta, con el apoyo de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Carolina del Norte, ya había demostrado hace un año la importancia de esta ley en el abordaje de la obesidad.

La norma promueve una alimentación más saludable a través de advertencias bien claras en los envases sobre el nivel de azúcar que contiene cada producto, restringe la publicidad dirigida a los niños y prohíbe la venta en colegios de aquellos que superan ciertos niveles de distintos componentes.

Como los cambios de hábitos alimentarios fueron más exitosos en Chile que en países donde se prefirió, por ejemplo, aumentar el precio de las bebidas azucaradas, su política de etiquetado sería un punto clave del éxito del plan.

De hecho, la ley chilena se ha vuelto el modelo por seguir a nivel internacional. Israel, Perú, México y Uruguay ya la adoptaron.

En Canadá, en Brasil y en Guatemala, se encuentra bajo estudio. Y uno de sus impulsores acaba de visitar los Emiratos Árabes, invitado por las autoridades de ese país para conocer la norma en detalle.

Eso sí: hasta ahora, las comparaciones internacionales señalan que donde sólo se optó por el método de etiquetado, pero no se puso en vigencia lo referente a la protección de los niños, los resultados no son tan alentadores.

En consecuencia, el acierto chileno estaría en el múltiple campo de acción fijado a la ley. Es relativamente lógico. Como los niños pasan muchas horas en la escuela, donde rige un esquema alimentario saludable, sólo pueden llevar de sus casas determinados alimentos; y en el tiempo que pasan en familia, pronto detectan y evalúan de forma negativa el consumo de los productos perniciosos, con lo que suman al cambio a los adultos.

Nuestro país debiera adoptar cuanto antes un sistema similar. Hay que descontar que las empresas opondrán resistencias. El caso chileno demuestra que, cuando se promueve con claridad el bien común, todas las partes deben aprender a ceder: a pesar de la caída de las ventas, la industria no tuvo un impacto negativo porque se esforzó para reformular los productos problemáticos.