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Ocasión histórica para el Vaticano

La Iglesia Católica recuperaría parte de su credibilidad si el Papa accediera a la exigencia de las Naciones Unidas de difundir la lista de sacerdotes que abusaron de menores.

09 de febrero de 2014 a las 12:01 a. m.
Ocasión histórica para el Vaticano

Nadie podrá negar que la dureza del golpe que el Comité de las Naciones Unidas para los Derechos del Niño acaba de aplicarle al Vaticano es, cuanto menos, inusual. En un organismo conocido por su lentitud y por una mesura que le resta efectividad, el pronunciamiento sobre los miles de casos de pederastia que las jerarquías católicas disimularon por décadas ha causado una fuerte conmoción. Particularmente duro es el párrafo que imputa al Vaticano la adopción de políticas "que permitieron a sacerdotes violar y acosar a miles de niños", a la vez que exige la apertura de los archivos con el listado de sacerdotes pedófilos y de los obispos que los encubrieron.La Iglesia Católica viene afrontando desde hace años el alto costo moral –y económico– de la salida a superficie de casos gravísimos acaecidos en todo el mundo, que derivaron en arreglos indemnizatorios millonarios, y sacerdotes e incluso obispos retirados a un segundo plano.Pero para el organismo internacional parecen no haber sido suficientes los esfuerzos iniciados por Benedicto XVI y la política de tolerancia cero impuesta desde la llegada de Jorge Bergoglio al trono de San Pedro. Para los autores del documento citado, el Vaticano ha privilegiado preservar la reputación institucional, aplicando un código de silencio. Y demuele el argumento que durante mucho tiempo enarboló la Santa Sede, cuando sostenía que no tiene control efectivo sobre sacerdotes y obispos.La Iglesia está en un punto de inflexión, lo que la obligará a políticas aun más comprometidas en esta materia. La elección del papa Francisco guarda estrecha relación con estos escándalos y los desmadres de las finanzas vaticanas, al haberse percatado muchos miembros de la jerarquía eclesial de la imperiosa necesidad de dar un golpe de timón. Pero falta encarar algunos aspectos centrales de la cuestión.En principio, la sensación instalada es que los culpables, aun aquellos que reconocieron en público sus graves faltas, no recibieron sanciones de peso, más allá de la pérdida de posiciones y privilegios. Lo antedicho, con todo, no alcanzaría si no se establecen mecanismos de transparencia y control que eviten nuevas victimizaciones. Bergoglio ha impuesto cambios que no se veían desde principios de la década de 1960, con Juan XXIII, lo que produjo una sana conmoción en un ámbito acostumbrado al secreto y las conspiraciones.El momento es propicio para que la Iglesia se ocupe con franqueza de los males que la aquejan y recuperar la necesaria cuota de credibilidad. Debería aprovecharse la ocasión para que nunca más impere la ley del silencio. Lamentablemente, la primera respuesta oficial del Vaticano, emitida el viernes, fue desacreditar al organismo internacional y acusarlo de excederse en la publicidad de su documento.