No a los excesos y a la violencia
Los excesos policiales deben ser desterrados definitivamente, pero tampoco se puede enarbolar una idea de la "militancia" que justifique la violencia como modo de hacer política.
Los incidentes ocurridos en el recinto de la Legislatura bonaerense no pueden ser reducidos a un simple "exceso policial", aunque éste haya existido y merezca ser investigado y deban ser sancionados sus responsables. El problema de fondo es otro, el de una especie de retorno a la violencia y los enfrentamientos entre grupos de militantes enrolados en una misma configuración política, que apoya y sostiene al Gobierno nacional, aunque se identifican en líneas internas diferentes.Hechos parecidos ya habían ocurrido en inmediaciones del Congreso Nacional, en ocasión del juramento de la presidenta Cristina Fernández por un nuevo mandato presidencial. En aquella oportunidad, una joven fue herida en el pecho con un objeto punzante y un joven perdió un dedo de la mano, al parecer cuando se descolgaba de una reja y se enganchó un anillo.Este confuso episodio aún no fue esclarecido. Las bandejas del Congreso habían sido prácticamente copadas por activistas de la agrupación ultrakirchnerista La Cámpora, que intercambiaron eslóganes e incluso insultos con grupos afines al peronismo tradicional o al sindicalismo.En La Plata, los incidentes se iniciaron cuando miembros de La Cámpora intentaban ingresar al recinto legislativo, cuyas gradas habían sido ganadas por simpatizantes o adherentes al gobernador Daniel Scioli, quien reasumía su cargo. Fue en esas circunstancias en las que efectivos policiales reprimieron a los manifestantes.No está en claro quiénes y por qué dieron la orden de actuar de esa forma, lo que ha llevado al Gobierno de la provincia de Buenos Aires a encarar una investigación de los hechos y a separar de manera provisoria a los responsables del operativo policial. La respuesta no se hizo esperar y un centenar de policías se acuarteló en señal de protesta, medida que después fue levantada ante la intervención del gobernador Scioli.Pero lo cierto es que no puede ocurrir ni lo uno ni lo otro: ni excesos policiales ni choques entres grupos de militantes o activistas. No se puede volver impunemente a un pasado de violencia. Porque –bueno es recordarlo– estas cosas se saben cuándo empiezan pero no dónde ni cómo terminan, ya que la reiteración de grescas políticas supuestamente inocentes pueden crear climas más enrarecidos y pesados.En el país se han recuperado no sólo la democracia sino también las ideas de la paz social y la convivencia civilizada, pero de tanto en tanto se producen brotes de violencia que es preciso no exagerar pero tampoco minimizar.El orden público y la tolerancia son valores que deben ser respetados por todos los ciudadanos, y ninguna idea de "militancia" puede dar pie a abrirse paso por medio de la fuerza y las agresiones. En ese sentido, el país no puede dar un solo paso atrás.

