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El mundo ya no es lo que era

Las recientes reuniones del G-8 y del G-20 demostraron que, como encuentro de los países más poderosos del mundo, perdieron sentido por la inocultable decadencia de varios de sus miembros.

01 de julio de 2010 a las 12:01 a. m.
El mundo ya no es lo que era

El imprevisto cambio de agenda que prevaleció en las deliberaciones realizadas en la cumbre de Toronto (Canadá) por los mandatarios de las naciones integrantes del Grupo de los 8 (G-8) fue impuesto por las duras realidades económica y política en el plano internacional. Dos factores incidieron para ello. El primero, que Alemania, Estados Unidos, Canadá, Francia, Gran Bretaña, Italia, Japón y Rusia poseen criterios distintos, a veces contrapuestos, para solucionar en forma sustentable la crisis financiera creada por el estallido en Estados Unidos de la "burbuja inmobiliaria". Ésta arrastró hacia un virtual colapso a los países económicamente más vulnerables, como España, Portugal, Irlanda, Islandia y Grecia, mientras coloca en riesgoso equilibro a otros, al parecer, más sólidos.

Hasta ahora, las economías más afectadas o amenazadas se han dedicado a emitir centenares de miles de millones de dólares y euros para evitar el derrumbe de sus bancas y finanzas. Lo único que han logrado es prolongar la agonía de un sistema que hace agua por sus cuatro costados y comienza a cobrar altos costos sociales, que empiezan a pagarse con recortes de ingresos de las clases activa y pasiva, revisión a la baja de los presupuestos esenciales en educación, salud y vivienda y crecimientos incontenibles del déficit fiscal, endeudamiento y desempleo.

El segundo factor es la inocultable decadencia del poderío económico y militar de varios de los miembros del G-8, empezando por Estados Unidos y Gran Bretaña y culminando por España, Francia e Italia, arrogantes imperios en un pasado no demasiado lejano. La realidad es bien diferente y muy amarga para la mayoría de esas naciones, con excepciones de Alemania y Rusia.

Según asesores de los mandatarios, el encuentro del G-8 que se realizará el año próximo en Niza (Francia) puede señalar el principio de su fin, porque ya resulta insostenible reconocerla como "la reunión de los países más poderosos del mundo en lo económico y militar", mientras permanecen excluidos China, India y Brasil. Pese a ello, persiste el irrealismo en la elaboración de sus agendas porque, en medio de la persistente crisis, se han limitado a lanzar amenazas contra Corea del Norte e Irán por sus agresivas políticas armamentistas; de economía, nada.

La reunión del G-20 fue una mera ampliación del deprimente escenario, con un chisporroteo verbal entre los presidentes de la Argentina y Francia, Cristina Fernández y Nicolás Sarkozy, que polemizaron sobre el papel jugado por la banca francesa en la crisis griega.

Las noticias más importantes provinieron de China, al hacer dos anuncios esperados: revaluó 0,5 por ciento su moneda -el yuan- y revisará la tasa de cambio para aumentar su flexibilidad y favorecer el intercambio global, de modo de evitar otra recaída de la economía global con el consiguiente impacto en los menos desarrollados.